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Mexicali, Baja California, Mexico
Historiador por la Universidad de Guadalajara y El Colegio de Michoacán, con un breve momento oscuro en El Colegio de la Frontera Norte. Nacido en Durango, criado y creado entre Ensenada, Ameca y Guadalajara, y ahora radico en Mexicali: es decir un jalisquillo fronterizo de origen duranguense, pero no bailo pasito duranguense (mucho menos tribal).

Lo que leo

Miguel León-Portilla, Independencia, Reforma, Revolución ¿y los indios qué?, ciudad de México, Conaculta / UNAM, 2011. [¿Me atreveré? Sigo sin atreverme, lo más probable que sea un mal rato...]

viernes, 4 de febrero de 2005

National Treasure. The Movie or the Ideology?

Con el nombre de “La Leyenda del Tesoro perdido”, se ha exhibido en nuestro país la película “National Treasure” con el estelar de Nicolas Cage. En esta se propone que Benjamín Franklin Gates (N. Cage), ¿acaso pariente de William “Bill” Gates?, es el heredero de la tradición familiar de la búsqueda de El Tesoro, no cualquier tesoro, sino aquel que fue conformado por el transcurrir de los tiempos por las leyendas más dispares de la tradición occidental, desde los antiguos egipcios, pasando por romanos, hunos, cruzados, hasta llegar a los masones y de ahí a algunos de los firmantes de la Declaración de la Independencia de las trece colonias inglesas americanas.

Como es de imaginar en tres segundos “explican” como se conformó semejante tesoro y como llegó a América, no el continente, sino la de ellos, y pues si podemos resumir una supuesta historia de tres mil años con unas cuantas escenas inconexas, pues que nadie se asombre si se juntan masones, fracmasones y templarios, pues que más da. Lo importante es que los americanos, ellos, son los herederos de El Tesoro, es decir de la herencia occidental mediterránea y son sus actuales custodios, obviamente oculto bajo Manhattan, New York, ¿cómo se atreven a suponer otro lugar?

Lo realmente interesante es que es una argumentación para niños (y las chiquillas diría Foxpinocho, pues me vale) que gatean y balbucean, de cómo los americanos, ellos, son los herederos de la tradición occidental y obviamente los malos están encabezados por un millonario de dudosa reputación (¿existe alguno que no lo sea?), con una fuerte influencia aria, ¿por qué será? A los cuales se enfrenta Ben Gates con su gran ingenio, que la verdad es de una simpleza rampante, al estilo del “Códice Da Vinci”, la obviedad andante. ¿Cómo se extraña a Agatha Christie? Lo que se conjuga que una verdaderamente patética actuación de Nicolas Cage, buscando a sus cerca 50 años parecer un nuevo Indiana Jones, siendo una mala imitación de las legendarias actuaciones de Harrison Ford, pero sobre todo en las escenas de padre e hijo, que son un pálido reflejo de las de Ford y Sean Connery, “Indiana Jones y la última cruzada”.

Si los americanos, ellos, quieren ser el nuevo imperio, mínimo es de pedirles que se contraten publirrelacionistas eficaces e inteligentes, y no tener que padecer discursos realmente mediocres y bobos. Por cierto, que al cambiarle o traducir el título de la película se pierde mucha de la fuerza discursiva de la propuesta cinematográfica, “National Treasure”, se traduciría como Nuestro tesoro el que nos pertenece por el destino manifiesto y por la gracia de Dios.