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Mexicali, Baja California, Mexico
Historiador por la Universidad de Guadalajara y El Colegio de Michoacán, con un breve momento oscuro en El Colegio de la Frontera Norte. Nacido en Durango, criado y creado entre Ensenada, Ameca y Guadalajara, y ahora radico en Mexicali: es decir un jalisquillo fronterizo de origen duranguense, pero no bailo pasito duranguense (mucho menos tribal).

Lo que leo

Miguel León-Portilla, Independencia, Reforma, Revolución ¿y los indios qué?, ciudad de México, Conaculta / UNAM, 2011. [¿Me atreveré? Sigo sin atreverme, lo más probable que sea un mal rato...]

jueves, 30 de marzo de 2006

Brokeback Mountain: la esperanza.


Estoy de acuerdo en que la película nos refleja una tierna y muy humana historia de amor, que en realidad cualquiera debería disfrutar, como podemos disfrutar todas esas viejas historias de amor “normal”, pero tampoco puedo negar que ese sentimiento de frustración es cada vez mayor, a pesar de la paradoja de que la denominada cultura gay cada vez esta ocupando mayores espacios públicos, pero siempre y cuando te mantengas en lo chistoso, recuérdese a Jack en William & Grace o el diseñador de aparadores de Mi novia es un maniquí. Si se puede caricaturizarlos, entonces es posible discriminarlos, golpearlos, asesinarlos, “ni los veo, ni los escucho”.

Pero si los “maricones” son dos vaqueros hoscos y rudos, pues la verdad ya es atentar contra las buenas costumbres. Algunos dicen que lo importante es que puedan existir Brokeback Mountain, pero recuerden que es una zona de refugio, no el paraíso lunamielero de cualquier heterosexual, sino un espacio no propio en el cual se busca expresar lo prohibido, ellos no escogieron su Brokeback Mountain, como muchos no lo hemos hecho, sino que es el único recurso que nos han dejado, y por tanto mi reflexión era que si realmente existe ese espacio de libertad o es sólo un recurso de la imaginación para evadir la realidad como en El hombre de La Mancha o en Brasil, Jack y Ennis no se ganaron su Brokeback Mountain, porque recuérdese que plantean la posibilidad de huir al México mítico, ni siquiera le permitieron a Jack que sus cenizas se esparcieran allí, el personaje del padre fue contundente, él tenía un espacio en su familia, la que lo controla y castra, hasta en la muerte.

¿Dónde está el Brokeback Mountain de cada uno de nosotros? Mi temor es que no existe ninguno, y eso fue lo que más me dolió de la película. Mucho se ha dicho de los derechos humanos, de los derechos a la diversidad sexual, pero en el fondo sólo hemos alfombrado el infierno.

Aldonza vs Dulcinea


Ayer por fin pude ver la película Brokeback Mountain, en versión pirata ya que el aparentemente “casual” retraso de proyectarla en los cines de Mexicali me había desesperado, y realmente estoy sorprendido de la reacción que he percibido en programas locales como el de la “estrella” de la supuesta revista televisiva Con V de Venegas, ¿dónde está la película gay?, yo lo que contemplé fue una simple historia de amor entre dos personas, que nadie recuerda aquella vieja película con Alan Alda y Ellen Burstyn en Same Time, Next Year (1978) ¿Dónde está el insulto a las “buenas” constumbres?, o más simple, ¿realmente estamos ante una historia gay?

Creo que ese ha sido su problema o impacto, esta narrada de tal manera que si se pone una pareja como Alda-Burstyn o si se quiere a una más contemporánea es creíble, ese es lo que a las gentes de bien les molesta o les incomoda, que saben que eso ocurre a diario incluso en esos espacios tan tradicionales y supuestamente permeables a los pecaminosos como los vaqueros, los altos ejecutivos, los futbolistas, los militares y demás espacios “duros”. Más de alguna buena conciencia se sintió reflejada en la señora Del Mar, que aunque lo ve no lo puede creer.

Pero lo que realmente me entristeció es que la realidad es esa, dos hombres que se aman simplemente tienen que vivir dos vidas, una en sus respectivas respetables comunidades y otra en Brokeback Mountain, siempre con el temor de ser “descubiertos” y por tanto asesinados, que es un punto que no debemos olvidar, o ¿alguien ha sabido algo del multihomicida homofóbico que capturaron al mismo tiempo que la “mataviejitas”? No sólo es la tragedia de no poder amar a tu ser querido con plenitud, pero tampoco poder llorarlo cuando mueres “accidentalmente” o asesinado por un ataque de odio (para Ennis ese fue el final de Jack), y mucho menos poder tener un espacio donde poder vivir en paz, para ellos era un México mítico, para nosotros es un San Francisco o Hill Creast mítico, pero lo que me pregunto es si realmente existe o va existir ese lugar donde podamos amar a quien deseamos y anhelamos.

No puedo negar que Brokeback Mountain es una película disfrutable, bien armada y contada, y con una espléndida fotografía, pero con una historia tan creíble que desgarra el solo pensar que tus alternativas son vivir dos vidas, morir de un “accidente”, o terminar en un remolque solo, abrazando una vieja camisa de tu más profundo amor, el cual solo compartió contigo breves fines de semana en una lugar solitario, bello pero profundamente solitario, tal como los ghettos. Ante el vacío que me provocó la película, yo buscaba entretener mi melancolía (¡paradojico!), decidí volver a ver por enésima vez El hombre de la Mancha con Peter O’toole y Sophia Loren (1972) y solo regresé a la vieja búsqueda de nuestros sueños, aquel lugar en La Mancha que no deseo recordar, pero llevo tatuado en el alma, donde se sueña ese sueño inimaginable, ese momento en que tienes la posibilidad de encontrar a tu pareja soñada y tienes que enfrentar que en realidad nunca podremos estar juntos, y l@ ves alejarse de tu vida, y todos tus éxitos, logros, reconocimientos, felicitaciones y remuneraciones solo sirven para desgarrar tu alma y hacer un hueco en tu alma que se refleja en tu rostro, y te preguntas si al menos tendrás tu Brokeback Mountain o solo morirás reprimido por una sociedad que ante la posibilidad de que alguien sea feliz, prefiere ahogarlo y asesinarlo.

lunes, 13 de marzo de 2006

Tras las huellas de una vida: Guy Rozat.


Mucho quiero agradecer a todos los que colaboraron y participaron en la realización del Taller sobre Historia cultural, impartido por el doctor Guy Rozat, en el marco de la 7a Feria Internacional del Libro de la UABC, el pasado sábado 11 y domingo 12 de marzo, en tres maratónicas sesiones. Sobre todo me entusiasmó el ver diferentes generaciones escuchando las diversas formas en que se ha ido conformando una obra como la del doctor Rozat, en sus propias palabras y describiendo parte de su biografía, que fue fundamental para comprender perspectivas, formas de ver las fuentes, las corrientes y las metodologías.


Sin discusiones entre los estudiosos de las sociedades humanas en el tiempo, no podremos hacer nada por nuestra disciplina, mientras vivamos el "síndrome del cubículo", nada avanzaremos en la construcción del conocimiento histórico, y vivo tengo el recuerdo de una anécdota de Rozat de sus tiempos en las comunas, de cómo mover una gran piedra en volumen y peso, y es "danzando" con ella y se podrá mover utilizando su propio peso.

Movamos el conocimiento de nuestra historia regional y de la región, movamos las telarañas del saber historiográfico, sacudamos esos mitos ridículos del pionerismo y la frontera estilo "boderpatrol". Bailemos con nuestra disciplina para poder danzar con el conocimiento científico, tal vez nos den un pisotón y más de uno dirá que no sabemos bailar, pero al menos estaremos construyendo nuestra interpretación y no rumiando el mismo pasto de otro.

Muchas gracias a mis alumnos y alumnas que son los que me mantienen en ésto, junto con mis maestros y maestras, en el amplio término, que me recuerdan que dando es la única manera de acumular vida y satisfacciones.

miércoles, 1 de marzo de 2006

Taller sobre Historia cultural: sesiones

Por cuestiones de organización de las muy diversas actividades de la 7a FIL-UABC, las sesiones del Taller sobre Historia cultural que impartirá el doctor Guy Rozat se concentraron en tres sesiones, pero siguen siendo 10 horas del taller. Las sesiones serán los días 11 y 12 de marzo de 2006. Se les recuerda que el cupo es limitado a 20 personas y por el espacio asignado seremos muy estrictos con este requerimiento.


Primera sesión: sábado 11 de marzo (15:00 a 19:00 horas)

Indios imaginarios e indios reales (Arqueología del discurso).

Se aborda un tema controversial: el de los relatos sobre la conquista de México y la construcción simbólica subyacente, que nos lleva a preguntas como ¿quiénes son realmente los “informantes”, en particular en el caso de los textos recogidos por Sahagún?, ¿a quiénes se dirigían tales relatos?, ¿qué pretendían explicar (o justificar)?
Obra: Indios imaginarios e indios reales en los relatos de la conquista de México, Ciudad de México, Universidad Veracruzana/Instituto Nacional de Antropología e Historia/Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2002, 337 p. [Existen nuevas ediciones]

Segunda sesión: domingo 12 de marzo (10:00 a 13:00 horas)

América, imperio del demonio (Análisis del intertexto).

Esta obra es el producto de las múltiples lecturas que el autor ha realizado de la crónica del misionero jesuita Andrés Pérez de Ribas. Es el resultado de una experimentación metodológica por medio de la cual se intentó reconstruir la naturaleza profunda de esa crónica, su funcionamiento y su interés para una historia cultural del septentrión novohispano.
Obra: América, imperio del demonio. Cuentos y recuentos, Ciudad de México, Universidad Iberoamericana, 1995, 190 p. [Existen nuevas ediciones]

Tercera sesión: domingo 12 de marzo (17:00 a 20:00 horas)

Los orígenes de la nación (Reconstrucción de construcción de imaginarios).

Mediante cuatro textos clásicos del siglo XIX, considerados como índices de un trabajo cultural colectivo, se muestra cómo, en ese siglo, frente a la imposibilidad de fundar la historia nacional sobre el pasado precolombino, la historiografía nacional emprendió paulatinamente la expulsión del indio, que se había vuelto “problema”, del relato de la historia nacional.
Obra: Los orígenes de la nación. Pasado indígena e historia nacional, Ciudad de México, Universidad Iberoamericana, 2001, 480 p.


El sitio de reunión es la Sala de Seminarios del Departamento de Información Académica (el edificio blanco a un lado de la Biblioteca Central), en el primer piso, entrando a mano derecha (la entrada está un poco escondida) Esto en el campus de la UABC en Mexicali, frente al Blvd. Benito Juárez.