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Mexicali, Baja California, Mexico
Historiador por la Universidad de Guadalajara y El Colegio de Michoacán, con un breve momento oscuro en El Colegio de la Frontera Norte. Nacido en Durango, criado y creado entre Ensenada, Ameca y Guadalajara, y ahora radico en Mexicali: es decir un jalisquillo fronterizo de origen duranguense, pero no bailo pasito duranguense (mucho menos tribal).

Lo que leo

Una antología de artículos y capítulos de Gilberto Giménez, principalmente sobre identidades, para una clase de maestría, pero sobre todo para escribir una introducción a mi próximo libro que titularé: Identidades históricas en las Californias.

martes, 15 de abril de 2008

Fray Lino Gómez Canedo, O.F.M.


En el Encuentro de Estudiantes de Historia de la semana pasada, en la mesa del jueves me dio gusto escuchar una ponencia de una alumna interesada en las temáticas misionales, especialmente en lo que denomino la Transición franciscana. Lo interesante es que de nuevo los estudiantes desconocen la bibliografía existente sobre el breve pero muy interesante periodo franciscano (1768-1773) en la Antigua California.

Pero también es notoria la falta de información sobre el periodo colonial californiano, Alta y Baja California, y de las aportaciones de estudiosos como fray Lino Gómez Canedo (1908-1990). Quien aportó una nueva visión de la participación franciscana en su clásico y poco conocido trabajo titulado Un lustro de administración franciscana en la Baja California (1768-1773), que se presentó como ponencia en 1982, y fue publicado como libro en 1983 por el Gobierno de Baja California Sur.

Es indudable que existe un fuerte discurso apologético en esta obra, sin embargo los trabajos de Gómez Canedo siempre trataron de aportar una visión histórica integral. Lo cual es bastante recomendable en el citado trabajo, sobre todo por sus aportaciones al tema no estudiado de los conflictos entre las autoridades militares y religiosas, representadas por Felipe Barri y fray Francisco Palou, respectivamente. Una visión que se complementa, para el caso de las Californias, con trabajos como Fray Junípero Serra y su noviciado misional en América (1750-1758) (1982), De México a la Alta California: una gran epopeya misional (1969), o "Informe franciscano sobre las misiones jesuíticas de Baja California" (1969-1970).

Para todos l@s interesad@s en el estudio de los franciscanos en las Californias, es de lectura obligada el libro de fray Lino Gómez Canedo, Evangelización, cultura y promoción social. Ensayos y estudios críticos sobre la contribución franciscana a los orígenes cristianos de México (siglos XVI-XVIII), selección y presentación por José Luis Soto Pérez, México, Editorial Porrúa, 1993, 847 págs.

Es interesante resaltar que este año se cumplen cien años de su nacimiento y 240 de la llegada de los franciscanos a las Californias.

martes, 8 de abril de 2008

O'Gorman dice...


"Y así caemos en la cuenta de que la exorbitante pretensión del reclamo de una justicia absoluta para Iberoamérica no es sino una huida de la realidad, porque, !claro!, para salvarse de la historia no hay mejor remedio que salirse de ella. [...] Y así y desde entonces, los ideólogos y dirigentes de esos pueblos, ciegos a la realidad, se acogerán al consuelo del mito de una superioridad histórica esencial y al engaño de una ficticia comprensión del propio acontecer y de cuyas desgracias no tienen por qué sentirse responsables".

Edmundo O'Gorman, México el trauma de su historia. Ducit amor patriae, colecc. "Cien de México", México, Conaculta, 1999 (1a edición 1977), p. 59.

lunes, 7 de abril de 2008

Sobre O'Gorman dicen...


"El admirado profesor O'Gorman: una manera de ser elegante, pero sin la ostentación que hace desmerecer en el arte, con su repertorio de cuidadas casualidades en el estilo de vestir, en las frases laterales, el amaneramiento de su exposición, el cansado manoteo de su genio amargo, las sonrisas aviesas de su controlado pesimismo, la satisfacción de ejercer el civilizado arte de crear enemistades y de deshacerse de la simpatía de quienes se crean la mayoría".


Antonio Saborit, "El profesor O'Gorman y la metáfora del martillo", en Enrique Florescano y Ricardo Pérez Montfort, comp., Historiadores de México en el siglo XX, México, FCE, 1995, p. 187.

O'Gorman dice...


"Porque esto es lo decisivo: por los años que corren, la manera hoy tradicional de concebir la verdad histórica, es decir, a lo siglo XIX, atraviesa por un estado de honda crisis del cual ya no podrá salvarse, y justamente el anhelo de querer mantenerla, so capa de pureza, al margen de las corrientes del pensamiento vivo de nuestro tiempo es deseo que delata su decadencia: pero la historia pasa con indiferencia suprema cerca de quienes se obstinan, en nombre de lo que sea, en rehuir sus solicitaciones".

Edmundo O'Gorman, La idea del descubrimiento de América, México, UNAM, 1976, p. 5.

miércoles, 2 de abril de 2008

Hace tiempo atrás...


En este día revisando mi currículum para una solicitud de apoyo, me dí cuenta que en 1988 presenté mis primeros trabajos profesionales como historiador que fueron: 1) la ponencia “Mi Testamento histórico-político de Claudio Sánchez-Albornoz: una interpretación historiográfica”, en el IX Encuentro Nacional de Estudiantes de Historia en Morelia, Michoacán, 1988, y 2) el artículo “Africa es oprimida, y sin embargo lucha”, en Propuestas, núm. 1, Revista Estudiantil Universitaria, junio-julio de 1988, pp. 1-4. Veinte años han transcurrido desde entonces y muchas cosas más, y este año concluyo mi tesis doctoral... Siempre he dicho que los ciclos se cierran, y esperemos que lo siguiente valga la pena como lo vivido.

viernes, 28 de marzo de 2008

La disciplina histórica y la masa crítica.


"Ante la diminuta presencia de la discusión crítica de la producción histórica mexicana, comparada con la que practican los historiadores mexicanistas extranjeros debemos reconocer, siguiendo a Eric Van Young en su mea culpa, que los historiadores mexicanos no hemos alcanzado la masa crítica profesional para competir en términos cualitativos con nuestros colegas estadounidenses o europeos".
Enrique Florescano,
Nexos núm. 359, nov. de 2007, p.36

"En lugar de elevar los umbrales de la competencia a niveles internacionales, se bajan las exigencias en las pistas locales para que competidores de escasa calidad sean protegidos y exaltados. El resultado es la formación de coágulos meritocráticos en la red de vasos comunicantes que debería irrigar y nutrir el trabajo intelectual y académico. [...] Hay que escapar de los círculos viciosos en los que nos excedemos haciendo historiografía de la historiografía, sociología del recorte de periódico, reconstrucciones políticas de las ruinas étnicas, psicología de entidades abstractas o hermenéutica de textos económicos y jurídicos".
Roger Bartra,
Nexos, núm. 359, nov. de 2007, p. 40

viernes, 14 de marzo de 2008

Testimonios de la Frontera de la gentilidad.

Carta de fray Miguel Hidalgo y fray Pedro Gandiaga a fray Vicente de Mora, San Fernando, 20 de octubre de 1775.

“Nuestro venerado padre: el día seis del corriente nos concedió su divina majestad el gusto de ver llegar a nuestra presencia el número de setenta y dos gentiles; los que requeridos sobre el fin de su venida, contestaron en términos los más conformes a nuestro deseo; procedimos a la instrucción, según el método que consta a vuestra paternidad por propia experiencia, que observamos, y en el discurso de esta diligencia, ocurrieron diversas circunstancias que despertaron nuestra atención, para reflexionar sobre uno de bella disposición, y el más expectable, a la verdad, entre todos ellos, del que procurando con un breve interrogatorio la satisfacción de nuestro reparo, nos cercioró ser el capitán del arroyo de las Palmas, nombrado Vuilipacûai. Recibió el bautismo con otros sesenta y tres de la expresada partida.

En atención a lo que refieren estos capitanes neófitos, es muy factible que toda la gentilidad que habita al rumbo del norte, hasta tocar en la sierra, reconozca la misión dentro de poco tiempo, con el mismo intento, que los referidos. […]”

Fuente: Benson Latin American Collection. Rare Books and Manuscripts, fondo WBS, doc. 33.

miércoles, 5 de marzo de 2008

Rutas de la Nueva España

Carta-informe de José Manuel Ruiz a José Arguello, gobernador de la Baja California, San Vicente, 2 de enero de 1821, en AHPLM, fondo Colonia, leg. 8, doc. 760:


“Participo a usted el no haber mayor novedad en estas escoltas fronteras de mi cargo; la misión y escolta de Santa Catarina, sigue con tranquilidad, pero siempre estoy con algún temor respecto a que los indios del Colorado tienen comunicación con los presidios de Tierra Adentro, y es regular tengan noticias del levantamiento de los indios opatas, y puede suceder que ellos quieran hacer su tentativa con nosotros”.

Rutas de la Nueva España

“¿A dónde puede llevarnos la historia de los caminos de la Nueva España?” Reseña de Rutas de la Nueva España, Chantal Cramaussel, editora, Zamora, Michoacán, El Colegio de Michoacán, 2006, 436 págs.

“Los trazados de los caminos eran a menudo ilusorios”, Ruggiero Romano (p. 12)

Es indudable que realizar una reseña o una presentación de un libro siempre es un reto colosal, ya que los que han leído la obra ya tienen una opinión e incluso una postura sobre el contenido de la misma, y los que no lo han leído esperan que les demos pistas y sobre todo estímulos para su lectura, a lo que va incluido el interés de los impresores de que se venda ejemplares, preferentemente durante las presentaciones. Es así, que les señalo que la obra Rutas de la Nueva España, editada por Chantal Cramaussel e impresa por El Colegio de Michoacán se compone de 16 trabajos agrupados en cuatro secciones, las que ha su vez se han denominado “Hacia el altiplano central y el sureste” (cuatro estudios), “Hacia el sur” (tres estudios), “Hacia el occidente” (tres estudios), y “Hacia el norte” (seis estudios). Además se cuenta con un prólogo bajo la firma de Ruggiero Romano, y una introducción a cargo de la editora.

En el prólogo Ruggiero Romano se pregunta “¿A dónde puede llevarnos la historia de los caminos de la Nueva España?” (p. 9) En mi caso hacia mi área de estudio, el norte de la Baja California o si se quiere el área central de las Californias, desde dónde coincido con Romano cuando señala que “al recorrer las páginas de este libro, la curiosidad del lector se ve constantemente estimulada por el gran número de problemas presentados” (p. 10). Pero más bien que problemas, señalaría incógnitas que en mi caso han despertado el interés por ampliar el análisis histórico de las sociedades que poblaron las regiones de mis afanes, incorporando no sólo los caminos, o más bien “el itinerario o teórico camino”, esa aparente “simple sucesión discontinua de caminos” como señala Ramón María Serrera (p. 211), sino también todos aquellos aspectos que pudieran mejorar mi comprensión de la vida cotidiana de esos seres humanos en sociedad y en el tiempo. Y aunque también es cierto, cuando Romano señala que “la red de caminos que ligaba el conjunto de la Nueva España sigue siendo el principal problema de reflexión” (p. 10) de esta obra. Resulta que los autores, en conjunto, buscan discutir las formas y fondos de la investigación histórica, centrados en análisis más amplios, de ahí que los trabajos reunidos en Rutas de la Nueva España reflexionen sobre los vínculos entre los caminos y senderos coloniales con aspectos económicos, sociales y culturales de las sociedades que usaban, transitaban y mantenían esas rutas. Así por ejemplo, se señala que “Antes, por ejemplo, de hablar de mercados, de regiones o de áreas de influencia, los historiadores hubieran debido preguntarse primero acerca del estado real de las comunicaciones entre las diferentes zonas de la Nueva España” (p. 17).

Pero también se nos advierte por parte de la editora de que “El presente libro no incluye, desde luego, el estudio de todos los caminos por los que se circulaban antes de la Independencia mexicana. […] Se trató de dar prioridad también a los ejes más importantes y transitados, sin olvidar el cabotaje particularmente importante en el Atlántico; pero no se pudo, por desgracia, contemplar el mismo tema para el Pacífico. […] Salvo el trabajo de Miguel Vallebueno, el lector no encontrará tampoco en este libro estudios acerca de los caminos de herradura y sería necesario extender el estudio a caminos de ese tipo, en especial en el noroeste de México. […] Todos [los artículos] ligan, de manera más o menos destacada la existencia de caminos con un fenómeno aún mayor: el poblamiento del territorio” (p. 19).

Como les decía esta “una senda o itinerario de herradura” (p. 221) siempre me lleva al noroeste novohispano y especialmente al norte de la Baja California, y a pesar de las advertencias leí con mucho interés un conjunto de ensayos de la obra Rutas de la Nueva España, que creo un derecho y una ventaja del lector. Así, después del Prólogo de Romano, en ese énfasis en el uso del concepto de mercado, para el cual es necesario “la existencia de un tejido comercial denso y no de una “red” formada por algunas líneas importantes” [y] “Este tejido no puede existir sin caminos” (p. 12), y de la Introducción, me hundí en los estudios de Ramón María Serrera, “El camino de Asia. La ruta de México a Acapulco” (pp. 211-234), y los que integran la sección “Hacia el norte”, es decir de: Marie Arete Hers, “La cultura chalchihuiteña. Un antiguo camino de Tierra Adentro” (pp. 277-297); Chantal Cramaussel, “El camino real de Tierra Adentro. De México a Santa Fe” (pp. 299-327); María Rosa Avilés y Rosa Brambila Paz, “La puerta del camino a Tierra Adentro. En busca de evidencias materiales” (pp. 329-338); Aurelio de los Reyes, “El puente de la Hacienda de la Quemada, Guanajuato” (pp. 339-345); Clara Bargellini, “El puente de calicanto de San José del Parral” (pp. 347-354); y Miguel Vallebueno, “El camino de Topia y los caminos que atravesaban la sierra de Durango” (pp. 355-364).

Así me vuelvo a repetir la pregunta ¿A dónde puede llevarnos la historia de los caminos de la Nueva España?, yo espero que a ustedes, como a su servidor, a encontrarnos por las páginas de Rutas de la Nueva España, como el origen de un itinerario de investigaciones sobre la historia social del periodo colonial novohispano, que esperemos sea no sólo de herradura, sino un camino carril.


jueves, 13 de diciembre de 2007

Recuerdos de Austin


En noviembre pasé una semana maravillosa en Austin, gracias a la hospitalidad de Paco y Rachel, y de su mascota Talia.

sábado, 20 de octubre de 2007

5o Seminario en Estudios Culturales.


Los días 18 y 19 de octubre de 2007, en Mexicali, se realizó el 5o Seminario en Estudios Culturales, el que inició con la conferencia magistral del doctor Gilberto Giménez.

Fueron dos magníficos días conviviendo con amigos, a todos ustedes muchas gracias!!!!

He aquí algunas imágenes.






jueves, 23 de agosto de 2007

Retratos familiares.


Con la novedad que Marco e Ivonne nos han pedido a Socorro y a su servidor ser padrinos de María Fernanda, aquí placidamente dormida.





Fotografía de Mario Alberto Magaña

jueves, 16 de agosto de 2007

Retratos familiares.



He aquí a la nueva adquisición de la amplia y compleja familia Magaña Mancillas, con Axel, hijo de Miguel, hijo de Héctor, hijo de José, y lo demás no lo se...



Fotografía de Mario Alberto Magaña.

miércoles, 14 de febrero de 2007


Ayer fue cumpleaños del "Pollo", es decir Joseph Alejandro Magaña Borquez. Cumplió cinco años en la bella Ensenada.




Fotografía: Mario Alberto Magaña.

miércoles, 17 de enero de 2007

Reseña de la más reciente obra de Elsa Malvido.

La población, siglos XVI al XX, Elsa Malvido, colección Historia Económica de México núm. 7, Ciudad de México, Universidad Nacional Autónoma de México / Editorial Océano, 2006.

Tomando en cuenta que es fundamental poder contar con textos académicos orientados a la difusión del estado de la cuestión de temas como la historia económica de nuestro país, es sumamente interesante poder contar con la colección coordinada por Enrique Semo, de la cual se inscribe la obra de Elsa Malvido. Así, en la Presentación se establece que el objetivo es “sintetizar los resultados de infinidad de investigaciones particulares especializadas y ofrecer al lector una visión coherente de conjunto, basada en el conocimiento actual de los temas abordados. Esperamos que todos los interesados en la historia económica, pero especialmente los estudiantes de economía e historia, encuentren en ella tanto una obra de consulta como un marco de referencia y una fuente de inspiración teórica para nuevos estudios” (p. 8)

Aunque propiamente la autora nos deja ver al inicio, pero sobre todo en toda la obra que su objetivo es mucho más vinculado a una visión coherente y didáctica sobre el amplio proceso de poblamiento de lo que en diferentes momentos históricos de lo que hoy conocemos como México, especialmente “Desde el origen de la especie humana y hasta hace cerca de 50 años (1945), [cuando] la variable demográfica fundamental fue la mortalidad, la cual determinó el comportamiento general de la población en todo el mundo y en particular en nuestro país” (p. 11).

Aunque el libro está organizado en una introducción, conclusiones, un anexo estadístico (que en estricto sentido es una relación de epidemias del siglo XVI al XVIII), una cronología epidemiológica mexicana en el siglo XIX y la bibliografía (que no es toda la utilizada en los pie de página y así lo aclara la autora) y once capítulos. Lo que es más evidente al momento de la lectura de la obra completa es que en realidad se establecieron tres grandes conjuntos de capítulos: el primero referente a la patología natural o biológica (capítulos 1 a 6); el segundo bajo la influencia de la patología social o biosocial (capítulos 7 al 9) (ver p. 18); y el tercero con base en la nueva circunstancia demográfica de que es la fecundidad es la variable demográfica determinante del poblamiento mexicano (capítulos 10 al 11) Que a su vez corresponden a una propuesta general de periodización siendo el primero de inicios del siglo XVI hasta 1832, el segundo de 1833 a 1955, y el tercero de 1955 hasta fines del siglo XX. Todo en una visión integral del devenir demográfico de los seres humanos que habitaron los diferentes espacios prehispánicos, coloniales y mexicanos, logrando una narración amena y didáctica.

Uno no pueda dejar de reconocer que es una obra producto de una vida dedicada al estudio de la historia demográfica de nuestro país, por lo cual parece todo fluir de una manera clara, vinculada a la información necesaria sobre la historia política y económica desde el siglo XVI hasta el XX, logrando poder mantener una visión sintética, sin que por ello no recurra a poner ejemplos concretos de diferentes regiones para mostrar las diferencias en el amplio territorio novohispano o mexicano. Pero además, resulta sumamente interesante sus continuas referencias a ese grupo tan diverso y hasta cierto punto aparentemente intangible que son los mestizos, uno de los grandes aciertos de esta obra es mostrarnos su conformación desde la historia demográfica como aquellos “que en muchas ocasiones quedaron excluidos de las dos repúblicas, sin oportunidades claras y con el temor constante de ser repudiados”, pero al mismo tiempo fueron el instrumento inconsciente por el cual la población nativa “les permitió, al paso de los siglos, convertirse en la mayoría por ser la más resistente” (p. 55), gracias a haber heredado defensas inmunológicas. Por lo cual, para fines del siglo XVIII representaban el 37 por ciento de la población novohispana (p. 77)

También es de reconocer que el libro La población, siglos XVI al XX es una excelente manera de introducir a los estudiantes de historia en ese aparente mundo “estéril” de las cantidades y de la demografía, ya que diversas partes y capítulos sintetiza mucha de la información básica que un aprendiz de historiador demógrafo debe conocer, y que en general se había recurrido a diversas antologías maquinadas por los profesores para mostrar el conjunto del objeto de estudio y conocimientos básicos para realizar estudios e investigaciones en cualquiera de las regiones, poblaciones o localidades. Por ejemplo, son de destacar los capítulos “Las cuentas de los cuerpo o los tributos de la población de la República de indios” (pp. 91-104) y “Las cuentas de las almas, los registros parroquiales” (pp. 105-122). Donde también se destaca el énfasis en conocer la propia historicidad de las formas de contar en cada momento histórico y por cada segmento social, y así nos advierte “si el bautizo no era de un niño, no reflejaba su nacimiento, sino su inclusión en la Iglesia católica” (p. 106) Es decir, debemos conocer las fuentes de estudio y no caer en la simple postura de considerar que los datos históricos son de mala calidad, “ya que uno de los peores censos de población que se han levantado recientemente es el de 1980, al que siempre se le deben hacer ajustes, correcciones o, simplemente, ignorársele” (p. 12) Es continuo su interés en que los lectores perciban este punto e incluso en las conclusiones establece que “El cómo, quién, cuándo, y para qué se contaron a los hombres, dejó ver claramente que fueron las necesidades de los gobernadores y su concepción de los cuerpos las que crearon la memoria cuantitativa de los mexicanos, lo que nos permitió hacer observaciones de su comportamiento demográfico, con las limitaciones dadas por las fuentes antiguas y modernas” (p. 223).

Otra de las aportaciones de esta obra y de su síntesis histórica del devenir demográfico es mostrar que la mayoría de los gobiernos siguen con los mismos esquemas de políticas de población o colonización desde el siglo XVIII:

“La población creció a paso lento, y en 1936 se aprobó la primera Ley General de Población de México, en la cual la frase de “poblar es gobernar” se había desechado pues los intentos no habían dado los frutos esperados; ahora se plantearon otros puntos nodales de las Reformas Borbónicas, tener una población sana y alfabeto para el trabajo, proporcionándole mejores condiciones de vida” (p. 192)

También es de anotar, aunque no son desarrolladas propiamente, las hipótesis de que la globalización a permitido la entrada de nueva cuenta de enfermedades considera como “históricas”, como son el caso del cólera en 1994, pero además que es importante reconocer que seguimos en deuda con la gran mayoría de población en la cuestión de los accesos a mejores niveles de vida, “en conclusión, de la verdadera planificación de la salud de un pueblo y no una simple declaración contenida en un artículos de la Constitución” (p. 224)

La visión amplia del devenir histórico, demográfico y económico nos permitirá realizar mejores análisis y diagnósticos de nuestra realidad, ya que como dijera Pierre Chaunu en 1978 (Historia cuantitativa, historia serial, Ciudad de México, Fondo de Cultura Económica, 1987, p. 385):

“la mediocridad de las previsiones de estos últimos años, su incapacidad para elevarse del estadio preventivo al estadio prospectivo, resultan, en efecto, de una insuficiente incorporación del dato de la historia. Una demografía que no es histórica, una demografía chata, corta, no puede ser más que preventiva. El precio de una aproximación prospectiva es, muy evidentemente, toda la sabiduría que puede extraerse de la muy larga duración”.

lunes, 27 de noviembre de 2006

Retratos.

Susana Huante, Raúl Balbuena y su servidor momentos después de la inauguración de la exposición "Desierto, migración y frontera" (27 de octubre de 2006), en pleno éxtasis emotivo.

Fotografía: Mario Alberto Magaña.

viernes, 20 de octubre de 2006

Retratos.

Los ilustres antropólogos Abeyami Ortega, Rafaela Chedrasky y Everardo Garduño en un lugar very nice de Mexicali, celebrando la inauguración de la exposición Marcas de cultura / Símbolos y signos.


Fotografía: Mario Alberto Magaña.

Retratos.

Nuestro estimado Alberto Tapia Landeros, decano de los investigadores del CIC-Museo, piensa medita profundo en cierto lugar de Mexicali donde venden cerveza de su propia factura, o sea el Cucapá.


Fotografía: Mario Alberto Magaña.

martes, 12 de septiembre de 2006

¿Nueva historia misional? (2)


Comparto la intención académica que se podría generalizar en la llamada “nueva historia misional”, de que se debe realizar una búsqueda por ampliar las formas de aproximación científica sobre las misiones, especialmente del noroeste mexicano, tratando de romper con el discurso apologético de y sobre los misioneros y la evangelización de los indígenas como formas de “salvación” de un destino miserable en su barbarie. Sin embargo, llevar esta intención hacia el extremo opuesto de un discurso apologético de y sobre los indígenas y su resistencia, sin cuidar los mínimos requisitos metodológicos y apostarle a lo políticamente correcto, me parece un acercamiento peligroso, en cuanto a generación de conocimiento. Reconozco que también deben existir expresiones de indignación, incluso desde la disciplina histórica, sobre temas del devenir histórico que han tratado de ser maquillados o subvertidos, y en eso reconozco la valentía a esos autores como Robert H. Jackson, Edward Castillo, y a otros.

No obstante, me parece que el discurso de Jackson y Castillo termina minimizando la posibilidad de que los indios fueran sujetos activos de su historia, al someterlos a un proceso de victiminización, siendo que al realizar el análisis micro de la documentación misional sorprende la cantidad de testimonios de actitudes de los indios que muestran sus márgenes de maniobra frente a los agentes dominantes, sin dejar de reconocer que todas sus interacciones están inmersas en un sistema de dominación violento, ignorante del otro y en disimetrías de poder. Creo que debemos buscar al indio sujeto histórico interrelacionado con otros sujetos históricos (españoles y demás castas), en un momento y espacio históricamente determinados. Es decir buscar “la revaloración de los indígenas como actores activos de su historia”, y que son parte indisoluble de la historia. (Hernández, 1993: 293)

Debemos pasar de una visión que fue sintetizada de una manera magistral por Ernesto Lemoine Villicaña, cuando señaló que “los californios, verdaderamente necesitados, no pudieron, o no quisieron, o no los dejaron, sentarse al banquete de la prosperidad importada; no probaron, casi, las bondades de la cultura del trigo, pero en cambio perduraron hasta el fin con las de la suya, la del cacto, en la cual habían nacido y con la cual hubieron de perecer.” (Lemoine, 1959:621) Y que Rosa Elba Rodríguez Tomp considera que tiene una fuerte carga etnocéntrica, refiriéndose a lo que denomina la “tesis del avasallamiento cultural”.

Reitero que se debe pasar a una visión mucho más receptiva del fenómeno histórico de las misiones del noroeste mexicano y que creo se puede desarrollar a través de las resistencias, ya que como me pregunté hace algún tiempo ¿Los indígenas contribuyeron con estrategias para que su cultura perdurara? ¿Fueron agentes pasivos o actores del devenir histórico bajacaliforniano? ¿Acaso los grupos indígenas del norte de la Baja California no pudieron haber tenido mecanismos o estrategias que les permitieran sobrevivir, manteniendo un margen de la toma de decisión y en sí de toda la sociedad de su tiempo? (Magaña, 2003) Es decir, “como toda población asediada, los peninsulares no fueron elementos pasivos”, como bien señala Rodríguez Tomp. (2002:17)

Considero que una posible respuesta a estas preguntas está en el sustrato cultural y en las formas de adaptación y resistencia de los grupos indígenas peninsulares, pero también en los grupos no indígenas, principalmente los misioneros dominicos y los soldados misionales. Pero sobre todo, en el estudio de las formas de resistencia de los indios frente a la penetración dominante occidental, que pueden ir “desde las querellas por los símbolos y la moral hasta rebeliones de gran aliento y profundidad” (Falcón, 2002:19) Sintetizada esta hipótesis en la metáfora de un “arcoiris de la resistencia”.

Pero lo anterior, sin caer en el romanticismo de que todos los conflictos entre indios y no indios son formas de resistencia frente al opresor, como lo señalan Jackson y Castillo, sobre todo cuando dicen que “una forma final de resistencia violenta indígena fue el asesinato individual de misioneros” (Jackson y Castillo, 1995:80) Señalando los casos de asesinato colectivo de fray Andrés Quintana de la misión de Santa Cruz, en 1812; del envenenamiento por el personal de su cocina de fray Panto, en la misión de San Diego, en 1811, entre otros. No obstante, considero que estos casos no son formas de resistencia, es decir de reivindicación cultural hacia una vuelta a los antiguos tiempos, sino luchas por el poder al interior de las misiones, sobre todo relacionadas con la conformación del grupo de poder de los indios de casa.

martes, 5 de septiembre de 2006

¿Nueva historia misional? (1)


Indians, Franciscans, and Spanish Colonization. The Impact f the Mission System on California Indians, Robert H. Jackson and Edward Castillo, Albuquerque, University of New Mexico Press, 1995, 214 págs.


La obra de Robert H. Jackson y Edward Castillo resulta interesante ante la forma muy general de presentar el devenir histórico de la Alta California bajo la influencia de las misiones franciscanas, de manera general queda uno con la sensación de que es una síntesis muy apretada pero a la vez bajo el esquema de demasiadas generalizaciones, y que además no queda claro cuál es el objetivo de la obra, aunque por el título y la redacción de la Introducción parecería que el interés de los autores es el evaluar el impacto de lo que ellos denominan el programa misional de aculturación sobre la población indígena de la Alta California (pp. 4 o 107)

Sin embargo, parecería que existe otra motivación que sería la de postular una nueva forma o alternativa de realizar estudios sobre el periodo misional californiano, sobre todo cuando en la Introducción los autores hablan de que existen dos grandes escuelas de interpretación, una provisional y otra que cuestiona el supuesto aporte de los misioneros franciscanos. Aunque a grandes rasgos pudiéramos estar de acuerdo, los autores no dejan claro en ninguna parte de su texto una nueva postura, sino una reiteración de la postura que podemos definir de crítica ante el supuesto legado civilizatorio franciscano. Pero expresiones como los de Cynthia Radding (Wandering Peoples) que señalan que ante una tradición de una Historia misional demasiado centrada en los misioneros y su labor evangelizadora, se debe proponer una “nueva” Historia misional que incorpore al indio como un agente activo del devenir histórico. Jackson y Castillo no logran mostrar a los indígenas de la Alta California, salvo en algunos pasajes cuestionables por su interpretación en el capítulo cuatro titilado “Resistente and Social Control in the Alta California Missions” (pp. 73-86)

Como no es claro el objetivo académico del texto tenemos una serie de generalizaciones que se van articulando para dar un énfasis en las formas de resistencia indígenas, pero entonces por ejemplo es sólo hasta el capítulo cinco (“Mission Secularization and the Development of Alta California in the 1830s and 1840s”, pp. 87-106), especialmente en el apartado titulado “The Decline of the Mission Estates”, que los autores hacen alguna definición de lo que entienden por misión y que en realidad se refiere a los bienes raíces misionales: “The mission estates consisted of the buildings (including the church) at the main village and surrounding ranches and agricultural stations, church equipment, tools, looms, land, and livestock.” (p. 98) Todas las misiones fundadas por los franciscanos entre 1769 y 1823 quedaron comprendidas en una gran generalización sobre las “misiones franciscanas”, sin reconocer los diversos momentos del desarrollo de las mismas, de los momentos de la colonización no misional en las diferentes regiones de la Alta California, que también se refleja en el hecho que la obra no cuenta con ningún mapa de las fundaciones y pueblos de la Alta California, ni de los grupos indígenas que estuvieron en contacto directo o indirecto con la colonización colonial a finales del siglo XVIII y principios del XIX.

Existen ideas interesantes en la obra de Jackson y Castillo, principalmente la de rescatar las diversas formas de resistencia que pudieron haber presentado los indígenas frente a los misioneros, soldados y colonos. Que es importante rescatar, en esta “nueva” Historia misional, el que estos individuos tuvieron diversas estrategias de resistencia frente al otro que podría ir desde la rebelión que buscaba regresar al tiempo previo a la presencia colonial (como la rebelión pericúe de 1735, la de los yumas en 1781 o la de los chumash en 1824) hasta los actos aparentemente menores de resistirse a realizar labores o la de huir al “monte”. Sin embargo, no todos las acciones contra los misioneros, especialmente los dirigidos hacia los religiosos, podemos denominarlos resistencia, por ejemplo los casos de asesinatos por envenenamiento como el del franciscano Panto de la misión de San Diego, en 1811 (p. 80)

Esto resulta muy interesante, ya que en 1803 en la misión de Santo Tomás, en el norte de la Baja California, fue asesinado el dominico Eudaldo Surroca por estrangulamiento a manos de dos indígenas de la misión y personal adscrito al misionero (cocinero y huertero), pero en las averiguaciones se estableció la sospecha que el misionero anterior que había fallecido a inicios de 1803, hubiera sido asesinado por envenenamiento y no por muerte natural como se creía hasta entonces. Al revisar el amplio expediente se puede percibir que las motivaciones de los asesinos materiales y de la supuesta autora intelectual (Bárbara Gandiaga) no estaban propiciados por una reivindicación cultural ancestral, sino por una lucha por el control de las prerrogativas de los indios ayudantes y sirvientes del misionero (cocinero, ama de llaves, cantoras, paje, huerteros) En este caso con el asesinato del padre Surroca no se buscaba regresar a las antiguas tradiciones, sino propiciar la llegada de un nuevo misionero y tratar de recuperar los beneficios que estos indios del núcleo misional habían perdido (acceso a la comida del misionero, control y beneficio del tejido del algodón, entre otros)

Uno de los aspectos que más llaman la atención con la información que se puede rescatar del caso del asesinato del padre Surroca, es que durante la noche se realizaron una serie de excursiones dentro de la misión y hacia la ranchería adjunta, para y desde la habitación del misionero, sin que los dos soldados misionales y escoltas del misionero se percataran de nada. Lo que nos muestra que esta imagen de las comunidades misionales completamente bajo la vigilancia y control del misionero, es solo eso una idea de propaganda por parte de los propios religiosos. Es con esta idea que resulta interesante como los autores Jackson y Castillo parecería que buscan rescatar la contribución indígena a la historia de las misiones en la Alta California, pero se vuelve a caer en la idea de individuos sin voluntad que son manipulados por los agentes culturales occidentales, sin reconocerle capacidades de negociación o incluso estrategias de supervivencia frente a la penetración agresiva de occidente.

En este punto es de destacar el capítulo tres “Demographic Collapse in the Alta California Missions”, que se centra en reconocer que las epidemias y las enfermedades epidémicas (principalmente la sífilis) propiciaron el decaimiento demográfico indígena en las Californias, en algunas partes hasta la extinción total de los grupos indígenas y en otros la supervivencia de algunos hasta nuestros días. Sin embargo, resalta que siendo una amplia región el área de colonización de la Alta California, básicamente la costa al Pacífico del actual estado de California, y que se reconozca que durante el periodo misional se dieron continuos ingresos de indios gentiles de las zonas orientales (valles centrales y sierras), se siga estableciendo un discurso de población cerrada que fue disminuyendo hasta el exterminio o las escasa supervivencia. Este es un aspecto que considero que se debe tomar en cuenta para nuestra propia investigación, ya que contamos con una zona oriental también abierta hacia el continente, desde la cual muchos factores pudieron haber estado modificando el comportamiento demográfico y de resistencias indígenas de la zona occidental de nuestra región de estudio.

Ahora, si siempre existen elementos nuevos en nuestras poblaciones, el que se establezcan diferencias generacionales en las formas de resistencia, me parece que oscurecen, más de ayudar a entender el proceso de aculturación en la Alta California de fines del siglo XVIII hasta principios del XIX. Más bien tendríamos formas de resistencia con un objetivo de reivindicación como las rebeliones que buscaban impedir el establecimiento de misiones o pueblos, o que trataban de destruir hasta sus cimientos los existentes y que casi siempre se originaron en las zonas no controladas por los misioneros y soldados, y aquellos enfrentamientos que se daban a lo interno de las misiones, más por las luchas del control de los recursos que de proyectos de regreso a los tiempos ancestrales, tal vez esto es más diferenciado en el norte de la Baja California por la relativa escasez de soldados misionales o presidiales, frente a las amplias zonas no controladas como el delta y desierto del Colorado.

En general, es de resaltar que los cinco capítulos parecerían síntesis de trabajos mayores que tendrían otros objetivos explicativos y en esta obra fueron condensados, pero con cierto grado de inconexión entre ellos, no parecerían que nos llevaran hacia la demostración de cuál fue el impacto del proyecto misional de aculturación sobre los indígenas de la zona costera del actual estado de California, más bien parecería una estrategia de demostrar que los misioneros se quedaron con las ganancias de las tierras misionales que eran de los indígenas (habría que demostrar que ellos las reconocían como propias, en cuanto a terreno), que no los curaron intencionalmente o que los concentraron con la intención de causarle un daño (habría que demostrarlo), que no los alimentaban adecuadamente (lo mismo), y que al final “sus” tierras fueron repartidas entre los incipientes rancheros y colonos que los desposeyeron de esta propiedad.

Creo adecuado la búsqueda de una visión amplia de los diferentes factores que estuvieron condicionando el devenir histórico de las misiones de la Alta California entre 1769 y 1833 o 1846, pero creo que deben estar articulado hacia un objetivo, por ejemplo los análisis de los precios de los granos simplemente no me llevaron a ningún punto que fortaleciera alguna de las posturas sobre el estudio del impacto del sistema misional sobre los indios californianos. Con tan pocos datos, como se puede apreciar en la Tabla 1, simplemente no podemos más que realizar especulaciones con gran fragilidad. En general, los modelos matemáticos sobre todo las regresiones, suelen responder mal ante la falta de datos, ya que en principio estas se basan en el comportamiento de las “nubes” de datos, y si tenemos cinco u ocho, pues resulta un tanto superfluo aplicarlos. Hubiera sido mucho más enriquecedor vincular esta información con la economías de cada misión, sus gastos en alimentos, una estimación de los valores nutricionales comparativos (puede parecer “pobre” un pozole misional, pero primero debemos saber su valor nutricional sobre todo en comparación con alimentos tradicionales), los terrenos de explotación, entre otros. En realidad, los anexos parecen que su objetivo era dar volumen a la obra, ya que su utilización fue escasa y sólo referencial.

Por último, resulta preocupante que en la obra este siempre presente una especie de fantasma que es la beatificación de fray Junípero Serra, como un condicionante académico que motiva y dirige la reflexión de los investigadores. El primer paso para poder incorporar en una justa medida la participación de los indígenas en la Historia misional, es reconocerle su carácter de agentes activos del devenir histórico que tuvieron una arcoiris de formas de resistencia y de estrategias de supervivencia frente al otro, y que estas se realizaron en una siempre presente disimetría de poder que ha veces estaba a favor de unos o de otros, creo que no podremos avanzar en el conocimiento de la historia misional de las Californias y en general de las fronteras de gentilidad del septentrión novohispano si seguimos tratando a los indios como víctimas y haciendo actos de indignación simbólica.

“Indian demographic collapse in the missions was not intended but was intentional, since Franciscan congregations continued despite the negative impact on Indians even through one civil official, governor Diego de Borica in the 1790s, identified the problem and suggested solutions never implemented by the Franciscans.” (p. 109)


lunes, 7 de agosto de 2006

Gracias por las felicitaciones.


El pasado 14 de julio cumplí nuevamente años de vida, digamos más de treinta, pero no digo con exactitud, ya que cada vez es más dificil para mis tías quitarse los años. A todos aquellos que me felicitaron por correo, teléfono, en personas y en sus pensamientos, mil gracias por su cariño y amistad. A veces no es fácil estar en comunicación, bien lo se yo, pero siempre me acuerdo de mis seres queridos y estimados. Muchas gracias y sigo en espera de mis regalos, eso no se me olvida... Mario.

Recuerdos de familia (4)
















Mi sobrina Yamile, hija de Héctor y Arlette, en su tercer cumpleños, personificando a Alicia en el país de las maravillas, o sea Ensenada.

martes, 13 de junio de 2006

Muestras de la Egoteca (5)


Aunque no lo crean estoy montado sobre un brioso corcel, camino hacia el Paricutín, Michoacán. Nótese lo buena que es la cámara que no salió movida la foto, a pesar del movimiento del caballo y del temblor de mi mano por el pánico.

















Autorretrato en movimiento, 4 de junio de 2006.

martes, 30 de mayo de 2006

Muestras de la Egoteca (4)


Si, esa es otra parte de mi personalidad y qué...


Fotografía tomada por Rodrigo Martínez Meza

miércoles, 17 de mayo de 2006

Recuerdos de familia (3)



Una nueva miembra de la amplia e intensa familia Magaña Mancillas se ha incorporado a las huestes:
María Fernanda, hija de Karla Liliana, hija de Selma, hija de doña Chelo, hija de doña Consuelo.

jueves, 30 de marzo de 2006

Brokeback Mountain: la esperanza.


Estoy de acuerdo en que la película nos refleja una tierna y muy humana historia de amor, que en realidad cualquiera debería disfrutar, como podemos disfrutar todas esas viejas historias de amor “normal”, pero tampoco puedo negar que ese sentimiento de frustración es cada vez mayor, a pesar de la paradoja de que la denominada cultura gay cada vez esta ocupando mayores espacios públicos, pero siempre y cuando te mantengas en lo chistoso, recuérdese a Jack en William & Grace o el diseñador de aparadores de Mi novia es un maniquí. Si se puede caricaturizarlos, entonces es posible discriminarlos, golpearlos, asesinarlos, “ni los veo, ni los escucho”.

Pero si los “maricones” son dos vaqueros hoscos y rudos, pues la verdad ya es atentar contra las buenas costumbres. Algunos dicen que lo importante es que puedan existir Brokeback Mountain, pero recuerden que es una zona de refugio, no el paraíso lunamielero de cualquier heterosexual, sino un espacio no propio en el cual se busca expresar lo prohibido, ellos no escogieron su Brokeback Mountain, como muchos no lo hemos hecho, sino que es el único recurso que nos han dejado, y por tanto mi reflexión era que si realmente existe ese espacio de libertad o es sólo un recurso de la imaginación para evadir la realidad como en El hombre de La Mancha o en Brasil, Jack y Ennis no se ganaron su Brokeback Mountain, porque recuérdese que plantean la posibilidad de huir al México mítico, ni siquiera le permitieron a Jack que sus cenizas se esparcieran allí, el personaje del padre fue contundente, él tenía un espacio en su familia, la que lo controla y castra, hasta en la muerte.

¿Dónde está el Brokeback Mountain de cada uno de nosotros? Mi temor es que no existe ninguno, y eso fue lo que más me dolió de la película. Mucho se ha dicho de los derechos humanos, de los derechos a la diversidad sexual, pero en el fondo sólo hemos alfombrado el infierno.

Aldonza vs Dulcinea


Ayer por fin pude ver la película Brokeback Mountain, en versión pirata ya que el aparentemente “casual” retraso de proyectarla en los cines de Mexicali me había desesperado, y realmente estoy sorprendido de la reacción que he percibido en programas locales como el de la “estrella” de la supuesta revista televisiva Con V de Venegas, ¿dónde está la película gay?, yo lo que contemplé fue una simple historia de amor entre dos personas, que nadie recuerda aquella vieja película con Alan Alda y Ellen Burstyn en Same Time, Next Year (1978) ¿Dónde está el insulto a las “buenas” constumbres?, o más simple, ¿realmente estamos ante una historia gay?

Creo que ese ha sido su problema o impacto, esta narrada de tal manera que si se pone una pareja como Alda-Burstyn o si se quiere a una más contemporánea es creíble, ese es lo que a las gentes de bien les molesta o les incomoda, que saben que eso ocurre a diario incluso en esos espacios tan tradicionales y supuestamente permeables a los pecaminosos como los vaqueros, los altos ejecutivos, los futbolistas, los militares y demás espacios “duros”. Más de alguna buena conciencia se sintió reflejada en la señora Del Mar, que aunque lo ve no lo puede creer.

Pero lo que realmente me entristeció es que la realidad es esa, dos hombres que se aman simplemente tienen que vivir dos vidas, una en sus respectivas respetables comunidades y otra en Brokeback Mountain, siempre con el temor de ser “descubiertos” y por tanto asesinados, que es un punto que no debemos olvidar, o ¿alguien ha sabido algo del multihomicida homofóbico que capturaron al mismo tiempo que la “mataviejitas”? No sólo es la tragedia de no poder amar a tu ser querido con plenitud, pero tampoco poder llorarlo cuando mueres “accidentalmente” o asesinado por un ataque de odio (para Ennis ese fue el final de Jack), y mucho menos poder tener un espacio donde poder vivir en paz, para ellos era un México mítico, para nosotros es un San Francisco o Hill Creast mítico, pero lo que me pregunto es si realmente existe o va existir ese lugar donde podamos amar a quien deseamos y anhelamos.

No puedo negar que Brokeback Mountain es una película disfrutable, bien armada y contada, y con una espléndida fotografía, pero con una historia tan creíble que desgarra el solo pensar que tus alternativas son vivir dos vidas, morir de un “accidente”, o terminar en un remolque solo, abrazando una vieja camisa de tu más profundo amor, el cual solo compartió contigo breves fines de semana en una lugar solitario, bello pero profundamente solitario, tal como los ghettos. Ante el vacío que me provocó la película, yo buscaba entretener mi melancolía (¡paradojico!), decidí volver a ver por enésima vez El hombre de la Mancha con Peter O’toole y Sophia Loren (1972) y solo regresé a la vieja búsqueda de nuestros sueños, aquel lugar en La Mancha que no deseo recordar, pero llevo tatuado en el alma, donde se sueña ese sueño inimaginable, ese momento en que tienes la posibilidad de encontrar a tu pareja soñada y tienes que enfrentar que en realidad nunca podremos estar juntos, y l@ ves alejarse de tu vida, y todos tus éxitos, logros, reconocimientos, felicitaciones y remuneraciones solo sirven para desgarrar tu alma y hacer un hueco en tu alma que se refleja en tu rostro, y te preguntas si al menos tendrás tu Brokeback Mountain o solo morirás reprimido por una sociedad que ante la posibilidad de que alguien sea feliz, prefiere ahogarlo y asesinarlo.

lunes, 13 de marzo de 2006

Tras las huellas de una vida: Guy Rozat.


Mucho quiero agradecer a todos los que colaboraron y participaron en la realización del Taller sobre Historia cultural, impartido por el doctor Guy Rozat, en el marco de la 7a Feria Internacional del Libro de la UABC, el pasado sábado 11 y domingo 12 de marzo, en tres maratónicas sesiones. Sobre todo me entusiasmó el ver diferentes generaciones escuchando las diversas formas en que se ha ido conformando una obra como la del doctor Rozat, en sus propias palabras y describiendo parte de su biografía, que fue fundamental para comprender perspectivas, formas de ver las fuentes, las corrientes y las metodologías.


Sin discusiones entre los estudiosos de las sociedades humanas en el tiempo, no podremos hacer nada por nuestra disciplina, mientras vivamos el "síndrome del cubículo", nada avanzaremos en la construcción del conocimiento histórico, y vivo tengo el recuerdo de una anécdota de Rozat de sus tiempos en las comunas, de cómo mover una gran piedra en volumen y peso, y es "danzando" con ella y se podrá mover utilizando su propio peso.

Movamos el conocimiento de nuestra historia regional y de la región, movamos las telarañas del saber historiográfico, sacudamos esos mitos ridículos del pionerismo y la frontera estilo "boderpatrol". Bailemos con nuestra disciplina para poder danzar con el conocimiento científico, tal vez nos den un pisotón y más de uno dirá que no sabemos bailar, pero al menos estaremos construyendo nuestra interpretación y no rumiando el mismo pasto de otro.

Muchas gracias a mis alumnos y alumnas que son los que me mantienen en ésto, junto con mis maestros y maestras, en el amplio término, que me recuerdan que dando es la única manera de acumular vida y satisfacciones.

miércoles, 1 de marzo de 2006

Taller sobre Historia cultural: sesiones

Por cuestiones de organización de las muy diversas actividades de la 7a FIL-UABC, las sesiones del Taller sobre Historia cultural que impartirá el doctor Guy Rozat se concentraron en tres sesiones, pero siguen siendo 10 horas del taller. Las sesiones serán los días 11 y 12 de marzo de 2006. Se les recuerda que el cupo es limitado a 20 personas y por el espacio asignado seremos muy estrictos con este requerimiento.


Primera sesión: sábado 11 de marzo (15:00 a 19:00 horas)

Indios imaginarios e indios reales (Arqueología del discurso).

Se aborda un tema controversial: el de los relatos sobre la conquista de México y la construcción simbólica subyacente, que nos lleva a preguntas como ¿quiénes son realmente los “informantes”, en particular en el caso de los textos recogidos por Sahagún?, ¿a quiénes se dirigían tales relatos?, ¿qué pretendían explicar (o justificar)?
Obra: Indios imaginarios e indios reales en los relatos de la conquista de México, Ciudad de México, Universidad Veracruzana/Instituto Nacional de Antropología e Historia/Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2002, 337 p. [Existen nuevas ediciones]

Segunda sesión: domingo 12 de marzo (10:00 a 13:00 horas)

América, imperio del demonio (Análisis del intertexto).

Esta obra es el producto de las múltiples lecturas que el autor ha realizado de la crónica del misionero jesuita Andrés Pérez de Ribas. Es el resultado de una experimentación metodológica por medio de la cual se intentó reconstruir la naturaleza profunda de esa crónica, su funcionamiento y su interés para una historia cultural del septentrión novohispano.
Obra: América, imperio del demonio. Cuentos y recuentos, Ciudad de México, Universidad Iberoamericana, 1995, 190 p. [Existen nuevas ediciones]

Tercera sesión: domingo 12 de marzo (17:00 a 20:00 horas)

Los orígenes de la nación (Reconstrucción de construcción de imaginarios).

Mediante cuatro textos clásicos del siglo XIX, considerados como índices de un trabajo cultural colectivo, se muestra cómo, en ese siglo, frente a la imposibilidad de fundar la historia nacional sobre el pasado precolombino, la historiografía nacional emprendió paulatinamente la expulsión del indio, que se había vuelto “problema”, del relato de la historia nacional.
Obra: Los orígenes de la nación. Pasado indígena e historia nacional, Ciudad de México, Universidad Iberoamericana, 2001, 480 p.


El sitio de reunión es la Sala de Seminarios del Departamento de Información Académica (el edificio blanco a un lado de la Biblioteca Central), en el primer piso, entrando a mano derecha (la entrada está un poco escondida) Esto en el campus de la UABC en Mexicali, frente al Blvd. Benito Juárez.

martes, 24 de enero de 2006

Indians, Missionaries, and Merchants.

Es fundamental en la tarea continua de la investigación histórica, entendida como el estudio científico de las sociedades humanas en el tiempo, estar revisando las nuevas aportaciones que diferentes académicos realizan a la comprensión de un tema como el proceso de intercambios culturales en una disimetría de poder entre los agentes socioculturales de las tradiciones indígenas y de las tradiciones occidentales en el antiguo noroeste novohispano, que es un tema de especial significación para algunos investigadores como el que reseña.

La nueva obra de Kent G. Lightfoot, profesor de antropología en la Universidad de California en Berkeley, es un sugerente texto sobre el estudio de las transformaciones culturales de los indios de California en sus dos fronteras principales con occidente, tanto la denominada frontera misional franciscana, como la frontera comercial rusa, y que ambas coincidieron en el norte de la bahía de San Francisco a principios del siglo XIX, buscando comprender estos procesos y su impacto en el devenir histórico de las identidades indígenas. El texto se divide en nueve partes, ocho capítulos y unas conclusiones, destacando los capítulos: primero “Dimensions and Consequences of Colonial Encounters”; segundo y tercero “Franciscan Missions in Alta California” y “Native Agency in the Franciscan Missions”, y el séptimo “Missionary and Mercantile Colonies in California: The Implications”.

Indians, Missionaries, and Merchants, también destaca por dos aportaciones importantes a la discusión académica sobre los intercambios culturales entre indios y occidentales en el noroeste novohispano entre mediados del siglo XVIII y el XIX, que son la propuesta de una metodología de investigación basada en el análisis comparativo con una perspectiva holística, multidimensional y diacrónica, basado en la antropología histórica y con un amplio manejo documental de diversos orígenes disciplinarios, principalmente la antropología, la arqueología, la historia y la etnografía:

“Archaeology, archival documents, ethnographic observations, and native narratives together comprise the holistic study of historical anthropology, the most powerful approach for investigating the past, outside of a time machine. The integration of multiple lines of evidence from documentary, oral, and archaeological sources produces a broader and more inclusive view of history. […] They allow us to hear the muted voices of the colonial past.” (pág. 15)

Para un control de esta propuesta metodológica, Lightfoot propone que se deben estudiar las dos fronteras culturales con base en siete indicadores generales que denomina “Dimensions of Colonial Encounters”, y que serían: 1) “Enculturation Programs”; 2) “Native Relocation Programs”; 3) “Social Mobility”; 4) “Labor Practices”; 5) “Interethnic Unions”; 6) “Demographic Parameters of Colonial and Native Populations”, y 7) “Chronology of Colonial Encounters”. Es indudable la importancia de los estudios comparativos en parámetros mucho más cercanos, como serían las dos formas de colonización emprendidas al norte de la bahía de San Francisco, tanto por empresarios rusos como por los misioneros franciscanos, preferible a los estudios comparativos de regiones físicamente lejanas como California y Bolivia.

La propuesta es muy interesante, pero en el momento de poderla aplicar con los elementos documentales sobrevivientes de ambas fronteras culturales, resultan mucho más dudas que respuestas concretas, sobre todo cuando se establece que existe una diferencia sustancial entre las formas de colonización de los mercaderes rusos y los misioneros franciscanos, sobre todo en dos aspectos distinguibles: a) los programas o proyectos de cambio cultural, para los primeros inexistentes y para los segundos parte de su visión y misión, y b) que esto implicó un control mayor por los segundos que por los primeros, es decir, los mercaderes rusos prefirieron utilizar las estructuras de poder indígenas existentes antes que imponer nuevas y conforme a su tradición cultural occidental, como lo hicieron los misioneros.

Hasta aquí podríamos concordar con el desarrollo argumentativo de Lightfoot, donde empiezan las dudas es la ausencia total de otro de los elementos importantes en la frontera misional franciscana, todos los colonos hispanos y novohispanos que los acompañaron y condicionaron el trabajo misional, parecería que los franciscanos eran los únicos en toda esa región al este y sur de la bahía de San Francisco, y no hay referencias a los proyectos de colonización con “civiles” y los pueblos de Branciforte y San José, por nombrar a los más cercanos y que aparecen en el mapa 9 (pág. 120) Sin adentrarnos a la presencia militar, simbolizada por los presidios, y político-administrativa colonial, la cual representaba los intereses de la monarquía y del imperio, y que muchos conflictos generó entre sus representantes y los franciscanos, y no solo en la Alta California, sino también en otras regiones novohispanas a raíz de la implementación de las llamadas reformas borbónicas.

Pero también resalta que a pesar de llegar a una conclusión de que esos dos aspectos señalados son la diferencia sustancial entre la frontera mercantil rusa y la frontera misional franciscana, resulta que el autor debe reconocer que las dos misiones sureñas de la Alta California, San Luis Rey y San Diego de Alcalá, en realidad tendrían un comportamiento similar a la frontera mercantil rusa y no a la franciscana, y establece una serie de aportes de investigación académica anterior que refuerza esta propuesta, llegando en las conclusiones a establecer que existen tres procesos de cambios culturales: una referida a la frontera misional franciscana y los indígenas de las zonas centrales de California; uno con relación a las dos misiones sureñas y los indios de la zona, principalmente los diegueños, y uno referido a la frontera mercantil rusa y los indios principalmente Kashaya Pomo.

Lo que no se especifica es cómo una sección de la frontera misional franciscana, dentro de un proyecto de colonización novohispano para la Alta California, y en el marco de una estrategia geopolítica de defensa de las fronteras imperiales, pudiera haber tomado medidas diferenciadas respecto a las instrucciones generales tanto para misioneros, soldados, comandantes de presidio e incluso colonos “civiles”. Aunque no podemos negar lo provocador de la idea, ya que existen evidencias en el norte de la Baja California, en la frontera misional dominica, que son muy similares a lo que Lightfoot establece para estas dos misiones franciscanas de San Luis Rey y San Diego de Alcalá, y este segundo proceso de cambios culturales desarrollados en las fronteras de California.

Indudablemente existen muchas aportaciones por parte de la nueva obra de Lightfoot, pero lo más enriquecedor son las provocaciones metodológicas y académicas, entre las primeras la propuesta de un análisis holístico con un manejo multidimensional a través de diferentes fuentes de información y su complementariedad como los testimonios de tradición oral y los hallazgos de las investigaciones arqueológicas, que solo tienen el inconveniente del desarrollo disciplinario respectivo, que de cierta manera el autor pudo solucionar con una formación e investigación transdiciplinaria, pero en ciertos momentos de la obra se denota que no pudo conseguir las fuentes equiparables para llevar un nivel homogéneo en para los tres procesos de cambio cultural de las fronteras de California. Sin olvidar un aspecto que es importante destacar, la nula utilización de documentos en su idioma original para la frontera misional franciscana, que siempre tendrá el problema del manejo del lenguaje e idiosincrasia sobre todo para la reconstrucción de aspectos identitarios.

Por último, existe otro punto muy interesante en la obra Indians, Missionaries, and Merchants. The Legacy of Colonial Encounters on the California Frontiers, de Kent G. Lightfoot, y que se encuentra en el capítulo octavo “The Aftermath”, y que tiene que ver con el impacto de los académicos en la construcción del conocimiento sobre los grupos indígenas de California, sobre todo a través de los trabajos pioneros de antropólogos encabezados por Alfred Kroeber (“Anthropology and Tribal Recognition”, págs. 222-232), y que lo lleva a plantear que en la búsqueda del indio “verdadero”, los antropólogos privilegiaron a ciertos grupos e individuos que ellos consideraron como menos compenetrados en la tradición cultural occidental, y que de cierta manera fueron muy estudiados, en prejuicio de otros grupos e individuos que por tanto dejaron de ser “indios”, ya que los oficiales del gobierno estadounidense se basaron en los estudios de los antropólogos para las identificaciones y reconocimientos, vía las reservaciones, de los grupos debidamente acreditados para poder reclamar derechos sobre terrenos tradicionales.

El tema resulta muy provocador y lo que llega a demostrar Lightfoot es que debemos comprender en su momento histórico toda esa nomenclatura sobre los grupos indígenas de California y en si del noroeste novohispano que aceptamos como verdad inamovible:

“Although recognizing the important and pioneering contributions that Kroeber and other early ethnographers made to our understanding of Native Californians, we must rethink the legacy of viewing Indians as a static, traditional people. Native societies, both today and in the past, are dynamic and continually in transformation in relation to ever-changing social conditions. Constructing a more encompassing and inclusive historical perspective on California Indians means appreciating the many roads these people have traveled in getting to today” (pág. 239).

Indians, Missionaries, and Merchants. The Legacy of Colonial Encounters on the California Frontiers, Kent G. Lightfoot, Berkeley, University of California Press, 2005, 338 págs.

jueves, 1 de diciembre de 2005

Recuerdos de familia (2)


Pues resulta que mi hermana Karla, de pie, ya tiene su primera hija, a la que nombraron María Fernanda, pero en familia es mejor conocida como la "telerita".

Además, mi cuñada Cinthia, junto a mi hermana, está esperando su primer hijo o hija, para beneplácito de mi hermano Miguel, el "Bebito Patito", sentado junto a ellas.

martes, 29 de noviembre de 2005

Muestras de la Egoteca (3)


Autorretrato en pleno éxtasis de egolatria, en mi humilde cubículo en el CIC-Museo.

lunes, 31 de octubre de 2005

Entre museólogos te veas...


Fotografía del recuerdo del III Seminario en Estudios Culturales: Museos como zonas de contacto, realizado en el CIC-Museo durante octubre de 2005.

viernes, 14 de octubre de 2005

"Ni muy tristona, ni muy tristona"

Presentación de la obra en el Café Literario del ICBC en Mexicali, el pasado 23 de septiembre de 2005, en la que participaron Gina Walther y Everardo Garduño, y muchos jóvenes interesados en el tema, lo que me dio mucho gusto.

Fotografía de Alberto Tapia Landeros.








Presentación de la obra en el Centro Cultural Riviera de Ensenada, el pasado 28 de septiembre de 2005, en la que participó Hilarie Heath, con la presencia de doña Teodora Cuero y los familiares de doña Francisca Ochoa Montaño.

Fotografía de Horacio González.

viernes, 23 de septiembre de 2005

Entre viejos amigos te veas.


El reencuentro con los viejos amigos siempre es algo que no sabemos apreciar hasta que de nuevo la distancia nos separa. Mi reencuentro con Rocio y Gerardo me confirma que lo importante de la vida es vivirla, lo demás es anecdotario y en el peor de los casos curriculum, que solo les sirve a los que no te conocieron y tienen que hacer tu obituario.

Guadalajara, septiembre de 2005, en la casa de la mamá de Gerardo, a la izquierda, y yo como siempre "migrante".

viernes, 2 de septiembre de 2005

Entre culturalosos te veas.


Presentación del número dos de la revista Culturales, en el CEC-Museo, Mexicali, agosto de 2005.

jueves, 1 de septiembre de 2005

Entre historiadores te veas.


Reunión en la casa de Miriam y Carlos, por despedida de la primera ya que inició sus estudios de maestría.

Muestras de la Egoteca (2)


Fotografía tomada por Virginia Aldana.

lunes, 8 de agosto de 2005

Recuerdos de familia (1)



La alegría de comer a los tres años de mi sobrino Joseph Alejandro, hijo de mi hermano Luis Alejandro (julio de 2005) Posted by Picasa

martes, 2 de agosto de 2005

Reflexiones de Inkram Antaki.


1) “Existe hoy una querella muy violenta entre los que piensan que hay un derecho natural enraizado en la razón humana –y que son los discípulos de Kant—y los discípulos de Weber, que estiman que hay un derecho natural enraizado en la cultura. Es la Razón contra la Historia.”

2) “Estamos borrando todo el siglo XX. Estamos borrando uno a uno todos los signos, todas las revoluciones políticas o ideológicas del siglo XX. No como un asalto a favor de la historia, sino como una reescritura al revés de todo el siglo XX, que va a ocuparnos estos últimos años que nos quedan; quizá con la esperanza, de cara al nuevo milenio, de partir nuevamente de cero. No se trata de una construcción, sino de una descontrucción masiva de la historia.”

Inkram Antaki, Segundo Renacimiento. Pensamiento y fin de siglo,
Ciudad de México, Joaquín Mortiz, 1992, pp. 55 y 85.


lunes, 1 de agosto de 2005

Historia ¿Ciencia Social o Humanidades? II

Las humanidades.

Miguel León-Portilla

¿Qué son las humanidades? No es fácil responder a esta pregunta. A riesgo de equivocarme, me atreveré a decir que las humanidades están integradas por aquellas ramas del conocimiento, incluyendo el sensible, que más íntimamente se relacionan con los seres humanos. Las humanidades comprenden el saber acerca de lo que hemos sido, o sea la historia y en cierto modo también la arqueología y la prehistoria. La trayectoria íntegra de los seres humanos sobre la Tierra es el gran marco espacio-temporal de las humanidades. Por eso, ellas, en cuanto ramas del saber, no conocen otros límites. Abarcan asimismo lo que los grandes ingenios han concebido o fantaseado sobre una inmensa gama de comportamientos humanos, es decir, la creación literaria, desde las grandes epopeyas clásicas y la poesía en todas sus formas, hasta las novelas y otros géneros narrativos. Pertenece también a las humanidades cuanto se refiere a las concepciones del mundo, los mitos y leyendas, así como las elucubraciones de los filósofos que se han planteado las grandes cuestiones acerca de la posibilidad de decir palabras verdaderas sobre los enigmas de nuestro ser, la divinidad y el más allá.

No son ajenas a las humanidades las disquisiciones acerca del lenguaje ni tampoco las que han llevado al establecimiento de ordenamientos jurídicos dirigidos a hacer posible la coexistencia de las personas y las naciones. Y, por supuesto, se sitúa en el universo de las humanidades el gran conjunto de las artes, creaciones, muchas de ellas sublimes, en las que el espíritu humano se manifiesta plásticamente en la pintura, la escultura y mediante la arquitectura, la música y el baile.

Aunque las humanidades se distinguen de los conocimientos científicos -las ciencias fisíco-matemáticas y naturales-, no por esto dejan de tener relación con ellas. Obvio es que en las humanidades no se busca establecer leyes universales, pero, al entrar en relación con las ciencias, pueden, por así decirlo, humanizarlas. El conocimiento acerca de plantas y animales, y en general de la naturaleza, enriquece a los seres humanos no sólo en un sentido utilitario, sino también cultural y aun espiritual. Recordaré aquí lo expresado por Immanuel Kant a propósito de las realidades inanimadas que son las estrellas. Decía él que nada le producía mayor contento que la paz de la conciencia y la contemplación del cielo cuajado de estrellas.

Las humanidades, no siendo rentables, revelan el sentido humano de cuanto concierne a hombres y mujeres en sus vidas. Pondré un ejemplo tomado de un antiguo texto escrito originalmente en náhuatl, la lengua de los aztecas o mexicas. Conlleva él una apreciación de algo que existe en la naturaleza. Describe lo que puede significar para los humanos la contemplación de grandes árboles, frondosos y lozanos, digamos que cedros, robles o encinos. El texto en lengua indígena expresa: "Los cedros son muy bellos, relucen y dan sombra. A su lado hay frescor, bajo ellos hay vida y descanso. Son para nosotros como una madre y un padre" (Códice florentino, libro 11, folio 112).

En abierto contraste con esta forma de concebir a los cedros se halla la actitud de quien los contempla desde una perspectiva rentable. Es ella la del maderero que, al verlos, piensa en su valor económico y calcula cuántos metros cúbicos de madera puede obtener de los mismos con la correspondiente ganancia económica. ¿Es esta comparación una simpleza? O es enunciar de algún modo la diferencia que hay entre pensar y sentir la realidad confiriéndole un significado humano o fijarse en ella para detectar lo que tiene de rentable.

Reflexionemos un poco siquiera sobre lo que pueden significar las humanidades en nuestras vidas. ¿Es igual viajar conociendo al menos un poco de la historia del lugar que se visita, que acercarse a él sin tener noticias de lo que se contempla? Y, para los que gobiernan, ¿importa o no que estén enterados de lo que ha sido el pasado de las gentes a las que rigen? ¿Qué es la historia del arte sino una serie de acercamientos a las mejores creaciones logradas por la humanidad a través de los tiempos? Gustar de la literatura, por ejemplo, es dar vida en nosotros mismos a lo que otros pensaron, vivieron y confiaron a la escritura. Incontables son los caminos de acercamiento a lo más hondo de la sabiduría, abiertos a través de las obras de filósofos, historiadores, antropólogos, literatos y juristas.

Los más grandes ideales que han concebido hombres y mujeres a lo largo de los siglos hunden sus raíces en el pensamiento humanista. Así, las que llamamos obras clásicas, por su perdurable significado, hablan de la libertad como supremo valor. Y otro tanto puede afirmarse respecto de cuanto da cimiento a la dignidad humana: el respeto a los derechos ajenos, la concepción del poder como emanada del pueblo y, en consecuencia, los principios en que se fundan la democracia y el orden jurídico. Todo esto, sin lo cual la vida social, política y económica se convertiría en un caos, deriva en última instancia del gran conjunto de creaciones que integran las humanidades.

Pero ahora bien, o mejor dicho, ahora mal, hay en nuestro presente quienes se empeñan en cerrar caminos que llevan nada menos que a disfrutar en plenitud cuanto puede enriquecer lo más noble del ser humano. Quienes así actúan nos dicen que las humanidades son ya obsoletas y acercarse a ellas es pérdida de tiempo. No siendo rentables, el tiempo que se dedica a ellas es inútil despilfarro. Lo que en verdad importa, nos dicen, es capacitarse para obtener un trabajo productivo, de esos que te permitan medrar, bien sea en los negocios y hasta, ¿por qué no?, en la política.

Esta actitud no es del todo nueva. Ya se ha manifestado antes como nos lo muestra precisamente una rama de las humanidades: la historia. Sólo que ahora, como una consecuencia de los rampantes procesos de una agobiante globalización cultural y económica, que se tornan omnipresentes a través de los medios de comunicación, se nos induce a todos a alejarnos de pamplinas, que así se califica a veces a las humanidades. Habrá que dedicarse, en cambio, a esa capacitación que redundará en provecho económico y será puerta abierta para entrar de lleno en la sociedad del consumo, y del jet set. En su propio tiempo San Agustín describió una parecida atracción como fascinatio nugacitatis, fascinación de una nuez vana.

La acometida contra las humanidades, como consecuencia también de la globalización cultural, además de tender a clonar en la mediocridad a los humanos, que serán así más fácilmente manejables, aparece en múltiples lugares del mundo. Para dar dos ejemplos, recordaré que ha resurgido recientemente en España y en México. Si en la primera se busca eliminar en la educación superior ramas del saber como la historia del arte, la filología y la filosofía, en el caso de México el golpe trata de asestarse desde antes, en el ciclo de enseñanza media. Entre otras cosas se pretende la supresión o disminución del estudio de la historia. Y podrían aducirse los casos de otros países en los que algo parecido está ocurriendo.

¿Qué se busca con ello? ¿Decapitar culturalmente a la juventud? ¿No interesa ya formar realmente a los seres humanos? Pienso que el tema es de tal magnitud que debe preocupar a cuantos, gracias precisamente a las humanidades, nos sentimos y queremos ser de verdad humanos.

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