Acerca de mí

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Mexicali, Baja California, Mexico
Historiador por la Universidad de Guadalajara y El Colegio de Michoacán, con un breve momento oscuro en El Colegio de la Frontera Norte. Nacido en Durango, criado y creado entre Ensenada, Ameca y Guadalajara, y ahora radico en Mexicali: es decir un jalisquillo fronterizo de origen duranguense, pero no bailo pasito duranguense (mucho menos tribal).

Lo que leo

Una antología de artículos y capítulos de Gilberto Giménez, principalmente sobre identidades, para una clase de maestría, pero sobre todo para escribir una introducción a mi próximo libro que titularé: Identidades históricas en las Californias.

martes, 13 de junio de 2006

Muestras de la Egoteca (5)


Aunque no lo crean estoy montado sobre un brioso corcel, camino hacia el Paricutín, Michoacán. Nótese lo buena que es la cámara que no salió movida la foto, a pesar del movimiento del caballo y del temblor de mi mano por el pánico.

















Autorretrato en movimiento, 4 de junio de 2006.

martes, 30 de mayo de 2006

Muestras de la Egoteca (4)


Si, esa es otra parte de mi personalidad y qué...


Fotografía tomada por Rodrigo Martínez Meza

miércoles, 17 de mayo de 2006

Recuerdos de familia (3)



Una nueva miembra de la amplia e intensa familia Magaña Mancillas se ha incorporado a las huestes:
María Fernanda, hija de Karla Liliana, hija de Selma, hija de doña Chelo, hija de doña Consuelo.

jueves, 30 de marzo de 2006

Brokeback Mountain: la esperanza.


Estoy de acuerdo en que la película nos refleja una tierna y muy humana historia de amor, que en realidad cualquiera debería disfrutar, como podemos disfrutar todas esas viejas historias de amor “normal”, pero tampoco puedo negar que ese sentimiento de frustración es cada vez mayor, a pesar de la paradoja de que la denominada cultura gay cada vez esta ocupando mayores espacios públicos, pero siempre y cuando te mantengas en lo chistoso, recuérdese a Jack en William & Grace o el diseñador de aparadores de Mi novia es un maniquí. Si se puede caricaturizarlos, entonces es posible discriminarlos, golpearlos, asesinarlos, “ni los veo, ni los escucho”.

Pero si los “maricones” son dos vaqueros hoscos y rudos, pues la verdad ya es atentar contra las buenas costumbres. Algunos dicen que lo importante es que puedan existir Brokeback Mountain, pero recuerden que es una zona de refugio, no el paraíso lunamielero de cualquier heterosexual, sino un espacio no propio en el cual se busca expresar lo prohibido, ellos no escogieron su Brokeback Mountain, como muchos no lo hemos hecho, sino que es el único recurso que nos han dejado, y por tanto mi reflexión era que si realmente existe ese espacio de libertad o es sólo un recurso de la imaginación para evadir la realidad como en El hombre de La Mancha o en Brasil, Jack y Ennis no se ganaron su Brokeback Mountain, porque recuérdese que plantean la posibilidad de huir al México mítico, ni siquiera le permitieron a Jack que sus cenizas se esparcieran allí, el personaje del padre fue contundente, él tenía un espacio en su familia, la que lo controla y castra, hasta en la muerte.

¿Dónde está el Brokeback Mountain de cada uno de nosotros? Mi temor es que no existe ninguno, y eso fue lo que más me dolió de la película. Mucho se ha dicho de los derechos humanos, de los derechos a la diversidad sexual, pero en el fondo sólo hemos alfombrado el infierno.

Aldonza vs Dulcinea


Ayer por fin pude ver la película Brokeback Mountain, en versión pirata ya que el aparentemente “casual” retraso de proyectarla en los cines de Mexicali me había desesperado, y realmente estoy sorprendido de la reacción que he percibido en programas locales como el de la “estrella” de la supuesta revista televisiva Con V de Venegas, ¿dónde está la película gay?, yo lo que contemplé fue una simple historia de amor entre dos personas, que nadie recuerda aquella vieja película con Alan Alda y Ellen Burstyn en Same Time, Next Year (1978) ¿Dónde está el insulto a las “buenas” constumbres?, o más simple, ¿realmente estamos ante una historia gay?

Creo que ese ha sido su problema o impacto, esta narrada de tal manera que si se pone una pareja como Alda-Burstyn o si se quiere a una más contemporánea es creíble, ese es lo que a las gentes de bien les molesta o les incomoda, que saben que eso ocurre a diario incluso en esos espacios tan tradicionales y supuestamente permeables a los pecaminosos como los vaqueros, los altos ejecutivos, los futbolistas, los militares y demás espacios “duros”. Más de alguna buena conciencia se sintió reflejada en la señora Del Mar, que aunque lo ve no lo puede creer.

Pero lo que realmente me entristeció es que la realidad es esa, dos hombres que se aman simplemente tienen que vivir dos vidas, una en sus respectivas respetables comunidades y otra en Brokeback Mountain, siempre con el temor de ser “descubiertos” y por tanto asesinados, que es un punto que no debemos olvidar, o ¿alguien ha sabido algo del multihomicida homofóbico que capturaron al mismo tiempo que la “mataviejitas”? No sólo es la tragedia de no poder amar a tu ser querido con plenitud, pero tampoco poder llorarlo cuando mueres “accidentalmente” o asesinado por un ataque de odio (para Ennis ese fue el final de Jack), y mucho menos poder tener un espacio donde poder vivir en paz, para ellos era un México mítico, para nosotros es un San Francisco o Hill Creast mítico, pero lo que me pregunto es si realmente existe o va existir ese lugar donde podamos amar a quien deseamos y anhelamos.

No puedo negar que Brokeback Mountain es una película disfrutable, bien armada y contada, y con una espléndida fotografía, pero con una historia tan creíble que desgarra el solo pensar que tus alternativas son vivir dos vidas, morir de un “accidente”, o terminar en un remolque solo, abrazando una vieja camisa de tu más profundo amor, el cual solo compartió contigo breves fines de semana en una lugar solitario, bello pero profundamente solitario, tal como los ghettos. Ante el vacío que me provocó la película, yo buscaba entretener mi melancolía (¡paradojico!), decidí volver a ver por enésima vez El hombre de la Mancha con Peter O’toole y Sophia Loren (1972) y solo regresé a la vieja búsqueda de nuestros sueños, aquel lugar en La Mancha que no deseo recordar, pero llevo tatuado en el alma, donde se sueña ese sueño inimaginable, ese momento en que tienes la posibilidad de encontrar a tu pareja soñada y tienes que enfrentar que en realidad nunca podremos estar juntos, y l@ ves alejarse de tu vida, y todos tus éxitos, logros, reconocimientos, felicitaciones y remuneraciones solo sirven para desgarrar tu alma y hacer un hueco en tu alma que se refleja en tu rostro, y te preguntas si al menos tendrás tu Brokeback Mountain o solo morirás reprimido por una sociedad que ante la posibilidad de que alguien sea feliz, prefiere ahogarlo y asesinarlo.

lunes, 13 de marzo de 2006

Tras las huellas de una vida: Guy Rozat.


Mucho quiero agradecer a todos los que colaboraron y participaron en la realización del Taller sobre Historia cultural, impartido por el doctor Guy Rozat, en el marco de la 7a Feria Internacional del Libro de la UABC, el pasado sábado 11 y domingo 12 de marzo, en tres maratónicas sesiones. Sobre todo me entusiasmó el ver diferentes generaciones escuchando las diversas formas en que se ha ido conformando una obra como la del doctor Rozat, en sus propias palabras y describiendo parte de su biografía, que fue fundamental para comprender perspectivas, formas de ver las fuentes, las corrientes y las metodologías.


Sin discusiones entre los estudiosos de las sociedades humanas en el tiempo, no podremos hacer nada por nuestra disciplina, mientras vivamos el "síndrome del cubículo", nada avanzaremos en la construcción del conocimiento histórico, y vivo tengo el recuerdo de una anécdota de Rozat de sus tiempos en las comunas, de cómo mover una gran piedra en volumen y peso, y es "danzando" con ella y se podrá mover utilizando su propio peso.

Movamos el conocimiento de nuestra historia regional y de la región, movamos las telarañas del saber historiográfico, sacudamos esos mitos ridículos del pionerismo y la frontera estilo "boderpatrol". Bailemos con nuestra disciplina para poder danzar con el conocimiento científico, tal vez nos den un pisotón y más de uno dirá que no sabemos bailar, pero al menos estaremos construyendo nuestra interpretación y no rumiando el mismo pasto de otro.

Muchas gracias a mis alumnos y alumnas que son los que me mantienen en ésto, junto con mis maestros y maestras, en el amplio término, que me recuerdan que dando es la única manera de acumular vida y satisfacciones.

miércoles, 1 de marzo de 2006

Taller sobre Historia cultural: sesiones

Por cuestiones de organización de las muy diversas actividades de la 7a FIL-UABC, las sesiones del Taller sobre Historia cultural que impartirá el doctor Guy Rozat se concentraron en tres sesiones, pero siguen siendo 10 horas del taller. Las sesiones serán los días 11 y 12 de marzo de 2006. Se les recuerda que el cupo es limitado a 20 personas y por el espacio asignado seremos muy estrictos con este requerimiento.


Primera sesión: sábado 11 de marzo (15:00 a 19:00 horas)

Indios imaginarios e indios reales (Arqueología del discurso).

Se aborda un tema controversial: el de los relatos sobre la conquista de México y la construcción simbólica subyacente, que nos lleva a preguntas como ¿quiénes son realmente los “informantes”, en particular en el caso de los textos recogidos por Sahagún?, ¿a quiénes se dirigían tales relatos?, ¿qué pretendían explicar (o justificar)?
Obra: Indios imaginarios e indios reales en los relatos de la conquista de México, Ciudad de México, Universidad Veracruzana/Instituto Nacional de Antropología e Historia/Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2002, 337 p. [Existen nuevas ediciones]

Segunda sesión: domingo 12 de marzo (10:00 a 13:00 horas)

América, imperio del demonio (Análisis del intertexto).

Esta obra es el producto de las múltiples lecturas que el autor ha realizado de la crónica del misionero jesuita Andrés Pérez de Ribas. Es el resultado de una experimentación metodológica por medio de la cual se intentó reconstruir la naturaleza profunda de esa crónica, su funcionamiento y su interés para una historia cultural del septentrión novohispano.
Obra: América, imperio del demonio. Cuentos y recuentos, Ciudad de México, Universidad Iberoamericana, 1995, 190 p. [Existen nuevas ediciones]

Tercera sesión: domingo 12 de marzo (17:00 a 20:00 horas)

Los orígenes de la nación (Reconstrucción de construcción de imaginarios).

Mediante cuatro textos clásicos del siglo XIX, considerados como índices de un trabajo cultural colectivo, se muestra cómo, en ese siglo, frente a la imposibilidad de fundar la historia nacional sobre el pasado precolombino, la historiografía nacional emprendió paulatinamente la expulsión del indio, que se había vuelto “problema”, del relato de la historia nacional.
Obra: Los orígenes de la nación. Pasado indígena e historia nacional, Ciudad de México, Universidad Iberoamericana, 2001, 480 p.


El sitio de reunión es la Sala de Seminarios del Departamento de Información Académica (el edificio blanco a un lado de la Biblioteca Central), en el primer piso, entrando a mano derecha (la entrada está un poco escondida) Esto en el campus de la UABC en Mexicali, frente al Blvd. Benito Juárez.

martes, 24 de enero de 2006

Indians, Missionaries, and Merchants.

Es fundamental en la tarea continua de la investigación histórica, entendida como el estudio científico de las sociedades humanas en el tiempo, estar revisando las nuevas aportaciones que diferentes académicos realizan a la comprensión de un tema como el proceso de intercambios culturales en una disimetría de poder entre los agentes socioculturales de las tradiciones indígenas y de las tradiciones occidentales en el antiguo noroeste novohispano, que es un tema de especial significación para algunos investigadores como el que reseña.

La nueva obra de Kent G. Lightfoot, profesor de antropología en la Universidad de California en Berkeley, es un sugerente texto sobre el estudio de las transformaciones culturales de los indios de California en sus dos fronteras principales con occidente, tanto la denominada frontera misional franciscana, como la frontera comercial rusa, y que ambas coincidieron en el norte de la bahía de San Francisco a principios del siglo XIX, buscando comprender estos procesos y su impacto en el devenir histórico de las identidades indígenas. El texto se divide en nueve partes, ocho capítulos y unas conclusiones, destacando los capítulos: primero “Dimensions and Consequences of Colonial Encounters”; segundo y tercero “Franciscan Missions in Alta California” y “Native Agency in the Franciscan Missions”, y el séptimo “Missionary and Mercantile Colonies in California: The Implications”.

Indians, Missionaries, and Merchants, también destaca por dos aportaciones importantes a la discusión académica sobre los intercambios culturales entre indios y occidentales en el noroeste novohispano entre mediados del siglo XVIII y el XIX, que son la propuesta de una metodología de investigación basada en el análisis comparativo con una perspectiva holística, multidimensional y diacrónica, basado en la antropología histórica y con un amplio manejo documental de diversos orígenes disciplinarios, principalmente la antropología, la arqueología, la historia y la etnografía:

“Archaeology, archival documents, ethnographic observations, and native narratives together comprise the holistic study of historical anthropology, the most powerful approach for investigating the past, outside of a time machine. The integration of multiple lines of evidence from documentary, oral, and archaeological sources produces a broader and more inclusive view of history. […] They allow us to hear the muted voices of the colonial past.” (pág. 15)

Para un control de esta propuesta metodológica, Lightfoot propone que se deben estudiar las dos fronteras culturales con base en siete indicadores generales que denomina “Dimensions of Colonial Encounters”, y que serían: 1) “Enculturation Programs”; 2) “Native Relocation Programs”; 3) “Social Mobility”; 4) “Labor Practices”; 5) “Interethnic Unions”; 6) “Demographic Parameters of Colonial and Native Populations”, y 7) “Chronology of Colonial Encounters”. Es indudable la importancia de los estudios comparativos en parámetros mucho más cercanos, como serían las dos formas de colonización emprendidas al norte de la bahía de San Francisco, tanto por empresarios rusos como por los misioneros franciscanos, preferible a los estudios comparativos de regiones físicamente lejanas como California y Bolivia.

La propuesta es muy interesante, pero en el momento de poderla aplicar con los elementos documentales sobrevivientes de ambas fronteras culturales, resultan mucho más dudas que respuestas concretas, sobre todo cuando se establece que existe una diferencia sustancial entre las formas de colonización de los mercaderes rusos y los misioneros franciscanos, sobre todo en dos aspectos distinguibles: a) los programas o proyectos de cambio cultural, para los primeros inexistentes y para los segundos parte de su visión y misión, y b) que esto implicó un control mayor por los segundos que por los primeros, es decir, los mercaderes rusos prefirieron utilizar las estructuras de poder indígenas existentes antes que imponer nuevas y conforme a su tradición cultural occidental, como lo hicieron los misioneros.

Hasta aquí podríamos concordar con el desarrollo argumentativo de Lightfoot, donde empiezan las dudas es la ausencia total de otro de los elementos importantes en la frontera misional franciscana, todos los colonos hispanos y novohispanos que los acompañaron y condicionaron el trabajo misional, parecería que los franciscanos eran los únicos en toda esa región al este y sur de la bahía de San Francisco, y no hay referencias a los proyectos de colonización con “civiles” y los pueblos de Branciforte y San José, por nombrar a los más cercanos y que aparecen en el mapa 9 (pág. 120) Sin adentrarnos a la presencia militar, simbolizada por los presidios, y político-administrativa colonial, la cual representaba los intereses de la monarquía y del imperio, y que muchos conflictos generó entre sus representantes y los franciscanos, y no solo en la Alta California, sino también en otras regiones novohispanas a raíz de la implementación de las llamadas reformas borbónicas.

Pero también resalta que a pesar de llegar a una conclusión de que esos dos aspectos señalados son la diferencia sustancial entre la frontera mercantil rusa y la frontera misional franciscana, resulta que el autor debe reconocer que las dos misiones sureñas de la Alta California, San Luis Rey y San Diego de Alcalá, en realidad tendrían un comportamiento similar a la frontera mercantil rusa y no a la franciscana, y establece una serie de aportes de investigación académica anterior que refuerza esta propuesta, llegando en las conclusiones a establecer que existen tres procesos de cambios culturales: una referida a la frontera misional franciscana y los indígenas de las zonas centrales de California; uno con relación a las dos misiones sureñas y los indios de la zona, principalmente los diegueños, y uno referido a la frontera mercantil rusa y los indios principalmente Kashaya Pomo.

Lo que no se especifica es cómo una sección de la frontera misional franciscana, dentro de un proyecto de colonización novohispano para la Alta California, y en el marco de una estrategia geopolítica de defensa de las fronteras imperiales, pudiera haber tomado medidas diferenciadas respecto a las instrucciones generales tanto para misioneros, soldados, comandantes de presidio e incluso colonos “civiles”. Aunque no podemos negar lo provocador de la idea, ya que existen evidencias en el norte de la Baja California, en la frontera misional dominica, que son muy similares a lo que Lightfoot establece para estas dos misiones franciscanas de San Luis Rey y San Diego de Alcalá, y este segundo proceso de cambios culturales desarrollados en las fronteras de California.

Indudablemente existen muchas aportaciones por parte de la nueva obra de Lightfoot, pero lo más enriquecedor son las provocaciones metodológicas y académicas, entre las primeras la propuesta de un análisis holístico con un manejo multidimensional a través de diferentes fuentes de información y su complementariedad como los testimonios de tradición oral y los hallazgos de las investigaciones arqueológicas, que solo tienen el inconveniente del desarrollo disciplinario respectivo, que de cierta manera el autor pudo solucionar con una formación e investigación transdiciplinaria, pero en ciertos momentos de la obra se denota que no pudo conseguir las fuentes equiparables para llevar un nivel homogéneo en para los tres procesos de cambio cultural de las fronteras de California. Sin olvidar un aspecto que es importante destacar, la nula utilización de documentos en su idioma original para la frontera misional franciscana, que siempre tendrá el problema del manejo del lenguaje e idiosincrasia sobre todo para la reconstrucción de aspectos identitarios.

Por último, existe otro punto muy interesante en la obra Indians, Missionaries, and Merchants. The Legacy of Colonial Encounters on the California Frontiers, de Kent G. Lightfoot, y que se encuentra en el capítulo octavo “The Aftermath”, y que tiene que ver con el impacto de los académicos en la construcción del conocimiento sobre los grupos indígenas de California, sobre todo a través de los trabajos pioneros de antropólogos encabezados por Alfred Kroeber (“Anthropology and Tribal Recognition”, págs. 222-232), y que lo lleva a plantear que en la búsqueda del indio “verdadero”, los antropólogos privilegiaron a ciertos grupos e individuos que ellos consideraron como menos compenetrados en la tradición cultural occidental, y que de cierta manera fueron muy estudiados, en prejuicio de otros grupos e individuos que por tanto dejaron de ser “indios”, ya que los oficiales del gobierno estadounidense se basaron en los estudios de los antropólogos para las identificaciones y reconocimientos, vía las reservaciones, de los grupos debidamente acreditados para poder reclamar derechos sobre terrenos tradicionales.

El tema resulta muy provocador y lo que llega a demostrar Lightfoot es que debemos comprender en su momento histórico toda esa nomenclatura sobre los grupos indígenas de California y en si del noroeste novohispano que aceptamos como verdad inamovible:

“Although recognizing the important and pioneering contributions that Kroeber and other early ethnographers made to our understanding of Native Californians, we must rethink the legacy of viewing Indians as a static, traditional people. Native societies, both today and in the past, are dynamic and continually in transformation in relation to ever-changing social conditions. Constructing a more encompassing and inclusive historical perspective on California Indians means appreciating the many roads these people have traveled in getting to today” (pág. 239).

Indians, Missionaries, and Merchants. The Legacy of Colonial Encounters on the California Frontiers, Kent G. Lightfoot, Berkeley, University of California Press, 2005, 338 págs.

jueves, 1 de diciembre de 2005

Recuerdos de familia (2)


Pues resulta que mi hermana Karla, de pie, ya tiene su primera hija, a la que nombraron María Fernanda, pero en familia es mejor conocida como la "telerita".

Además, mi cuñada Cinthia, junto a mi hermana, está esperando su primer hijo o hija, para beneplácito de mi hermano Miguel, el "Bebito Patito", sentado junto a ellas.

martes, 29 de noviembre de 2005

Muestras de la Egoteca (3)


Autorretrato en pleno éxtasis de egolatria, en mi humilde cubículo en el CIC-Museo.

lunes, 31 de octubre de 2005

Entre museólogos te veas...


Fotografía del recuerdo del III Seminario en Estudios Culturales: Museos como zonas de contacto, realizado en el CIC-Museo durante octubre de 2005.

viernes, 14 de octubre de 2005

"Ni muy tristona, ni muy tristona"

Presentación de la obra en el Café Literario del ICBC en Mexicali, el pasado 23 de septiembre de 2005, en la que participaron Gina Walther y Everardo Garduño, y muchos jóvenes interesados en el tema, lo que me dio mucho gusto.

Fotografía de Alberto Tapia Landeros.








Presentación de la obra en el Centro Cultural Riviera de Ensenada, el pasado 28 de septiembre de 2005, en la que participó Hilarie Heath, con la presencia de doña Teodora Cuero y los familiares de doña Francisca Ochoa Montaño.

Fotografía de Horacio González.

viernes, 23 de septiembre de 2005

Entre viejos amigos te veas.


El reencuentro con los viejos amigos siempre es algo que no sabemos apreciar hasta que de nuevo la distancia nos separa. Mi reencuentro con Rocio y Gerardo me confirma que lo importante de la vida es vivirla, lo demás es anecdotario y en el peor de los casos curriculum, que solo les sirve a los que no te conocieron y tienen que hacer tu obituario.

Guadalajara, septiembre de 2005, en la casa de la mamá de Gerardo, a la izquierda, y yo como siempre "migrante".

viernes, 2 de septiembre de 2005

Entre culturalosos te veas.


Presentación del número dos de la revista Culturales, en el CEC-Museo, Mexicali, agosto de 2005.

jueves, 1 de septiembre de 2005

Entre historiadores te veas.


Reunión en la casa de Miriam y Carlos, por despedida de la primera ya que inició sus estudios de maestría.

Muestras de la Egoteca (2)


Fotografía tomada por Virginia Aldana.

lunes, 8 de agosto de 2005

Recuerdos de familia (1)



La alegría de comer a los tres años de mi sobrino Joseph Alejandro, hijo de mi hermano Luis Alejandro (julio de 2005) Posted by Picasa

martes, 2 de agosto de 2005

Reflexiones de Inkram Antaki.


1) “Existe hoy una querella muy violenta entre los que piensan que hay un derecho natural enraizado en la razón humana –y que son los discípulos de Kant—y los discípulos de Weber, que estiman que hay un derecho natural enraizado en la cultura. Es la Razón contra la Historia.”

2) “Estamos borrando todo el siglo XX. Estamos borrando uno a uno todos los signos, todas las revoluciones políticas o ideológicas del siglo XX. No como un asalto a favor de la historia, sino como una reescritura al revés de todo el siglo XX, que va a ocuparnos estos últimos años que nos quedan; quizá con la esperanza, de cara al nuevo milenio, de partir nuevamente de cero. No se trata de una construcción, sino de una descontrucción masiva de la historia.”

Inkram Antaki, Segundo Renacimiento. Pensamiento y fin de siglo,
Ciudad de México, Joaquín Mortiz, 1992, pp. 55 y 85.


lunes, 1 de agosto de 2005

Historia ¿Ciencia Social o Humanidades? II

Las humanidades.

Miguel León-Portilla

¿Qué son las humanidades? No es fácil responder a esta pregunta. A riesgo de equivocarme, me atreveré a decir que las humanidades están integradas por aquellas ramas del conocimiento, incluyendo el sensible, que más íntimamente se relacionan con los seres humanos. Las humanidades comprenden el saber acerca de lo que hemos sido, o sea la historia y en cierto modo también la arqueología y la prehistoria. La trayectoria íntegra de los seres humanos sobre la Tierra es el gran marco espacio-temporal de las humanidades. Por eso, ellas, en cuanto ramas del saber, no conocen otros límites. Abarcan asimismo lo que los grandes ingenios han concebido o fantaseado sobre una inmensa gama de comportamientos humanos, es decir, la creación literaria, desde las grandes epopeyas clásicas y la poesía en todas sus formas, hasta las novelas y otros géneros narrativos. Pertenece también a las humanidades cuanto se refiere a las concepciones del mundo, los mitos y leyendas, así como las elucubraciones de los filósofos que se han planteado las grandes cuestiones acerca de la posibilidad de decir palabras verdaderas sobre los enigmas de nuestro ser, la divinidad y el más allá.

No son ajenas a las humanidades las disquisiciones acerca del lenguaje ni tampoco las que han llevado al establecimiento de ordenamientos jurídicos dirigidos a hacer posible la coexistencia de las personas y las naciones. Y, por supuesto, se sitúa en el universo de las humanidades el gran conjunto de las artes, creaciones, muchas de ellas sublimes, en las que el espíritu humano se manifiesta plásticamente en la pintura, la escultura y mediante la arquitectura, la música y el baile.

Aunque las humanidades se distinguen de los conocimientos científicos -las ciencias fisíco-matemáticas y naturales-, no por esto dejan de tener relación con ellas. Obvio es que en las humanidades no se busca establecer leyes universales, pero, al entrar en relación con las ciencias, pueden, por así decirlo, humanizarlas. El conocimiento acerca de plantas y animales, y en general de la naturaleza, enriquece a los seres humanos no sólo en un sentido utilitario, sino también cultural y aun espiritual. Recordaré aquí lo expresado por Immanuel Kant a propósito de las realidades inanimadas que son las estrellas. Decía él que nada le producía mayor contento que la paz de la conciencia y la contemplación del cielo cuajado de estrellas.

Las humanidades, no siendo rentables, revelan el sentido humano de cuanto concierne a hombres y mujeres en sus vidas. Pondré un ejemplo tomado de un antiguo texto escrito originalmente en náhuatl, la lengua de los aztecas o mexicas. Conlleva él una apreciación de algo que existe en la naturaleza. Describe lo que puede significar para los humanos la contemplación de grandes árboles, frondosos y lozanos, digamos que cedros, robles o encinos. El texto en lengua indígena expresa: "Los cedros son muy bellos, relucen y dan sombra. A su lado hay frescor, bajo ellos hay vida y descanso. Son para nosotros como una madre y un padre" (Códice florentino, libro 11, folio 112).

En abierto contraste con esta forma de concebir a los cedros se halla la actitud de quien los contempla desde una perspectiva rentable. Es ella la del maderero que, al verlos, piensa en su valor económico y calcula cuántos metros cúbicos de madera puede obtener de los mismos con la correspondiente ganancia económica. ¿Es esta comparación una simpleza? O es enunciar de algún modo la diferencia que hay entre pensar y sentir la realidad confiriéndole un significado humano o fijarse en ella para detectar lo que tiene de rentable.

Reflexionemos un poco siquiera sobre lo que pueden significar las humanidades en nuestras vidas. ¿Es igual viajar conociendo al menos un poco de la historia del lugar que se visita, que acercarse a él sin tener noticias de lo que se contempla? Y, para los que gobiernan, ¿importa o no que estén enterados de lo que ha sido el pasado de las gentes a las que rigen? ¿Qué es la historia del arte sino una serie de acercamientos a las mejores creaciones logradas por la humanidad a través de los tiempos? Gustar de la literatura, por ejemplo, es dar vida en nosotros mismos a lo que otros pensaron, vivieron y confiaron a la escritura. Incontables son los caminos de acercamiento a lo más hondo de la sabiduría, abiertos a través de las obras de filósofos, historiadores, antropólogos, literatos y juristas.

Los más grandes ideales que han concebido hombres y mujeres a lo largo de los siglos hunden sus raíces en el pensamiento humanista. Así, las que llamamos obras clásicas, por su perdurable significado, hablan de la libertad como supremo valor. Y otro tanto puede afirmarse respecto de cuanto da cimiento a la dignidad humana: el respeto a los derechos ajenos, la concepción del poder como emanada del pueblo y, en consecuencia, los principios en que se fundan la democracia y el orden jurídico. Todo esto, sin lo cual la vida social, política y económica se convertiría en un caos, deriva en última instancia del gran conjunto de creaciones que integran las humanidades.

Pero ahora bien, o mejor dicho, ahora mal, hay en nuestro presente quienes se empeñan en cerrar caminos que llevan nada menos que a disfrutar en plenitud cuanto puede enriquecer lo más noble del ser humano. Quienes así actúan nos dicen que las humanidades son ya obsoletas y acercarse a ellas es pérdida de tiempo. No siendo rentables, el tiempo que se dedica a ellas es inútil despilfarro. Lo que en verdad importa, nos dicen, es capacitarse para obtener un trabajo productivo, de esos que te permitan medrar, bien sea en los negocios y hasta, ¿por qué no?, en la política.

Esta actitud no es del todo nueva. Ya se ha manifestado antes como nos lo muestra precisamente una rama de las humanidades: la historia. Sólo que ahora, como una consecuencia de los rampantes procesos de una agobiante globalización cultural y económica, que se tornan omnipresentes a través de los medios de comunicación, se nos induce a todos a alejarnos de pamplinas, que así se califica a veces a las humanidades. Habrá que dedicarse, en cambio, a esa capacitación que redundará en provecho económico y será puerta abierta para entrar de lleno en la sociedad del consumo, y del jet set. En su propio tiempo San Agustín describió una parecida atracción como fascinatio nugacitatis, fascinación de una nuez vana.

La acometida contra las humanidades, como consecuencia también de la globalización cultural, además de tender a clonar en la mediocridad a los humanos, que serán así más fácilmente manejables, aparece en múltiples lugares del mundo. Para dar dos ejemplos, recordaré que ha resurgido recientemente en España y en México. Si en la primera se busca eliminar en la educación superior ramas del saber como la historia del arte, la filología y la filosofía, en el caso de México el golpe trata de asestarse desde antes, en el ciclo de enseñanza media. Entre otras cosas se pretende la supresión o disminución del estudio de la historia. Y podrían aducirse los casos de otros países en los que algo parecido está ocurriendo.

¿Qué se busca con ello? ¿Decapitar culturalmente a la juventud? ¿No interesa ya formar realmente a los seres humanos? Pienso que el tema es de tal magnitud que debe preocupar a cuantos, gracias precisamente a las humanidades, nos sentimos y queremos ser de verdad humanos.

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http://www.jornada.unam.mx/2005/jul05/050703/016a1pol.php

Copyright (c) 2005 La Jornada

jueves, 23 de junio de 2005

Muestras de la Egoteca (1)



Cerca de mi 42o cumpleaños, los recuerdos de estas épocas son gratos. Tierra Blanca, Durango, alrededor de 1965-1966. Posted by Hello