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Mexicali, Baja California, Mexico
Historiador por la Universidad de Guadalajara y El Colegio de Michoacán, con un breve momento oscuro en El Colegio de la Frontera Norte. Nacido en Durango, criado y creado entre Ensenada, Ameca y Guadalajara, y ahora radico en Mexicali: es decir un jalisquillo fronterizo de origen duranguense, pero no bailo pasito duranguense (mucho menos tribal).

Lo que leo

Una antología de artículos y capítulos de Gilberto Giménez, principalmente sobre identidades, para una clase de maestría, pero sobre todo para escribir una introducción a mi próximo libro que titularé: Identidades históricas en las Californias.

viernes, 4 de febrero de 2005

National Treasure. The Movie or the Ideology?

Con el nombre de “La Leyenda del Tesoro perdido”, se ha exhibido en nuestro país la película “National Treasure” con el estelar de Nicolas Cage. En esta se propone que Benjamín Franklin Gates (N. Cage), ¿acaso pariente de William “Bill” Gates?, es el heredero de la tradición familiar de la búsqueda de El Tesoro, no cualquier tesoro, sino aquel que fue conformado por el transcurrir de los tiempos por las leyendas más dispares de la tradición occidental, desde los antiguos egipcios, pasando por romanos, hunos, cruzados, hasta llegar a los masones y de ahí a algunos de los firmantes de la Declaración de la Independencia de las trece colonias inglesas americanas.

Como es de imaginar en tres segundos “explican” como se conformó semejante tesoro y como llegó a América, no el continente, sino la de ellos, y pues si podemos resumir una supuesta historia de tres mil años con unas cuantas escenas inconexas, pues que nadie se asombre si se juntan masones, fracmasones y templarios, pues que más da. Lo importante es que los americanos, ellos, son los herederos de El Tesoro, es decir de la herencia occidental mediterránea y son sus actuales custodios, obviamente oculto bajo Manhattan, New York, ¿cómo se atreven a suponer otro lugar?

Lo realmente interesante es que es una argumentación para niños (y las chiquillas diría Foxpinocho, pues me vale) que gatean y balbucean, de cómo los americanos, ellos, son los herederos de la tradición occidental y obviamente los malos están encabezados por un millonario de dudosa reputación (¿existe alguno que no lo sea?), con una fuerte influencia aria, ¿por qué será? A los cuales se enfrenta Ben Gates con su gran ingenio, que la verdad es de una simpleza rampante, al estilo del “Códice Da Vinci”, la obviedad andante. ¿Cómo se extraña a Agatha Christie? Lo que se conjuga que una verdaderamente patética actuación de Nicolas Cage, buscando a sus cerca 50 años parecer un nuevo Indiana Jones, siendo una mala imitación de las legendarias actuaciones de Harrison Ford, pero sobre todo en las escenas de padre e hijo, que son un pálido reflejo de las de Ford y Sean Connery, “Indiana Jones y la última cruzada”.

Si los americanos, ellos, quieren ser el nuevo imperio, mínimo es de pedirles que se contraten publirrelacionistas eficaces e inteligentes, y no tener que padecer discursos realmente mediocres y bobos. Por cierto, que al cambiarle o traducir el título de la película se pierde mucha de la fuerza discursiva de la propuesta cinematográfica, “National Treasure”, se traduciría como Nuestro tesoro el que nos pertenece por el destino manifiesto y por la gracia de Dios.

viernes, 14 de enero de 2005

¿De qué se ríe señor ministro?, de qué se ríe.

Con motivo del atentado del 11 de marzo en España, el Partido Popular perdió las elecciones, regresando el PSOE al poder con José Luis Rodríguez Zapatero. Mucho se ha discutido si se politizó el atentado para afectar las elecciones, que si unos mintieron y ocultaron, y los otros exacerbaron para lograr su victoria. Esta discusión continuó en la Comisión parlamentaria durante meses, hasta que la Asociación de las Víctimas del 11-M, comparecieron ante la misma, en la representación de la Sra. Pilar Manjón, y con toda la dignidad de una mujer y madre, les dijo:

“De lo que estamos hablando, señorías, es de la muerte y de las heridas de por vida padecidas por seres humanos; de pérdidas que nos han llenado de desolación y amargura, en el mayor grado posible. ¿De qué se reían, señorías? ¿Qué jaleaban? ¿Qué vitoreaban en esta comisión?” (Proceso, 1471: 42-43)

Esa expresión me recordó aquella letra de Mario Benedetti y que cantaba Nacha Guevara, donde decía “¿De qué se ríe señor ministro?, de qué se ríe”, refiriéndose a los gobernantes argentinos de la década de los setenta, y que podemos ampliar a todos los represores de esas épocas, que creían que la justicia nunca los alcanzaría, y por lo menos Augusto Pinochet y otros ya no se ríen de la misma manera.

También me recuerda a las imágenes de nuestros políticos, siempre risueños, a pesar de que nuestro país se encuentra fuera de rumbo, salvo la macroeconomía, y sin proyecto de nación a mediano o largo plazo: “¿De qué se ríe señor ministro?, de qué se ríe”. A un secretario de Hacienda que dice que bueno a lo mejor la siguiente administración federal realizará lo que debieron hacer ellos: “¿De qué se ríe señor ministro?, de qué se ríe”. Como no recordar a Jorge Catalán y su menosprecio de los ensenadenses, o al diputado Juan de Dios Castro que dijo “No me hable de tu… de tu irrespetuoso”: “¿De qué se ríe señor ministro?, de qué se ríe”.

Como hacen falta ciudadanos como Pilar Manjón y que pongan en su lugar a los políticos y funcionarios, o como aquel estudiante anónimo que impidió el paso de un tanque en la plaza de Tian-an-men. Sin los ciudadanos todos ellos no son nada: “¿De qué se ríe señor ministro?, de qué se ríe”.

lunes, 3 de enero de 2005

Senadores del gobernador.

El pasado 14 de diciembre, en la página del senador Héctor Osuna Jaime (www.hectorosuna.org), apareció un boletín de prensa, que muchos medios reprodujeron casi literalmente, destacando su propuesta de crear lo que su oficina denomina Senadores de estado. Los cuales vendrían a sustituir los actuales 32 senadores plurinominales.

Primero quisiera aclarar que el Senado de la República fue creado para ser garante del pacto federal, por lo cual cada estado estaba representado en igual proporción, sin importar su tamaño geográfico, demográfico o económico. Dos senadores por cada estado mantenían la representación del pacto federal de los Estados Unidos Mexicanos. A partir de la década de los ochenta nuestra democracia electoral fue cada vez más, secuestrada por los partidos y de ahí aparecieron los senadores de primera minoría: el candidato perdedor con el mayor número de votos. Así, quedamos con tres senadores por cada estado: 96 senadores.

Después, con esta proceso de convertir la democracia electoral en un botín de guerra, y los partidos en agencias de empleo, apareció la mayor de las incongruencias de nuestra llamada democracia nonata: los senadores plurinominales, que no representan a ningún estado, sino a circunscripciones con base en el volumen de población: quedando sobre representada la zona metropolitana de la Ciudad de México con más de once senadores, como bien señala el senador Osuna Jaime. Mientras que algunos estados cuentan con solo los tres senadores: dos por mayoría y uno de primera minoría.

Pero a que no sabes quiénes son estos senadores plurinominales, pues para muestra un botón: Manuel Bartlett Díaz (PRI), Luis Colosio Fernández (PRI), Emilio Gamboa Patrón (PRI), Jesús Enrique Jackson Ramírez (PRI), Ramón Mota Sánchez (PRI), Carlos Rojas Gutiérrez (PRI), Humberto Roque Villanueva (PRI), Dulce María Sauri Riancho (PRI), Luisa María Calderón Hinojosa (PAN), Diego Fernández de Cevallos Ramos (PAN), Fauzi Hamdan Amad (PAN), Carlos Medina Plascencia (PAN), José de Jesús Ortega Martínez (PRD), entre otros (www.senado.gob.mx).

Pero en vez de proponer la eliminación de estos 32 senadores plurinominales, que en sí son una agresión al pacto federal y la equidad de representación de las entidades libres y soberanas que integran los Estados Unidos Mexicanos, el senador Osuna Jaime propone los “senadores de estado”:

“En su iniciativa, el senador Osuna Jaime contempla otorgarle a los estados la facultad de elegir a un senador por cada entidad federativa, conforme al siguiente procedimiento: a) El Gobernador propone una terna de candidatos. b) El Congreso local, con el voto de las dos terceras partes de sus miembros, y la mitad más uno de los ayuntamientos del estado correspondiente, eligen al más apto de esa terna como Senador. c) Se mantiene el sistema vigente de los otros tres senadores por cada estado electos bajo los principios de mayoría relativa (2) y primera minoría (1). d) Entonces, cada estado de la República tendrá cuatro senadores que los representen, incluyendo el Distrito Federal.”

Para mí, en realidad se transfiere una de las funciones de las agencias de empleo llamadas partidos políticos, a los gobernadores. Ya que en vez de que las cúpulas partidistas elaboren las listas de los posibles senadores plurinominales, ahora lo haría el gobernador en turno, consolidando con mayor fuerza los clientelismos estatales que tan poderosos se han convertido en los estados con gobiernos priístas, sobre todo a partir del 2001. Todo indica que la propuesta de Osuna Jaime es preparar el terreno para que el panismo deje la Presidencia de la República y se refugie en las clientelas estatales capitaneadas por los gobernadores, como lo hizo el PRI.

Por qué no, simplemente eliminar esos 32 senadores plurinominales y quedarnos con los 96 senadores de mayoría y primeras minorías, si se revisa la página del Senado y sus miembros por estado, se verá que hasta ahí estamos bien representados todos los ciudadanos, salvo las muy pequeñas minorías, que en la Cámara de Diputados se compensa de cierta manera. Basta de que los poderes federales y estatales sean agencias de empleo de inútiles.

miércoles, 15 de diciembre de 2004

Los otros Alejandros.

Como bien me lo han señalado, podemos sacar mucha leña de la película de Oliver Stone, “Alexander”. Estaría todo el asunto de qué versión de la mitología alejandrina fue la que siguió Stone, además de cuál fue el sujeto histórico conocido como Alejandro Magno o el Grande, soberano de Macedonia.

El haber sintetizado mucho de la historia conocida de Alejandro, sin mencionar de lo dejado afuera de la leyenda guía que escogió el director, así como los guionistas, provocaron un personaje poco claro e incongruente, que fue algo que también padece la película de “Troya”, donde el asedio de la ciudad-estado dura 15 días en la película y al menos un año en la historia de Herodoto, o el no explicar la leyenda de la fuerza e invulnerabilidad de Aquiles, y entonces al final de la película el público exclamó, “Ah! Por eso lo del talón de Aquiles”.

Mucho se ha dicho que a las películas, sobre todo de Hollywood, no les debemos pedir rigorismo histórico, recuérdese “Zapata”. No obstante, si se desea contar una historia (story) creo que no necesitan variar la versión histórica (history), ya que en general la historia es bastante ricas en personajes, situaciones, conflictos, pasiones, etc. Pero en fin, así es el mercado dirían los especialistas en mercadotecnia.

Por último y con relación a la versión histórica del sujeto en específico, y el comentario de una compañera de que Colin Farell “es un dios” y no importa cómo lo vistan o decoloren, creo que desde la perspectiva de la actuación y la selección de reparto no fue la opción adecuada, y como diría un amigo menos un Alejandro con acento irlandés. En una entrevista, creo que con Jay Leno, Farell señaló que lo difícil del personaje fue tener que rasurarse el cuerpo completo para el personaje de Alejandro, me pregunto alguien recuerda un griego lampiño: ¿por qué Alejandro debía ser rubio y lampiño? ¿De cuál Alejandro Magno nos habló Oliver Stone?

miércoles, 8 de diciembre de 2004

Alexander’s closet

Recientemente vi la película de Oliver Stone, titulada "Alexander", que se refiere a la vida del muy conocido, por nombre, Alejandro Magno. Tiene la misma factura de otra película reciente y de aspiraciones de epopeya: "Troya", estelarizada por Brat Pitt. Ambas, aspiran a aquellas viejas épocas doradas de las superproducciones de Hollywood, como "Cleopatra" o "Los cañones de Navarone", solo por nombrar algunas.

No obstante los abundantes recursos de postproducción computarizada, que agregó los magníficos escenarios de la Babilionia dariana, el impacto visual es leve, acostumbrados a "El señor de los anillos", pero también las actuaciones son burdas, poco creíbles, salvo el excelente trabajo de Angelina Jolie, como Olimpia. El aferrarse a que el papel de Alejandro Magno lo hiciera Colin Farrell me pareció desastroso, ya que nunca pasó por un joven de 20 a 25 años (la mayoría de la película), hijo de Olimpia (Angelina Jolie), a pesar que a ésta la tuvieron que envejecer.

Algo que me parece rescatable es haber abordado el tema de la homosexualidad en el mundo helenístico (que no de la Grecia clásica, que es otra época), pero lo que es patético es que le transfieran a Alejandro Magno el sentimiento de closet del siglo XX, que resulta desconcertante entre escenas de personajes secundarios tomando con total naturalidad sus preferencias sexuales, como en las culturas helenísticas ocurrió. Además, que las escenas entre Alejandro y Hefestión, son de un ridículo meloso impensable en este momento histórico: Alejandro puede matar a uno de sus generales frente a todos (que momentos antes le celebraron besar a un bailarín andrógino), pero se tenía que esconder, incluso de su servidumbre, para estar con Hefestión.

Creo que otro aspecto que contribuyó a las desastrosas actuaciones de Farell, es que no se creyó el enamoramiento de Alejandro y de Hefestión, a pesar de largas escenas de miraditas de corderos a medio morir, sólo se atreven a un beso, pero en cambio la escena de la noche de bodas de Alejandro y Roxana, me recordaron las malas películas de softporn, que pasan en las televisoras “liberales”: mucho movimiento de las tetas de las mujeres, mucho jadeo de los hombres y nada más, y para colmo como metáfora del orgasmo un paisaje “artístico”.

Una de las partes más rescatables, junto con la actuación y personaje de Angelina Jolie/Olimpia, fue la de Anthony Hopkins/Ptolomeo, ya que el Egipto ptoloméico fue una de las fuentes de la cultura helenística y desde donde se conservó gran parte del legado helénico y helenístico (y por tanto de la leyenda alejandrina), pasando esa herencia a la cultura árabe y de ahí de regreso a la cultura europea medieval. Me pareció muy acertado hacer de Ptolomeo el supuesto narrador de la “verdadera historia” de Alejandro Magno, y creo que su última expresión es una síntesis de la postmodernidad: “es preferible matar a los soñadores, que seguirles el paso”.

martes, 7 de diciembre de 2004

Entre el señor del caos y la conspiración de los herejes

"Lo que te digo es que el caos es inevitable. La cuestión que se plantea es: si nosotros no participamos, ¿quién lo hará? [...] Desata el caos en la gente y no tardarán en acudir a los generales en busca de protección."
Profr. Hermann Lundsdorf



Aunque no lo crea el lector o la lectora, para estar ridículamente de moda, no voy a hablar sobre Vicente Fox y el grupúsculo que desde Los Pinos trata de perpetuarse en el poder, ni de George W. Bush y los grupos de intereses petroleros, ni mucho menos de Jorge Catalán y de los neopanistas ensenadenses, sino de novelas históricas, pero creo son muy aleccionadoras de lo pequeño de las actuales “conspiraciones” de la política “real”.

Es extraño como me ido adquiriendo de novelas históricas de diversa estructura, desde las clásicas memorias de personajes históricos hasta obras detectivescas, algunas de las cuales creadas con el fin, alcanzo a percibir, de explicar a alumnos universitarios ciertos aspectos teóricos. Tal es el caso de Jonathan Rabb, doctor en Teoría Política por la Universidad de Columbia y profesor sobre el Pensamiento político moderno en Columbia College. Rabb a escrito dos novelas exitosas: El señor del caos (Ediciones B, 2000), que apareció originalmente en inglés en 1998, y La conspiración de los herejes (Ediciones B, 2001), su edición en inglés fue del mismo año. En otro momento, escribiré sobre otro ejemplo de esta posible subdivisión de novelas históricas-detectivescas, como es Los secretos de la diosa de Brenda Gates Smith (Ediciones B, 2000)
El señor del caos, trata de la utilización del manuscrito “Sobre la supremacía”, de Eusebius Eisenreich (supuesto contemporáneo de Nicolás Maquiavelo), y que se reproduce al final de la obra, por un grupo de personas que buscan controlar el gobierno de los Estados Unidos. El texto renacentista es una especie de manual para poder provocar el caos, en todos los niveles y esferas, y así poder tomar el control de la sociedad como sus salvadores. De esta novela resulta interesante que el personaje central es un profesor universitario que lucha, por circunstancias aparentemente externas, contra este grupo político conspirador, logrando desarticular la red de células terroristas internas.

La teoría de la conspiración es el eje central de la trama y la novela resulta sumamente didáctica para entender esta propuesta teórica, que resulta interesante verla planteada como la intriga de un grupo interno aprovechando fobias externas, y más que se escribió antes de los atentados de las Torres Gemelas de Nueva York (11 de septiembre de 2002). Mucho se ha dicho sobre la teoría de la conspiración o del complot, es decir que detrás de actos aparentemente inconexos existe un individuo o grupo que están orquestando todos los sucesos, como si la sociedad fuera un gigantesco tablero de ajedrez, pero siempre está presente como posible argumentación.

Por su parte, La conspiración de los herejes, se centra en la búsqueda de un manuscrito denominado “Hagia Hodporia”, que se supone es el evangelio Q o “Die Quelle” (la fuente) a partir del cuál realizaron sus evangelios los apóstoles Mateo y Lucas, y que comprendería el relato de la vida de Jesús entre los doce y los 30 años de edad. Además, en la trama, se redescubre que la secta maniquea había sobrevivido hasta nuestros días y buscaba retomar el poder e imponer su idea de Dios a través de colocar a un papa maniqueo.

En esta obra se plantea que el manuscrito rebelaba la idea de la no resurrección de Jesús y que éste estaba en contra de las estructuras jerárquicas. Estos son temas de tomar en cuenta, aunque creo que también muestran que la Iglesia católica está inmersa en una gigantesca mayoría de católicos funcionales, los cuales estos aspectos teológicos les son indiferentes. En otras épocas se quemaron a hombres y mujeres por interpretaciones sutiles sobre la resurrección de Jesús, y ahora podemos ver pasar novelas o películas (El cuerpo con Antonio Banderas), que plantean estos aspectos, y nadie reacciona. Mientras no se atente contra la estructura de poder y privilegios de la jerarquía católica, podemos plantear cualquier supuesto teológico, pero además creo que como católicos funcionales nadie recuerda, o la mayoría, preceptos fundamentales, en otros momentos históricos, de la religión mayoritaria de este país.

Regresando a ambas novelas, existe un aspecto que me había pasado desapercibido en mis primeras lecturas, que es que el personaje central de El señor del caos, es un joven profesor universitario que hacia el final descubre que su maestro más cercano fue el que creó las circunstancias para inmiscuirlo en el complot, y en La conspiración de los herejes, es un joven sacerdote con formación académica quien es de la misma manera introducido en la conspiración por su maestro religioso y confidente. En ambas narraciones se presenta una relación de maestro-discípulo, en la cual los primeros buscaban transmitir su obra al segundo, los contemplan como herederos de toda la conspiración fraguada por décadas o centurias, pero ambos se rebelan y de cierta manera provocan la muerte de sus maestros, así como dejan en un aparente estado indefinido de manera permanente a las conspiraciones (no logran desarticular las células, solo dejan sin líderes a los movimientos) Reflexionando existe un fondo de rebelión padre-hijo muy interesante en la obra de Rabb.