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Mexicali, Baja California, Mexico
Historiador por la Universidad de Guadalajara y El Colegio de Michoacán, con un breve momento oscuro en El Colegio de la Frontera Norte. Nacido en Durango, criado y creado entre Ensenada, Ameca y Guadalajara, y ahora radico en Mexicali: es decir un jalisquillo fronterizo de origen duranguense, pero no bailo pasito duranguense (mucho menos tribal).

Lo que leo

Una antología de artículos y capítulos de Gilberto Giménez, principalmente sobre identidades, para una clase de maestría, pero sobre todo para escribir una introducción a mi próximo libro que titularé: Identidades históricas en las Californias.

miércoles, 18 de mayo de 2005

El desarrollo regional y la organización del espacio, siglos XVI al XX.

Reseña de la obra de Bernardo García Martínez, El desarrollo regional y la organización del espacio, siglos XVI al XX, colección “Historia Económica de México, número 8, Ciudad de México, Universidad Nacional Autónoma de México / Editorial Océano, 2004.

Tomando en cuenta que es fundamental poder contar con textos académicos orientados a la difusión del estado de la cuestión de temas como la historia económica de nuestro país, es sumamente interesante poder contar con la colección coordinada por Enrique Semo, de la cual se inscribe la obra de Bernardo García Martínez. Así, en la Presentación, aunque no en el texto propiamente dicho, se establece que el objetivo es “sintetizar los resultados de infinidad de investigaciones particulares especializadas y ofrecer al lector una visión coherente de conjunto, basada en el conocimiento actual de los temas abordados. Esperamos que todos los interesados en la historia económica, pero especialmente los estudiantes de economía e historia, encuentren en ella tanto una obra de consulta como un marco de referencia y una fuente de inspiración teórica para nuevos estudios” (p. 8)

El libro El desarrollo regional y la organización del espacio, siglos XVI al XX, está integrado por cuatro grandes apartados: “Los cimientos del espacio mexicano”; “Paisajes, regiones y un nuevo mundo en la geografía colonial”; “Continuidad, transformaciones, y más continuidad”, y “La geografía del presente”. Como se puede apreciar no hay una introducción, ni conclusiones, de ahí que para esta reseña se optara por consignar la cita de Semo, como el objetivo de la obra. Otro aspecto que también es de indicar, ya que salta a la vista, es que la obra no cuenta con ninguna ilustración de ningún tipo, y considerando que su público objetivo es el estudiantado medio superior y superior, asumir que se podrán ubicar imaginariamente en el espacio “mexicano”, pues resulta aventurado, aunque no debemos descartar una cuestión de tipo editorial para el no uso de gráficos y mapas.

Aunque el autor señala al inicio de su libro que “hay que sacudirse cualquier imagen de un país configurado nítidamente por fronteras u otros contornos, en especial si se trata de uno que a lo largo de su historia ha tenido diferentes fronteras o de un espacio que ha sido compartidos por diferentes países” (p. 13), esto no se percibe en el desarrollo del libro, ya que las regiones que componen o han compuesto a la nación mexicana o al estado colonial novohispano, son definidas con cierta claridad hasta las últimas diez páginas (pp. 98-107), que García Martínez presenta como “un breve examen de cada uno de los grandes componentes de la geografía del país” (p. 97), que serían: “México Central”, “Vertiente del Golfo”, “Vertiente del Pacífico”, “Vertiente del Norte” (con los sectores noreste, centro y noroeste), y “Cadenas Caribeña y Centroamericana”, estas últimas las menos claras a las regiones a las que se refiere, que por cierto, todo indica, que su propuesta de regionalización está amarrada a las delimitaciones político-administrativas estatales.

Pero también resulta sorprendente constatar que se establezca un discurso fuertemente amarrado al centralismo, sin poder reconocer que las regiones pudieron negociar sus articulaciones con el centro colonial y nacional, respectivamente, todo parecería un destino manifiesto del centro por serlo: “En todo caso, hay una clara continuidad desde el siglo II hasta el presente en el hecho de que una pequeña región, la cuenca de México, albergue la capital o punto central de un amplio sistema espacial” (p. 16).

Indudablemente, durante los siglos XVI al XX, el centro político ha tomado medidas y decisiones desde su realidad, menospreciando a las regiones, sobre todo las más alejadas del “México Central”, pero negar la posibilidad de que estas regiones pudieron desarrollar estrategias propias, sin llegar a la confrontación, es negar el devenir histórico regional mexicano, por ejemplo, cuando señala que el crecimiento moderno de las ciudades bajacalifornianas “no ha sido tanto consecuencia de la evolución de Baja California cuanto del espectacular crecimiento de la California norteamericana” (pp. 102-103). Es inconcebible que la región Baja California-California pueda ser analizada separándola, que una parte sea mexicana y la otra estadounidense, que no norteamericana, que ambas lo serían, es una circunstancia histórica y política, pero para el análisis del desarrollo histórico regional de las actuales regiones mexicanas, se debe tomar en cuenta estas circunstancias que no son particularidades extremas, sino interacciones regionales que van, para el caso de las Californias, desde fines del XVII hasta principios del XXI.

Pero esta perspectiva de ver la historia de las regiones novohispanas y mexicanas desde el centro del país, solo lleva a que el autor desdibuje los espacios más alejados de ese centro ideológico y político, y reitero que no es que se quiera negar las claras tendencias centralizadoras de los diversos gobiernos virreinales y nacionales desde el siglo XVI al XX, y que todos estuvieron asentados en la Ciudad de México, pero si la intención de la obra es “ofrecer al lector una visión coherente de conjunto, basada en el conocimiento actual de los temas abordados”, me resulta desalentador como especialista y docente no ver reflejada la larga tradición académica mexicana, y no hablemos de la estadounidense con autores como Eric Van Young, de reflexión sobre el devenir histórico de las diversas regiones que han integrado o integran a la república mexicana.

En cuanto a las cuestiones metodológicas y conceptuales es de rescatar sus aportaciones sobre los términos de “paisaje” (p. 35), o “región” (pp. 41-43), aunque este último es presentado de manera abrupta dentro del apartado “Paisajes, regiones y un nuevo mundo en la geografía colonial” (pp. 35-56): “Pero conviene que antes de seguir adelante hagamos una muy breve reflexión sobre un concepto que es de capital importancia en el análisis histórico y geográfico: el de región” (p. 41) Indudablemente esta obra es de consulta, pero por desgracia es una excelente introducción a la obra de Bernardo García Martínez, aunque no necesariamente los estudiantes “encuentren en ella tanto una obra de consulta como un marco de referencia y una fuente de inspiración teórica para nuevos estudios”, ya que para eso tendrían que consultar las múltiples obras citadas por el autor, ya que como señala en la nota 1: “Este pequeño libro resume porciones de un amplio estudio de geografía histórica que aparecerá con el título de La construcción del espacio mexicano. Por otra parte, recoge y entremezcla ideas, interpretaciones, planteamientos y párrafos de una docena de estudios que he publicado con anterioridad, algunos especializados y otros de carácter general. El lector encontrará las referencias correspondientes a lo largo del texto” (p. 11)

Así, esta obra es una magnífica introducción a la producción académica del autor, que en mucho ayudaría a estudiantes que tuvieran como objetivo el estudio y análisis de las aportaciones a la geografía histórica sobre México realizadas por Bernardo García Martínez, entre 1974 y 2004, pero realmente no ayuda a comprender El desarrollo regional y la organización del espacio, siglos XVI al XX de lo que hoy conocemos como los Estados Unidos Mexicanos, aunque tal vez peco de excesiva expectativa de que la obra pudiera cubrir muchas de las debilidades de los estudios regionales y de la historia regional, pero existen demasiado lugares comunes que solo vienen a confirmar una actitud centralista que lleva a una explicación tautológica: “En el caso que nos ocupa tomamos la ciudad de México como punto de partida para el análisis geográfico e histórico que vamos a iniciar porque es el elemento articulador por excelencia del espacio asociado a ella, […] La geografía y la historia de México son la geografía y la historia de un conjunto de espacios y sistemas definidos y condicionados por ese centro tan relevante y tan dominante. Ningún otro principio puede ofrecer mejor posición para entender un conjunto que acepta semejante definición” (pp. 13-14)

Las regiones son construcciones metodológicas, pero sobre todo hipótesis a demostrar, que deben estar construidas con base en el conocimiento de su geografía física, natural y humana, con apoyo de la reconstrucción histórica de las sociedades humanas que las habitaron y poblaron, más allá de los centros evidentes o las divisiones político-administrativas actuales, ya fueran nacionales o internacionales, y considero que precisamente es en las fronteras (disciplinarias, históricas, de imaginarios, y políticas) desde donde se puede comprender mejor el devenir histórico, sociocultural y político de nuestro pasado y nuestra actualidad.

martes, 26 de abril de 2005

Polémica sobre cambios en el INEHRM

Muy estimados amigos y colegas

H-MEXICO. Thu, 21 Apr 2005 12:00:35 -0500

El día 14 apareció en el periódico Reforma un reportaje sobre las transformaciones que estamos proponiendo para el INEHRM. Desgraciadamente, en el reportaje se interpretaron mal los objetivos del cambio. Debido a problemas de espacio, Reforma no publicará mi réplica completa. Como historiador, considero conveniente que el gremio conozca el reportaje original y mi respuesta completa, para distinguirla de la versión resumida que publicará el mismo Reforma. Así se complementará la información de los lectores de Reforma, pero igualmente servirá a quienes no lean ese diario.

Javier Garciadiego.
Director General del INEHRM.

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Reforma, jueves 14 de abril del 2005, sección C, Cultura.

Piden que el INEHRM cambie de nombre. Suman a la Historia "revolución" del 2000. Es una decisión aventurada, dice Meyer; el PAN busca escribir una nueva historia oficial, señala Galeana.

Por Víctor Fuentes y Erika P. Bucio.

El Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana (INEHRM) cambiará de nombre para estudiar ya no sólo el movimiento armado de 1910, sino otras revoluciones como la "Democrática de finales del siglo pasado". De acuerdo con el anteproyecto de decreto enviado a la Comisión Federal de Mejora Regulatoria el 7 de abril, la nueva denominación del organismo será Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México. "El objetivo es no ver a la Revolución Mexicana como un movimiento épico o fundacional, sino como parte de un proceso histórico nacional más amplio", afirmó Javier Garciadiego, director de la institución. Nacido con el objetivo de rescatar documentos y material bibliográfico relativos al movimiento armado de 1910, el INEHRM se ocupará ahora también de las revoluciones de Independencia de 1810, la Liberal de 1857 y la democrática de finales del siglo 20.

Para el historiador Lorenzo Meyer, resulta arriesgado llamar "revolución democrática" al triunfo de Vicente Fox en las elecciones presidenciales del 2000. "El PRI creó ese instituto para que sirviera de centro de estudios y elogios para la única Revolución, pero con su salida de Los Pinos, este movimiento armado ya no es el dueño de la casa oficial sino un mero huésped. Donde sí tengo mis dudas es en llamar a la de Fox revolución democrática, es aventurar mucho", opina Meyer.

Gisela von Wobeser, directora de la Academia Mexicana de la Historia, elogia el trabajo del INEHRM al impulsar los estudios sobre la Revolución de 1910, pero advierte la falta de una perspectiva histórica para poder abordar la transición a la democracia. "Hacer historia del presente implica riesgos porque todavía no tenemos acceso a los archivos, todavía no hay una reflexión madura y hay amplios sectores que cuestionan aspectos de la actual democracia", sostiene. La historiadora Josefina Zoraida Vázquez respalda la decisión de ampliar el campo de acción del organismo al siglo 19, pero pide acotar la expresión "revoluciones de México".

Patricia Galeana, ex directora del Archivo General de la Nación, atribuye el cambio de nombre a una pretensión del actual régimen por escribir una nueva historia oficial. "Es el proyecto del PAN para incorporarse dentro de las revoluciones, pero este cambio todavía dista mucho de ser democrático como para hablar de una "revolución", puesto que no ha habido una Reforma del Estado. El único objetivo del cambio de nombre es hacer una nueva historia oficial", señala la historiadora.

Pero Garciadiego replica que, para el INEHRM, la transición a la democracia no se limita a las elecciones del 2000, sino que se entiende como un proceso histórico que toca a los académicos fechar si comienza en 1968 o 1988. "Queremos fomentar una conciencia cívica e histórica, pero desde una perspectiva democrática, con una visión plural, sin partidizar la historia", insiste el académico. Para cumplir con sus nuevas tareas, el INEHRM, que cuenta con una planta de diez investigadores, no dispondrá -de acuerdo con el anteproyecto- de un mayor presupuesto, el cual ascendió este año a 14.2 millones de pesos. A fin de eficientar el uso de recursos, se buscó que el nuevo nombre del organismo permitiera preservar las siglas de la institución para evitar el desperdicio de papelería. Como consecuencia de la reforma, Garciadiego prevé la creación de más premios y becas para los académicos. Aún sin fecha prevista para la publicación y entrada en vigor del decreto, que habrán de firmar las secretarías de Gobernación, Hacienda, Educación y de la Función Pública, Garciadiego confía en que el INEHRM podrá sumarse a los festejos que organice el Gobierno federal por el bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución Mexicana. "La idea ha sido bien recibida en la Secretaría (de Gobernación), veremos si también es bien visto por la Presidencia", concluye.

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Réplica completa del Dr. Javier Garciadiego.

Sr. Alejandro Junco de la Vega
Director.

El día de hoy, el muy leído periódico que usted dirige publica un reportaje sobre el INEHRM, titulado "Suman a la historia "revolución" del 2000". En tanto director del INEHRM (a partir de octubre del 2001, pero miembro de su Consejo Técnico desde varios años antes), quisiera hacer algunas precisiones. El reportaje, redactado por el señor Víctor Fuentes y la señorita Erika P. Bucio, se basa en el propio Anteproyecto de cambio del INEHRM, así como en comentarios míos y de varios destacados colegas, aunque da la impresión de que estos emitieron sus opiniones sin conocer dicho Anteproyecto.

Lo que buscamos, simple y sencillamente, es ampliar el campo de trabajo del INEHRM, para que pueda hacer rescates bibliográficos y fomentar estudios sobre "las grandes transformaciones sociales, económicas, políticas y culturales generadas por las revoluciones que han definido la historia nacional" (Art. 4o. del Anteproyecto). En el considerando 7o. del mismo Anteproyecto se dice que esas transformaciones "que han definido al país son la Independencia, la Reforma Liberal, la Revolución y la transición democrática de finales del siglo XX". En ningún lugar se habla de "la revolución del 2000".

Obviamente, consideramos que este último proceso tuvo incontables protagonistas, tanto individuales -Luis H. Alvarez, Cuauhtémoc Cárdenas, Heberto Castillo, Manuel Clouthier, Vicente Fox, Rosario Ibarra, Andrés Manuel López Obrador, Porfirio Muñoz Ledo, Jesús Reyes Heroles, Samuel Ruiz y José Woldenberg, entre muchísimos otros- como colectivos -el IFE, los principales partidos políticos, varios movimientos sociales (como los estudiantes de 1968), un sinnúmero de ONG, muchos intelectuales y periodistas críticos, algunos medios de comunicación y un inacabable etcétera-. El proceso de "la Transición Democrática de finales del siglo XX" también implica desigualdades cronológicas y geográficas. Para unos se remonta a 1968, para otros a 1976 y para unos más a 1988, aunque estoy consciente de que hay cronologías regionales particulares. En nuestro Anteproyecto no se fijan fechas determinantes, y en ningún renglón se menciona el año 2000. Tampoco se atribuyen créditos particulares a personaje alguno. Más aún, no ignoramos que todo proceso histórico se construye con avances y retrocesos, como bien lo muestran los días que corren.

La propuesta de cambiar el INEHRM tiene varias causas y objetivos. La principal es ajustarse a la normatividad y anticiparse a los tiempos por venir. En 1960 y 1985 el INEHRM participó en las conmemoraciones de la Independencia y la Reforma, pero sin estar amparado legalmente. Ahora deseamos contar con la autorización debida para fomentar estudios de otros periodos, así como participar legalmente en las conmemoraciones del Bicentenario del nacimiento de Benito Juárez (2006), los 150 años de la Constitución de 1857 (2007), los 150 años de las Leyes de Reforma (2009) y el Bicentenario de la Independencia (2010).

Por lo que se refiere a los comentarios hechos por mis colegas, he de decir que comparto con Gisela von Wobeser sus preocupaciones ante los riesgos que implica hacer "historia del presente". Sin embargo, es un hecho que ya se pueden hacer confiables historias de tiempos o procesos recientes, pues se cuenta con una crecientemente buena hemerografía, con la llamada historia "oral", e incluso con materiales de archivos ahora forzosamente accesibles para hechos apenas distantes uno o dos lustros. Recuérdense las Galerías 1 y 2 del AGN.

Respecto a la afirmación de Lorenzo Meyer de que llamamos "revolución democrática (...) al triunfo de Vicente Fox", aclaro que tal idea no está ni en el texto ni en el espíritu del Anteproyecto. Haberlo propuesto hubiera sido una insensatez de nuestra parte. Asegurar que éste es el objetivo de nuestra propuesta, sin conocer el Anteproyecto, implica una conducta contraria a los códigos de respeto a nuestra disciplina y a nuestro gremio. La contienda electoral del año 2000, con sus variantes de triunfos y derrotas tripartidistas, es concebida en el INEHRM como parte de un proceso mucho más amplio. De ninguna manera se pretende sobrestimar o subestimar a personaje o factor alguno. Además, consciente de las dificultades que implica el término "Revolución" -como bien lo advierte doña Josefina Zoraida Vázquez-, en el Anteproyecto se piensa más bien en la idea de una gran transformación para lo acontecido en los, digamos, últimos treinta o cuarenta años.

Por último, rechazo tajantemente la afirmación de Patricia Galeana, de que es un proyecto "del PAN" y de que "su único objetivo (...) es hacer una nueva historia oficial". Las trayectorias biográficas y los resultados laborales sirven más que cualquier declaración. No soy ni he sido ni nunca seré miembro del PAN. No simpatizo con muchísimas de sus posturas. Por ende, no soy su votante firme, duro o cautivo. Soy un historiador que aceptó salir parcial y temporalmente de la vida académica porque se me invitó a colaborar en un proyecto que beneficiaría cualitativa y cuantitativamente el fomento de los estudios históricos del país. Desde un principio, el Secretario de Gobernación y yo nos comprometimos a distanciar al INEHRM de cualquier historiografía de tipo "oficial", partidista, gubernamental o "broncínea". Sobre todo, nos comprometimos a no intentar hacer una nueva historia oficial. Ni es posible, ni lo pretendimos nunca. ¿Para qué citar numerosas declaraciones al respecto? Mejor recomiendo a Patricia Galeana, y a cualquier otro interesado al respecto, que revise los temas de los foros organizados por el INEHRM desde octubre de 2001, que analice la composición ideológica e institucional de los ponentes, que revise nuestra producción editorial, y que revise los temas de estudio y las perspectivas ideológicas de los ganadores de nuestros premios y becas. Hemos sido puntillosos en cuanto a fomentar una historia plural, incluyente, sin olvidos ni maquillaje, una historia de todos y -si se atiende al carácter general de nuestro público- para todos.

Concluyo: no sé qué partido político ganará las elecciones de 2006, 2012, 2018 y así sucesivamente. Pero el compromiso del INEHRM, y de la parte de la Secretaría de Gobernación a la que está adscrito, es heredar un Instituto activo y serio; sobre todo, una institución comprometida con la historia del país. Una institución con un marco de labores amplio para que los próximos directores y sus Consejeros, siempre destacadísimos historiadores, cuenten con el respaldo normativo adecuado para poder fomentar el estudio –con becas, premios, foros y publicaciones- de todo nuestro proceso histórico nacional. En resumen, el Anteproyecto de transformación del INEHRM busca impedir que se vuelva a hacer historia "broncínea" y legitimadora.

Recuérdese, por último, que el INEHRM no hace investigaciones directas, y que mucho menos hace definiciones ideológicas. Lo que hace es fomentar estudios hechos por los colegas. Serán éstos los que digan en qué consistieron los procesos históricos que han transformado nuestro país.

ATENTAMENTE
Javier Garciadiego.
Director General del INEHRM

jueves, 31 de marzo de 2005

Historia: ¿Ciencia Social o Humanidades?

Para algunos parecería una pregunta pertinente, sin embargo, su servidor se formó en un mundo académico (1984-1990), en el cual la pregunta ni siquiera se podía plantear, ya que implicaba dudar sobre que la historia era una ciencia social de pleno derecho. Discutíamos los argumentos en contra de la ciencia histórica como tal, desde las llamadas ciencias duras, y si el método hipotético deductivo era el único con calidad científica, pero nunca nos cuestionamos si nuestra disciplina, estudiada en la Universidad de Guadalajara (Facultad de Filosofía y Letras), era parte de las Ciencias Sociales.

Ha sido en estas regiones donde me he tenido que enfrentar con la idea de clasificar a la historia como parte de las Humanidades, sin que nunca existiera una discusión sobre qué se entiende por las Humanidades, ni por qué es necesario establecer una clasificación mayor a las de ciencias sociales y naturales, por qué permitir nuestra propia descalificación cayendo en el juego de las nomenclaturas discriminatorias: como no haces lo que yo hago no eres como yo, ergo, eres inferior. El no reconocer que este es un juego sociopolítico discriminatorio e intolerante, me parece preocupante de la parte pensante universitaria.

Si aceptamos que la historia es parte de las Humanidades, es aceptar que sea clasificada como un “arte menor”, y el devenir histórico de la ciencia histórica en nada mas en el México contemporáneo, no hablemos de las Escuela de los Anales, la microhistoria italiana o del marxismo histórico británico, nos muestra lo errado e ignorante de esta clasificación.

Así, resulta paradójico que mientras en nuestra región se clasifica a la historia como parte de las Humanidades, que a fin de cuentas no debería de existir tal nomenclatura, el Observatorio laboral (http://www.observatoriolaboral.gob.mx) de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (sí, la de Abascal), establece que dentro de la clasificación de las Ciencias Sociales se encuentran: Derecho; Ciencias Políticas y Administración Pública; Ciencias de la Comunicación; Sociología, Trabajo Social y afines; e Historia. No obstante, esta instancia de gobierno también cuenta con el estanco de las Humanidades donde establecen a: Filosofía; Psicología; Teología y Religión; y Antropología y Arqueología.

En una modernidad tardía con una tendencia cada vez mayor hacia la transdisciplina desde la intradisciplina, como es posible que sigamos discutiendo la nomenclatura positivista decimonónico de las ciencias humanas, es decir de las ciencias que ejerce el ser humano, ya que sin el elemento humano ni la física cuántica existiría, así como la literatura o la historia. En un mundo globalizado, bajo la crítica postmoderna, por qué proponer un conglomerado disciplinario como la licenciatura en Humanidades: especialista del todo y conocedor de nada.

miércoles, 16 de marzo de 2005

HaD con los historiadores de Nuevo Leon

HaD con los historiadores de Nuevo Leon.
Date: Thu, 10 Mar 2005 16:33:29 +0100

¿Hacia dónde vamos? El devenir de las ciencias humanas

Al H. Congreso de la Unión.
Al ciudadano presidente Vicente Fox Quesada.
Al ciudadano Secretario de Educación Reyes Tamés Guerra.
A la opinión pública.

Antropólogos, arqueólogos, artistas, abogados, científicos, filósofos, historiadores, intelectuales, investigadores, periodistas, maestros y estudiantes leímos con incredulidad la nota publicada en este diario el pasado 9 de febrero con la información “Desaparecen las carreras de historia y filosofía en la UANL; el mercado, la causa”. Por este conducto queremos manifestar nuestro profundo rechazo a esa medida.

En 1989, cuando cayó el Muro de Berlín y la mirada atónita del mundo se volcó hacia la reflexión del saber humano, se dio nuevamente lugar a las preguntas del ser y su historia. Ni la certeza, ni la fatalidad, ni el subjetivismo, ni el objetivismo extremos cobijaron aún más nuestro saber en la historia. Esta crisis del pensamiento moderno nos condujo a nuevas formas de mirar, interpretar y comprender qué es lo que hemos venido siendo. Desde entonces y hasta la fecha, el trabajo intelectual de todos los humanistas ha intentado resolver esas preguntas sobre el ser y el tiempo, el origen y el sentido de mujeres y hombres, de civilización y cultura, de tradición y modernidad. La experiencia contemporánea de ruptura entre tradición y modernidad nos alejó de pensamientos totalitarios, determinismos epistemológicos que excluyeron nuestra diversidad interna y externa. Ser como uno, ser como otro y con los otros constituye esa nueva manera de entendernos en la historia.

En este sentido, la crítica como eje constructor de ese venir siendo abrió nuevos horizontes y trazó nuevas expectativas que reflejaron la fragilidad de la conciencia histórica del mundo y sus habitantes: nosotros mismos. Diversos escenarios y distintos protagonistas de la realidad histórico-social, en todas las latitudes del orbe, exigen ser analizados con agudeza, pertinencia y claridad. La tarea, entonces, de pensarnos ante las calamidades del siglo que terminó y las incertidumbres del siglo que comienza, manifiestas en la injusticia, la pobreza, el racismo, el resurgimiento de los nacionalismos extremos, la identidad, el abuso del poder y la guerra, es ineludible e impostergable, porque con voz propia, los historiadores, los filósofos, los sociólogos y los antropólogos construyen un ámbito de reflexión siempre abierto a nuevos caminos, experiencia crítica que obliga a ser interpelados desde el diálogo universal.

El mundo que vivimos nos recuerda a cada instante que los usos y abusos de la memoria hacen imprescindible reconocer que el acto de pensar y estar vivo son una misma cosa de nuestra condición humana. En estos tiempos se hace particularmente evidente la necesidad de reflexión; en América Latina los conflictos armados, la inestabilidad económica, política y social, la integración étnica, entre otros, sugieren la intervención del quehacer histórico-filosófico.

Nunca como hoy, alarmados por el tiempo nublado, y no menos indignados por el amenazante cierre de las licenciaturas de Historia y Filosofía en la Universidad Autónoma de Nuevo León, creemos los pensadores sociales en la importancia de la historia y la filosofía como pilares de las ciencias. En todas las culturas y en todos los tiempos, el saber reflexivo ha constituido la esencia misma del conocimiento.

Quienes suscribimos esta carta sabemos de la virtud y vocación académicas con que se han venido desenvolviendo estudiantes y profesores de Historia y Filosofía en la UANL. Por su entereza y calidad moral exhortamos a la comunidad estudiantil a que defiendan, y a todos los espacios de conocimiento en este país a que no desistan en su férrea lucha contra el pragmatismo político y económico de quienes ensombrecen la educación en México, semillero de pensadores ante una realidad oportunista y voraz que no refleja de manera alguna las necesidades sociales del país y el mundo.

Hacemos también un llamado a las autoridades educativas de las distintas dependencias a que reconsideren cuáles son las vías de expresión por las que conducen los destinos del saber y la cultura en México.

Rechazamos categóricamente las “razones” absurdas y mezquinas con que buscan respaldar la desaparición de estas carreras. La lógica economicista expone de manera burda el argumento del desempleo como si esto resolviera la situación crítica laboral que vivimos los mexicanos.

Nos sumamos a esta protesta:

Universidad Nacional Autónoma de México Académicos: Dra. Mercedes de la Garza (directora del Instituto de Investigaciones Filológicas), Dr. Boris Berenzon, Dr. Alfredo López Austin, Dr. Jorge Alberto Manrique (investigador emérito), Dra. Georgina Calderón, Mtro. Rafael Guevara, Mtro. Alberto Betancourt, Mtra. Valentina Cantón, Mtro. Mario Aguirre Beltrán, Dra. Andrea Sánchez, Mtro. Felipe Ramírez, Dr. Alberto Constante, Dra. Verónica Ibarra, Mtra. Gloria Villegas, Dr. Miguel Soto, Dra. Rosa Camelo, Dr. Álvaro Matute (investigador emérito), Dra. Evelia Trejo, Lic. María Luisa Flores, , Dra. Helena Beristáin (investigadora emérita), Dr. Mauricio Beuchot, Dra. Esther Cohen, Arqlgo. Tomás Pérez, Dr. Jorge Ramón Gónzalez, Araceli Nava, Dr. César González Ochoa, Dra. Alejandra Vigueras, Mtro. Lorenzo Ochoa, Lic. Arturo Gómez Arqlgo. Carlos Álvarez. Vicente Leñero (escritor), Antonio Garci (Caricaturista, Periodista), Roberto Jonson (Psicólogo), Pedro Friedeberg (Pintor), David Huerta (escritor), Verónica Murguía (periodista y escritora) Estudiantes de licenciatura, maestría y doctorado: Gerardo Pérez Cortés, Mónica Dávalos, Desiree Gasca P, Eugenia Gutiérrez, María Elena Vega V, Gustavo Garibay L, Blanca Uribe M., Hildebrando Castro G., David Muñiz, Felipe A. Cobos, Virginia Gómez C., Rosaura Mitra, Artemisa Téllez, Diana González, Seppe De Verésse-Pietas, Silvia Palma, Jesús Antonio García, Delia Huaracha Q. Marco Tulio Testón, Marisol Gómez G., Mariana Solís L, Nadia Aguilar, Óscar Ruiz Garay, Nohé Salcedo U., Fernando Díaz, Diego Amendolla, Lorena Botello, Abraham Navarro García, Abraham Villavicencio, Ernesto Leyva G. Pilar Salazar, Laura de la Torre H, Juan Manuel R, Liliana Sáinz, Fernando Rigel Vera, Teresa Barrera, José María Gallegos, Blanca Adriana Camacho, Gabriela Mejía, Claudia Morales, Delia Domínguez, Iván Martínez, Claudia Amador, Eduardo Alfonso Reyes, Berenice Camacho, Erika Madrigal H., Carlos Benavides, Sonia Martínez, Karla Ureña, Armando Salazar, Demián Soto, Itzel Ávila, Óscar Morales, Jesús Hernández, Édgar Flores, Ángel Vega, María Elena Villalobos, Argelia Segovia, Libertad Arguello, Juncia Avilés, Óscar Uriel Palma, Verónica Mariana Mendoza, Larissa Guadarrama, Estela Luna, Hedeley Venancio, Cristian Uriel García, Bárbara Hernández, Elvia Reyes, Sandra Rayón, Alan Llanos, Laura Uribe, Alef Pérez, Óscar Daniel García, Aline Padilla, Gabriela Delgado, María Alejandra Pérez, Llamil Mena, Enrique González, Germán Sosa, Juan Ignacio Carmona, Wiliams Hernández, Diana Salazar, Juan Ramón Martínez, Claudia Soriano, Nancy Rodríguez, Aleida García, Verónica Reyes, Osvaldo Hernández, Jorge González, Úrsula Mares, Ti Quip Fernández, Harí Fair.

RED Internacional de Historia a Debate Santiago de Compostela, España. Dr. Carlos Barros, presidente. Dr. Israel San Martín, Secretario Red Internacional de Historia a Debate Santiago de Compostela, España; Dr. Anibal Quijano, Dra. Amelia Galetti Universidad Autónoma de Entre Ríos; Dr Raúl Dargoltz. Profesor de Historia de la Univ. Nacional de Santiago del Estero. Argentina Investigador del CONICET (Consejo Nacional de Investigación, Ciencia y Técnica). Coordinador de la Cátedra Libre de Derechos Humanos (UNSE) Universidad Iberoamericana. Israel Ramírez.

Para adhesiones a este pronunciamiento: humanhisfilos@hotmail.com

Responsables de la publicación: María Elena Vega Villalobos y Gustavo Garibay López, Facultad de Filosofía y Letras.

Historia a Debate
E-mail: h-debate@cesga.es

Página web: www.h-debate.com

martes, 15 de marzo de 2005

En recuerdo de Manuel Clouthier

Me ha llamado la atención la renuncia de Tatiana Clouthier al PAN, por divergencias con su nuevo presidente, de oscura memoria y que no merece ser nombrado, ya que la recuerdo muy joven junto a su padre en un mitin político en Guadalajara, que creo que en un auditorio por la zona de la Normal, eso fue como en 1988, ya me escucho como abuelito, allá en mis tiempos…

Por razones familiares he seguido muy de cerca al panismo, sobre todo al bajacaliforniano, así como por mi interés en la política mexicana, pero siempre me he considerado de izquierda, de Samborns pero de izquierda, y me llama la atención la falta de visión, vieja característica del panismo (que no del neopanismo, que es otro), frente ante las muy evidentes señales de descomposición de su partido, y sobre todo esa defensa a ultranza de los gobiernos surgidos del panismo y del neopanismo, sin reconocer que muchos elementos sospechosos, por decir lo menos, se les han encaramado y les están causando serios problemas.

Tatiana dice que Luis H. Álvarez busca crear un movimiento interno que recupere al partido de las manos del neopanismo, sin embargo fueron los oldies, como se les conoce por acá quienes dieron el paso y les entregaron el partido al neopanismo, bajo la promesa de que les conseguirían triunfos electorales, lo que hicieron, pero nunca se preocuparon el costo de esta estrategia, y sobre todo el de no haber puesto los suficientes controles para no tener que “recuperar” al partido, como tuvo que ocurrir en Baja California desde hace dos años, que por fin el panismo ancestral (aunque representado por segundas y terceras generaciones), logró controlar al neopanismo tribal que estaba surgiendo: ruffismo, catalismo, neoruffismo, etc.

En el momento que el panismo que tuvo que luchar, desde los cincuenta del siglo XX, por construir un movimiento político con ciertos principios lo recupere y reconozca que la sociedad ya no está para darle un voto de confianza ciego a cualquier gobierno por 70 años y después ver si realmente era bueno, honesto y responsable. Debe volver el panismo que se comprometía a dar a conocer principios políticos, se ganara o no, porque lo único que veo ahora son aspirantes a puestos públicos, sin importarles la institución política que los propone, y ya “emponderados” buscan modificar al partido para hacerlo a su imagen y semejanza.

martes, 8 de marzo de 2005

Olga Wornat dice:

“Hago aquí una reflexión: ¿Tienen los políticos derecho a una vida privada? ¿Los periodistas podemos develar datos de su intimidad? Creo que la respuesta a la primera pregunta es sí, siempre y cuando su práctica cotidiana no entre en contradicción con sus declaraciones políticas. Pero cuando en el personaje en cuestión se diluyen los límites entre lo público y lo privado, y sus actos personales influyen en su desempeño oficial, la obligación del periodismo es tratar de desentrañar quiénes son realmente esas personas a las que se les ha atribuido un valor emblemático.” (Proceso, 1478: 9)

miércoles, 2 de marzo de 2005

Por qué no leer la carta de Rosario Robles, ni saber sobre la boda de Tony Garza.

Me pregunto ¿hasta dónde deben llegar los medios en la vida de los personajes públicos? Como considero que si se debe respetar ese espacio privado de la vida pública de los políticos, es que me negué a leer la carta de Rosario Robles, la enamorada, a Carlos Ahumada, su amante.

Por su parte Denise Dresser señala que Robles “no entiende que su error no fue una relación personal; fue no entender que esa relación –con esa persona en particular—entrañaba, desde el primer día, un conflicto de interés. Un conflicto de interés que ponía en jaque el interés público” (Proceso, 1477: 70) En lo que concuerdo, pero eso no nos da derecho a inmiscuirnos en la vida amorosa de Robles y Ahumada, ¿qué gano como ciudadano al leer la misiva de amor?, ¿mejora mi comprensión de las corrupciones gubernamentales?, ¿me permite plantear mecanismos para impedirlos?, ¿qué, ahora se reglamentará cuáles amantes te convienen?, porque la ley de responsabilidades de los funcionarios públicos no solo existe, sino que es bastante eficiente, si existe la voluntad política de aplicarla, que debe incluir la profesionalización de los auditores internos y no que sean “bancas”, al muy estilo priísta, para los panistas sin trabajo.

Con relación al matrimonio del embajador Tony Garza, ¿qué me importa como ciudadano mexicano si se casa y si lo hace por conveniencia? Proceso, en su número 1477, nos informa de la noticia con el titular: “La millonaria y el embajador: matrimonio por conveniencia”, ¿Y? Ni la millonaria lo ha sido robando al erario público, ni el embajador ha hecho política en el ámbito mexicano, entonces ¿qué nos importa que se casen por conveniencia o por amor?, ¿dónde está el interés público y ciudadano en esta noticia?, ¿por qué dedicarle tal espacio en un “seminario de información y análisis”, como es Proceso?

Todo indica que los Reality Show y los programas sobre el “espectáculo”, están ganando espacio en los medios más serios, y estos caen en sus estrategias, pero me niego a seguir tal tendencia, no leeré la carta de Rosario Robles y no me interesa el matrimonio del embajador Tony Garza, así si la candidata del PRD al Estado de México es “hija abandonada” de una “hija natural”, ¿dónde está el interés público en saber ese pasado de la candidata?, ¿la hace una mala candidata por ser hija de una hija natural? Me parece realmente ofensiva la intromisión del periodista de La Jornada, en este asunto, a mi parecer se hizo cómplice de una estrategia de desprestigio orquestada desde Pachuca, pero eso les está saliendo el tiro por la culata, ya que a todas luces fue una bajeza.

La ciudadanización de la política no debe implicar la vulgarización de los medios de análisis en mero show y medio del espectáculo.

viernes, 4 de febrero de 2005

National Treasure. The Movie or the Ideology?

Con el nombre de “La Leyenda del Tesoro perdido”, se ha exhibido en nuestro país la película “National Treasure” con el estelar de Nicolas Cage. En esta se propone que Benjamín Franklin Gates (N. Cage), ¿acaso pariente de William “Bill” Gates?, es el heredero de la tradición familiar de la búsqueda de El Tesoro, no cualquier tesoro, sino aquel que fue conformado por el transcurrir de los tiempos por las leyendas más dispares de la tradición occidental, desde los antiguos egipcios, pasando por romanos, hunos, cruzados, hasta llegar a los masones y de ahí a algunos de los firmantes de la Declaración de la Independencia de las trece colonias inglesas americanas.

Como es de imaginar en tres segundos “explican” como se conformó semejante tesoro y como llegó a América, no el continente, sino la de ellos, y pues si podemos resumir una supuesta historia de tres mil años con unas cuantas escenas inconexas, pues que nadie se asombre si se juntan masones, fracmasones y templarios, pues que más da. Lo importante es que los americanos, ellos, son los herederos de El Tesoro, es decir de la herencia occidental mediterránea y son sus actuales custodios, obviamente oculto bajo Manhattan, New York, ¿cómo se atreven a suponer otro lugar?

Lo realmente interesante es que es una argumentación para niños (y las chiquillas diría Foxpinocho, pues me vale) que gatean y balbucean, de cómo los americanos, ellos, son los herederos de la tradición occidental y obviamente los malos están encabezados por un millonario de dudosa reputación (¿existe alguno que no lo sea?), con una fuerte influencia aria, ¿por qué será? A los cuales se enfrenta Ben Gates con su gran ingenio, que la verdad es de una simpleza rampante, al estilo del “Códice Da Vinci”, la obviedad andante. ¿Cómo se extraña a Agatha Christie? Lo que se conjuga que una verdaderamente patética actuación de Nicolas Cage, buscando a sus cerca 50 años parecer un nuevo Indiana Jones, siendo una mala imitación de las legendarias actuaciones de Harrison Ford, pero sobre todo en las escenas de padre e hijo, que son un pálido reflejo de las de Ford y Sean Connery, “Indiana Jones y la última cruzada”.

Si los americanos, ellos, quieren ser el nuevo imperio, mínimo es de pedirles que se contraten publirrelacionistas eficaces e inteligentes, y no tener que padecer discursos realmente mediocres y bobos. Por cierto, que al cambiarle o traducir el título de la película se pierde mucha de la fuerza discursiva de la propuesta cinematográfica, “National Treasure”, se traduciría como Nuestro tesoro el que nos pertenece por el destino manifiesto y por la gracia de Dios.

viernes, 14 de enero de 2005

¿De qué se ríe señor ministro?, de qué se ríe.

Con motivo del atentado del 11 de marzo en España, el Partido Popular perdió las elecciones, regresando el PSOE al poder con José Luis Rodríguez Zapatero. Mucho se ha discutido si se politizó el atentado para afectar las elecciones, que si unos mintieron y ocultaron, y los otros exacerbaron para lograr su victoria. Esta discusión continuó en la Comisión parlamentaria durante meses, hasta que la Asociación de las Víctimas del 11-M, comparecieron ante la misma, en la representación de la Sra. Pilar Manjón, y con toda la dignidad de una mujer y madre, les dijo:

“De lo que estamos hablando, señorías, es de la muerte y de las heridas de por vida padecidas por seres humanos; de pérdidas que nos han llenado de desolación y amargura, en el mayor grado posible. ¿De qué se reían, señorías? ¿Qué jaleaban? ¿Qué vitoreaban en esta comisión?” (Proceso, 1471: 42-43)

Esa expresión me recordó aquella letra de Mario Benedetti y que cantaba Nacha Guevara, donde decía “¿De qué se ríe señor ministro?, de qué se ríe”, refiriéndose a los gobernantes argentinos de la década de los setenta, y que podemos ampliar a todos los represores de esas épocas, que creían que la justicia nunca los alcanzaría, y por lo menos Augusto Pinochet y otros ya no se ríen de la misma manera.

También me recuerda a las imágenes de nuestros políticos, siempre risueños, a pesar de que nuestro país se encuentra fuera de rumbo, salvo la macroeconomía, y sin proyecto de nación a mediano o largo plazo: “¿De qué se ríe señor ministro?, de qué se ríe”. A un secretario de Hacienda que dice que bueno a lo mejor la siguiente administración federal realizará lo que debieron hacer ellos: “¿De qué se ríe señor ministro?, de qué se ríe”. Como no recordar a Jorge Catalán y su menosprecio de los ensenadenses, o al diputado Juan de Dios Castro que dijo “No me hable de tu… de tu irrespetuoso”: “¿De qué se ríe señor ministro?, de qué se ríe”.

Como hacen falta ciudadanos como Pilar Manjón y que pongan en su lugar a los políticos y funcionarios, o como aquel estudiante anónimo que impidió el paso de un tanque en la plaza de Tian-an-men. Sin los ciudadanos todos ellos no son nada: “¿De qué se ríe señor ministro?, de qué se ríe”.

lunes, 3 de enero de 2005

Senadores del gobernador.

El pasado 14 de diciembre, en la página del senador Héctor Osuna Jaime (www.hectorosuna.org), apareció un boletín de prensa, que muchos medios reprodujeron casi literalmente, destacando su propuesta de crear lo que su oficina denomina Senadores de estado. Los cuales vendrían a sustituir los actuales 32 senadores plurinominales.

Primero quisiera aclarar que el Senado de la República fue creado para ser garante del pacto federal, por lo cual cada estado estaba representado en igual proporción, sin importar su tamaño geográfico, demográfico o económico. Dos senadores por cada estado mantenían la representación del pacto federal de los Estados Unidos Mexicanos. A partir de la década de los ochenta nuestra democracia electoral fue cada vez más, secuestrada por los partidos y de ahí aparecieron los senadores de primera minoría: el candidato perdedor con el mayor número de votos. Así, quedamos con tres senadores por cada estado: 96 senadores.

Después, con esta proceso de convertir la democracia electoral en un botín de guerra, y los partidos en agencias de empleo, apareció la mayor de las incongruencias de nuestra llamada democracia nonata: los senadores plurinominales, que no representan a ningún estado, sino a circunscripciones con base en el volumen de población: quedando sobre representada la zona metropolitana de la Ciudad de México con más de once senadores, como bien señala el senador Osuna Jaime. Mientras que algunos estados cuentan con solo los tres senadores: dos por mayoría y uno de primera minoría.

Pero a que no sabes quiénes son estos senadores plurinominales, pues para muestra un botón: Manuel Bartlett Díaz (PRI), Luis Colosio Fernández (PRI), Emilio Gamboa Patrón (PRI), Jesús Enrique Jackson Ramírez (PRI), Ramón Mota Sánchez (PRI), Carlos Rojas Gutiérrez (PRI), Humberto Roque Villanueva (PRI), Dulce María Sauri Riancho (PRI), Luisa María Calderón Hinojosa (PAN), Diego Fernández de Cevallos Ramos (PAN), Fauzi Hamdan Amad (PAN), Carlos Medina Plascencia (PAN), José de Jesús Ortega Martínez (PRD), entre otros (www.senado.gob.mx).

Pero en vez de proponer la eliminación de estos 32 senadores plurinominales, que en sí son una agresión al pacto federal y la equidad de representación de las entidades libres y soberanas que integran los Estados Unidos Mexicanos, el senador Osuna Jaime propone los “senadores de estado”:

“En su iniciativa, el senador Osuna Jaime contempla otorgarle a los estados la facultad de elegir a un senador por cada entidad federativa, conforme al siguiente procedimiento: a) El Gobernador propone una terna de candidatos. b) El Congreso local, con el voto de las dos terceras partes de sus miembros, y la mitad más uno de los ayuntamientos del estado correspondiente, eligen al más apto de esa terna como Senador. c) Se mantiene el sistema vigente de los otros tres senadores por cada estado electos bajo los principios de mayoría relativa (2) y primera minoría (1). d) Entonces, cada estado de la República tendrá cuatro senadores que los representen, incluyendo el Distrito Federal.”

Para mí, en realidad se transfiere una de las funciones de las agencias de empleo llamadas partidos políticos, a los gobernadores. Ya que en vez de que las cúpulas partidistas elaboren las listas de los posibles senadores plurinominales, ahora lo haría el gobernador en turno, consolidando con mayor fuerza los clientelismos estatales que tan poderosos se han convertido en los estados con gobiernos priístas, sobre todo a partir del 2001. Todo indica que la propuesta de Osuna Jaime es preparar el terreno para que el panismo deje la Presidencia de la República y se refugie en las clientelas estatales capitaneadas por los gobernadores, como lo hizo el PRI.

Por qué no, simplemente eliminar esos 32 senadores plurinominales y quedarnos con los 96 senadores de mayoría y primeras minorías, si se revisa la página del Senado y sus miembros por estado, se verá que hasta ahí estamos bien representados todos los ciudadanos, salvo las muy pequeñas minorías, que en la Cámara de Diputados se compensa de cierta manera. Basta de que los poderes federales y estatales sean agencias de empleo de inútiles.

miércoles, 15 de diciembre de 2004

Los otros Alejandros.

Como bien me lo han señalado, podemos sacar mucha leña de la película de Oliver Stone, “Alexander”. Estaría todo el asunto de qué versión de la mitología alejandrina fue la que siguió Stone, además de cuál fue el sujeto histórico conocido como Alejandro Magno o el Grande, soberano de Macedonia.

El haber sintetizado mucho de la historia conocida de Alejandro, sin mencionar de lo dejado afuera de la leyenda guía que escogió el director, así como los guionistas, provocaron un personaje poco claro e incongruente, que fue algo que también padece la película de “Troya”, donde el asedio de la ciudad-estado dura 15 días en la película y al menos un año en la historia de Herodoto, o el no explicar la leyenda de la fuerza e invulnerabilidad de Aquiles, y entonces al final de la película el público exclamó, “Ah! Por eso lo del talón de Aquiles”.

Mucho se ha dicho que a las películas, sobre todo de Hollywood, no les debemos pedir rigorismo histórico, recuérdese “Zapata”. No obstante, si se desea contar una historia (story) creo que no necesitan variar la versión histórica (history), ya que en general la historia es bastante ricas en personajes, situaciones, conflictos, pasiones, etc. Pero en fin, así es el mercado dirían los especialistas en mercadotecnia.

Por último y con relación a la versión histórica del sujeto en específico, y el comentario de una compañera de que Colin Farell “es un dios” y no importa cómo lo vistan o decoloren, creo que desde la perspectiva de la actuación y la selección de reparto no fue la opción adecuada, y como diría un amigo menos un Alejandro con acento irlandés. En una entrevista, creo que con Jay Leno, Farell señaló que lo difícil del personaje fue tener que rasurarse el cuerpo completo para el personaje de Alejandro, me pregunto alguien recuerda un griego lampiño: ¿por qué Alejandro debía ser rubio y lampiño? ¿De cuál Alejandro Magno nos habló Oliver Stone?

miércoles, 8 de diciembre de 2004

Alexander’s closet

Recientemente vi la película de Oliver Stone, titulada "Alexander", que se refiere a la vida del muy conocido, por nombre, Alejandro Magno. Tiene la misma factura de otra película reciente y de aspiraciones de epopeya: "Troya", estelarizada por Brat Pitt. Ambas, aspiran a aquellas viejas épocas doradas de las superproducciones de Hollywood, como "Cleopatra" o "Los cañones de Navarone", solo por nombrar algunas.

No obstante los abundantes recursos de postproducción computarizada, que agregó los magníficos escenarios de la Babilionia dariana, el impacto visual es leve, acostumbrados a "El señor de los anillos", pero también las actuaciones son burdas, poco creíbles, salvo el excelente trabajo de Angelina Jolie, como Olimpia. El aferrarse a que el papel de Alejandro Magno lo hiciera Colin Farrell me pareció desastroso, ya que nunca pasó por un joven de 20 a 25 años (la mayoría de la película), hijo de Olimpia (Angelina Jolie), a pesar que a ésta la tuvieron que envejecer.

Algo que me parece rescatable es haber abordado el tema de la homosexualidad en el mundo helenístico (que no de la Grecia clásica, que es otra época), pero lo que es patético es que le transfieran a Alejandro Magno el sentimiento de closet del siglo XX, que resulta desconcertante entre escenas de personajes secundarios tomando con total naturalidad sus preferencias sexuales, como en las culturas helenísticas ocurrió. Además, que las escenas entre Alejandro y Hefestión, son de un ridículo meloso impensable en este momento histórico: Alejandro puede matar a uno de sus generales frente a todos (que momentos antes le celebraron besar a un bailarín andrógino), pero se tenía que esconder, incluso de su servidumbre, para estar con Hefestión.

Creo que otro aspecto que contribuyó a las desastrosas actuaciones de Farell, es que no se creyó el enamoramiento de Alejandro y de Hefestión, a pesar de largas escenas de miraditas de corderos a medio morir, sólo se atreven a un beso, pero en cambio la escena de la noche de bodas de Alejandro y Roxana, me recordaron las malas películas de softporn, que pasan en las televisoras “liberales”: mucho movimiento de las tetas de las mujeres, mucho jadeo de los hombres y nada más, y para colmo como metáfora del orgasmo un paisaje “artístico”.

Una de las partes más rescatables, junto con la actuación y personaje de Angelina Jolie/Olimpia, fue la de Anthony Hopkins/Ptolomeo, ya que el Egipto ptoloméico fue una de las fuentes de la cultura helenística y desde donde se conservó gran parte del legado helénico y helenístico (y por tanto de la leyenda alejandrina), pasando esa herencia a la cultura árabe y de ahí de regreso a la cultura europea medieval. Me pareció muy acertado hacer de Ptolomeo el supuesto narrador de la “verdadera historia” de Alejandro Magno, y creo que su última expresión es una síntesis de la postmodernidad: “es preferible matar a los soñadores, que seguirles el paso”.

martes, 7 de diciembre de 2004

Entre el señor del caos y la conspiración de los herejes

"Lo que te digo es que el caos es inevitable. La cuestión que se plantea es: si nosotros no participamos, ¿quién lo hará? [...] Desata el caos en la gente y no tardarán en acudir a los generales en busca de protección."
Profr. Hermann Lundsdorf



Aunque no lo crea el lector o la lectora, para estar ridículamente de moda, no voy a hablar sobre Vicente Fox y el grupúsculo que desde Los Pinos trata de perpetuarse en el poder, ni de George W. Bush y los grupos de intereses petroleros, ni mucho menos de Jorge Catalán y de los neopanistas ensenadenses, sino de novelas históricas, pero creo son muy aleccionadoras de lo pequeño de las actuales “conspiraciones” de la política “real”.

Es extraño como me ido adquiriendo de novelas históricas de diversa estructura, desde las clásicas memorias de personajes históricos hasta obras detectivescas, algunas de las cuales creadas con el fin, alcanzo a percibir, de explicar a alumnos universitarios ciertos aspectos teóricos. Tal es el caso de Jonathan Rabb, doctor en Teoría Política por la Universidad de Columbia y profesor sobre el Pensamiento político moderno en Columbia College. Rabb a escrito dos novelas exitosas: El señor del caos (Ediciones B, 2000), que apareció originalmente en inglés en 1998, y La conspiración de los herejes (Ediciones B, 2001), su edición en inglés fue del mismo año. En otro momento, escribiré sobre otro ejemplo de esta posible subdivisión de novelas históricas-detectivescas, como es Los secretos de la diosa de Brenda Gates Smith (Ediciones B, 2000)
El señor del caos, trata de la utilización del manuscrito “Sobre la supremacía”, de Eusebius Eisenreich (supuesto contemporáneo de Nicolás Maquiavelo), y que se reproduce al final de la obra, por un grupo de personas que buscan controlar el gobierno de los Estados Unidos. El texto renacentista es una especie de manual para poder provocar el caos, en todos los niveles y esferas, y así poder tomar el control de la sociedad como sus salvadores. De esta novela resulta interesante que el personaje central es un profesor universitario que lucha, por circunstancias aparentemente externas, contra este grupo político conspirador, logrando desarticular la red de células terroristas internas.

La teoría de la conspiración es el eje central de la trama y la novela resulta sumamente didáctica para entender esta propuesta teórica, que resulta interesante verla planteada como la intriga de un grupo interno aprovechando fobias externas, y más que se escribió antes de los atentados de las Torres Gemelas de Nueva York (11 de septiembre de 2002). Mucho se ha dicho sobre la teoría de la conspiración o del complot, es decir que detrás de actos aparentemente inconexos existe un individuo o grupo que están orquestando todos los sucesos, como si la sociedad fuera un gigantesco tablero de ajedrez, pero siempre está presente como posible argumentación.

Por su parte, La conspiración de los herejes, se centra en la búsqueda de un manuscrito denominado “Hagia Hodporia”, que se supone es el evangelio Q o “Die Quelle” (la fuente) a partir del cuál realizaron sus evangelios los apóstoles Mateo y Lucas, y que comprendería el relato de la vida de Jesús entre los doce y los 30 años de edad. Además, en la trama, se redescubre que la secta maniquea había sobrevivido hasta nuestros días y buscaba retomar el poder e imponer su idea de Dios a través de colocar a un papa maniqueo.

En esta obra se plantea que el manuscrito rebelaba la idea de la no resurrección de Jesús y que éste estaba en contra de las estructuras jerárquicas. Estos son temas de tomar en cuenta, aunque creo que también muestran que la Iglesia católica está inmersa en una gigantesca mayoría de católicos funcionales, los cuales estos aspectos teológicos les son indiferentes. En otras épocas se quemaron a hombres y mujeres por interpretaciones sutiles sobre la resurrección de Jesús, y ahora podemos ver pasar novelas o películas (El cuerpo con Antonio Banderas), que plantean estos aspectos, y nadie reacciona. Mientras no se atente contra la estructura de poder y privilegios de la jerarquía católica, podemos plantear cualquier supuesto teológico, pero además creo que como católicos funcionales nadie recuerda, o la mayoría, preceptos fundamentales, en otros momentos históricos, de la religión mayoritaria de este país.

Regresando a ambas novelas, existe un aspecto que me había pasado desapercibido en mis primeras lecturas, que es que el personaje central de El señor del caos, es un joven profesor universitario que hacia el final descubre que su maestro más cercano fue el que creó las circunstancias para inmiscuirlo en el complot, y en La conspiración de los herejes, es un joven sacerdote con formación académica quien es de la misma manera introducido en la conspiración por su maestro religioso y confidente. En ambas narraciones se presenta una relación de maestro-discípulo, en la cual los primeros buscaban transmitir su obra al segundo, los contemplan como herederos de toda la conspiración fraguada por décadas o centurias, pero ambos se rebelan y de cierta manera provocan la muerte de sus maestros, así como dejan en un aparente estado indefinido de manera permanente a las conspiraciones (no logran desarticular las células, solo dejan sin líderes a los movimientos) Reflexionando existe un fondo de rebelión padre-hijo muy interesante en la obra de Rabb.