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Mexicali, Baja California, Mexico
Historiador por la Universidad de Guadalajara y El Colegio de Michoacán, con un breve momento oscuro en El Colegio de la Frontera Norte. Nacido en Durango, criado y creado entre Ensenada, Ameca y Guadalajara, y ahora radico en Mexicali: es decir un jalisquillo fronterizo de origen duranguense, pero no bailo pasito duranguense (mucho menos tribal).

Lo que leo

Miguel León-Portilla, Independencia, Reforma, Revolución ¿y los indios qué?, ciudad de México, Conaculta / UNAM, 2011. [¿Me atreveré? Sigo sin atreverme, lo más probable que sea un mal rato...]

martes, 12 de septiembre de 2006

¿Nueva historia misional? (2)


Comparto la intención académica que se podría generalizar en la llamada “nueva historia misional”, de que se debe realizar una búsqueda por ampliar las formas de aproximación científica sobre las misiones, especialmente del noroeste mexicano, tratando de romper con el discurso apologético de y sobre los misioneros y la evangelización de los indígenas como formas de “salvación” de un destino miserable en su barbarie. Sin embargo, llevar esta intención hacia el extremo opuesto de un discurso apologético de y sobre los indígenas y su resistencia, sin cuidar los mínimos requisitos metodológicos y apostarle a lo políticamente correcto, me parece un acercamiento peligroso, en cuanto a generación de conocimiento. Reconozco que también deben existir expresiones de indignación, incluso desde la disciplina histórica, sobre temas del devenir histórico que han tratado de ser maquillados o subvertidos, y en eso reconozco la valentía a esos autores como Robert H. Jackson, Edward Castillo, y a otros.

No obstante, me parece que el discurso de Jackson y Castillo termina minimizando la posibilidad de que los indios fueran sujetos activos de su historia, al someterlos a un proceso de victiminización, siendo que al realizar el análisis micro de la documentación misional sorprende la cantidad de testimonios de actitudes de los indios que muestran sus márgenes de maniobra frente a los agentes dominantes, sin dejar de reconocer que todas sus interacciones están inmersas en un sistema de dominación violento, ignorante del otro y en disimetrías de poder. Creo que debemos buscar al indio sujeto histórico interrelacionado con otros sujetos históricos (españoles y demás castas), en un momento y espacio históricamente determinados. Es decir buscar “la revaloración de los indígenas como actores activos de su historia”, y que son parte indisoluble de la historia. (Hernández, 1993: 293)

Debemos pasar de una visión que fue sintetizada de una manera magistral por Ernesto Lemoine Villicaña, cuando señaló que “los californios, verdaderamente necesitados, no pudieron, o no quisieron, o no los dejaron, sentarse al banquete de la prosperidad importada; no probaron, casi, las bondades de la cultura del trigo, pero en cambio perduraron hasta el fin con las de la suya, la del cacto, en la cual habían nacido y con la cual hubieron de perecer.” (Lemoine, 1959:621) Y que Rosa Elba Rodríguez Tomp considera que tiene una fuerte carga etnocéntrica, refiriéndose a lo que denomina la “tesis del avasallamiento cultural”.

Reitero que se debe pasar a una visión mucho más receptiva del fenómeno histórico de las misiones del noroeste mexicano y que creo se puede desarrollar a través de las resistencias, ya que como me pregunté hace algún tiempo ¿Los indígenas contribuyeron con estrategias para que su cultura perdurara? ¿Fueron agentes pasivos o actores del devenir histórico bajacaliforniano? ¿Acaso los grupos indígenas del norte de la Baja California no pudieron haber tenido mecanismos o estrategias que les permitieran sobrevivir, manteniendo un margen de la toma de decisión y en sí de toda la sociedad de su tiempo? (Magaña, 2003) Es decir, “como toda población asediada, los peninsulares no fueron elementos pasivos”, como bien señala Rodríguez Tomp. (2002:17)

Considero que una posible respuesta a estas preguntas está en el sustrato cultural y en las formas de adaptación y resistencia de los grupos indígenas peninsulares, pero también en los grupos no indígenas, principalmente los misioneros dominicos y los soldados misionales. Pero sobre todo, en el estudio de las formas de resistencia de los indios frente a la penetración dominante occidental, que pueden ir “desde las querellas por los símbolos y la moral hasta rebeliones de gran aliento y profundidad” (Falcón, 2002:19) Sintetizada esta hipótesis en la metáfora de un “arcoiris de la resistencia”.

Pero lo anterior, sin caer en el romanticismo de que todos los conflictos entre indios y no indios son formas de resistencia frente al opresor, como lo señalan Jackson y Castillo, sobre todo cuando dicen que “una forma final de resistencia violenta indígena fue el asesinato individual de misioneros” (Jackson y Castillo, 1995:80) Señalando los casos de asesinato colectivo de fray Andrés Quintana de la misión de Santa Cruz, en 1812; del envenenamiento por el personal de su cocina de fray Panto, en la misión de San Diego, en 1811, entre otros. No obstante, considero que estos casos no son formas de resistencia, es decir de reivindicación cultural hacia una vuelta a los antiguos tiempos, sino luchas por el poder al interior de las misiones, sobre todo relacionadas con la conformación del grupo de poder de los indios de casa.

martes, 5 de septiembre de 2006

¿Nueva historia misional? (1)


Indians, Franciscans, and Spanish Colonization. The Impact f the Mission System on California Indians, Robert H. Jackson and Edward Castillo, Albuquerque, University of New Mexico Press, 1995, 214 págs.


La obra de Robert H. Jackson y Edward Castillo resulta interesante ante la forma muy general de presentar el devenir histórico de la Alta California bajo la influencia de las misiones franciscanas, de manera general queda uno con la sensación de que es una síntesis muy apretada pero a la vez bajo el esquema de demasiadas generalizaciones, y que además no queda claro cuál es el objetivo de la obra, aunque por el título y la redacción de la Introducción parecería que el interés de los autores es el evaluar el impacto de lo que ellos denominan el programa misional de aculturación sobre la población indígena de la Alta California (pp. 4 o 107)

Sin embargo, parecería que existe otra motivación que sería la de postular una nueva forma o alternativa de realizar estudios sobre el periodo misional californiano, sobre todo cuando en la Introducción los autores hablan de que existen dos grandes escuelas de interpretación, una provisional y otra que cuestiona el supuesto aporte de los misioneros franciscanos. Aunque a grandes rasgos pudiéramos estar de acuerdo, los autores no dejan claro en ninguna parte de su texto una nueva postura, sino una reiteración de la postura que podemos definir de crítica ante el supuesto legado civilizatorio franciscano. Pero expresiones como los de Cynthia Radding (Wandering Peoples) que señalan que ante una tradición de una Historia misional demasiado centrada en los misioneros y su labor evangelizadora, se debe proponer una “nueva” Historia misional que incorpore al indio como un agente activo del devenir histórico. Jackson y Castillo no logran mostrar a los indígenas de la Alta California, salvo en algunos pasajes cuestionables por su interpretación en el capítulo cuatro titilado “Resistente and Social Control in the Alta California Missions” (pp. 73-86)

Como no es claro el objetivo académico del texto tenemos una serie de generalizaciones que se van articulando para dar un énfasis en las formas de resistencia indígenas, pero entonces por ejemplo es sólo hasta el capítulo cinco (“Mission Secularization and the Development of Alta California in the 1830s and 1840s”, pp. 87-106), especialmente en el apartado titulado “The Decline of the Mission Estates”, que los autores hacen alguna definición de lo que entienden por misión y que en realidad se refiere a los bienes raíces misionales: “The mission estates consisted of the buildings (including the church) at the main village and surrounding ranches and agricultural stations, church equipment, tools, looms, land, and livestock.” (p. 98) Todas las misiones fundadas por los franciscanos entre 1769 y 1823 quedaron comprendidas en una gran generalización sobre las “misiones franciscanas”, sin reconocer los diversos momentos del desarrollo de las mismas, de los momentos de la colonización no misional en las diferentes regiones de la Alta California, que también se refleja en el hecho que la obra no cuenta con ningún mapa de las fundaciones y pueblos de la Alta California, ni de los grupos indígenas que estuvieron en contacto directo o indirecto con la colonización colonial a finales del siglo XVIII y principios del XIX.

Existen ideas interesantes en la obra de Jackson y Castillo, principalmente la de rescatar las diversas formas de resistencia que pudieron haber presentado los indígenas frente a los misioneros, soldados y colonos. Que es importante rescatar, en esta “nueva” Historia misional, el que estos individuos tuvieron diversas estrategias de resistencia frente al otro que podría ir desde la rebelión que buscaba regresar al tiempo previo a la presencia colonial (como la rebelión pericúe de 1735, la de los yumas en 1781 o la de los chumash en 1824) hasta los actos aparentemente menores de resistirse a realizar labores o la de huir al “monte”. Sin embargo, no todos las acciones contra los misioneros, especialmente los dirigidos hacia los religiosos, podemos denominarlos resistencia, por ejemplo los casos de asesinatos por envenenamiento como el del franciscano Panto de la misión de San Diego, en 1811 (p. 80)

Esto resulta muy interesante, ya que en 1803 en la misión de Santo Tomás, en el norte de la Baja California, fue asesinado el dominico Eudaldo Surroca por estrangulamiento a manos de dos indígenas de la misión y personal adscrito al misionero (cocinero y huertero), pero en las averiguaciones se estableció la sospecha que el misionero anterior que había fallecido a inicios de 1803, hubiera sido asesinado por envenenamiento y no por muerte natural como se creía hasta entonces. Al revisar el amplio expediente se puede percibir que las motivaciones de los asesinos materiales y de la supuesta autora intelectual (Bárbara Gandiaga) no estaban propiciados por una reivindicación cultural ancestral, sino por una lucha por el control de las prerrogativas de los indios ayudantes y sirvientes del misionero (cocinero, ama de llaves, cantoras, paje, huerteros) En este caso con el asesinato del padre Surroca no se buscaba regresar a las antiguas tradiciones, sino propiciar la llegada de un nuevo misionero y tratar de recuperar los beneficios que estos indios del núcleo misional habían perdido (acceso a la comida del misionero, control y beneficio del tejido del algodón, entre otros)

Uno de los aspectos que más llaman la atención con la información que se puede rescatar del caso del asesinato del padre Surroca, es que durante la noche se realizaron una serie de excursiones dentro de la misión y hacia la ranchería adjunta, para y desde la habitación del misionero, sin que los dos soldados misionales y escoltas del misionero se percataran de nada. Lo que nos muestra que esta imagen de las comunidades misionales completamente bajo la vigilancia y control del misionero, es solo eso una idea de propaganda por parte de los propios religiosos. Es con esta idea que resulta interesante como los autores Jackson y Castillo parecería que buscan rescatar la contribución indígena a la historia de las misiones en la Alta California, pero se vuelve a caer en la idea de individuos sin voluntad que son manipulados por los agentes culturales occidentales, sin reconocerle capacidades de negociación o incluso estrategias de supervivencia frente a la penetración agresiva de occidente.

En este punto es de destacar el capítulo tres “Demographic Collapse in the Alta California Missions”, que se centra en reconocer que las epidemias y las enfermedades epidémicas (principalmente la sífilis) propiciaron el decaimiento demográfico indígena en las Californias, en algunas partes hasta la extinción total de los grupos indígenas y en otros la supervivencia de algunos hasta nuestros días. Sin embargo, resalta que siendo una amplia región el área de colonización de la Alta California, básicamente la costa al Pacífico del actual estado de California, y que se reconozca que durante el periodo misional se dieron continuos ingresos de indios gentiles de las zonas orientales (valles centrales y sierras), se siga estableciendo un discurso de población cerrada que fue disminuyendo hasta el exterminio o las escasa supervivencia. Este es un aspecto que considero que se debe tomar en cuenta para nuestra propia investigación, ya que contamos con una zona oriental también abierta hacia el continente, desde la cual muchos factores pudieron haber estado modificando el comportamiento demográfico y de resistencias indígenas de la zona occidental de nuestra región de estudio.

Ahora, si siempre existen elementos nuevos en nuestras poblaciones, el que se establezcan diferencias generacionales en las formas de resistencia, me parece que oscurecen, más de ayudar a entender el proceso de aculturación en la Alta California de fines del siglo XVIII hasta principios del XIX. Más bien tendríamos formas de resistencia con un objetivo de reivindicación como las rebeliones que buscaban impedir el establecimiento de misiones o pueblos, o que trataban de destruir hasta sus cimientos los existentes y que casi siempre se originaron en las zonas no controladas por los misioneros y soldados, y aquellos enfrentamientos que se daban a lo interno de las misiones, más por las luchas del control de los recursos que de proyectos de regreso a los tiempos ancestrales, tal vez esto es más diferenciado en el norte de la Baja California por la relativa escasez de soldados misionales o presidiales, frente a las amplias zonas no controladas como el delta y desierto del Colorado.

En general, es de resaltar que los cinco capítulos parecerían síntesis de trabajos mayores que tendrían otros objetivos explicativos y en esta obra fueron condensados, pero con cierto grado de inconexión entre ellos, no parecerían que nos llevaran hacia la demostración de cuál fue el impacto del proyecto misional de aculturación sobre los indígenas de la zona costera del actual estado de California, más bien parecería una estrategia de demostrar que los misioneros se quedaron con las ganancias de las tierras misionales que eran de los indígenas (habría que demostrar que ellos las reconocían como propias, en cuanto a terreno), que no los curaron intencionalmente o que los concentraron con la intención de causarle un daño (habría que demostrarlo), que no los alimentaban adecuadamente (lo mismo), y que al final “sus” tierras fueron repartidas entre los incipientes rancheros y colonos que los desposeyeron de esta propiedad.

Creo adecuado la búsqueda de una visión amplia de los diferentes factores que estuvieron condicionando el devenir histórico de las misiones de la Alta California entre 1769 y 1833 o 1846, pero creo que deben estar articulado hacia un objetivo, por ejemplo los análisis de los precios de los granos simplemente no me llevaron a ningún punto que fortaleciera alguna de las posturas sobre el estudio del impacto del sistema misional sobre los indios californianos. Con tan pocos datos, como se puede apreciar en la Tabla 1, simplemente no podemos más que realizar especulaciones con gran fragilidad. En general, los modelos matemáticos sobre todo las regresiones, suelen responder mal ante la falta de datos, ya que en principio estas se basan en el comportamiento de las “nubes” de datos, y si tenemos cinco u ocho, pues resulta un tanto superfluo aplicarlos. Hubiera sido mucho más enriquecedor vincular esta información con la economías de cada misión, sus gastos en alimentos, una estimación de los valores nutricionales comparativos (puede parecer “pobre” un pozole misional, pero primero debemos saber su valor nutricional sobre todo en comparación con alimentos tradicionales), los terrenos de explotación, entre otros. En realidad, los anexos parecen que su objetivo era dar volumen a la obra, ya que su utilización fue escasa y sólo referencial.

Por último, resulta preocupante que en la obra este siempre presente una especie de fantasma que es la beatificación de fray Junípero Serra, como un condicionante académico que motiva y dirige la reflexión de los investigadores. El primer paso para poder incorporar en una justa medida la participación de los indígenas en la Historia misional, es reconocerle su carácter de agentes activos del devenir histórico que tuvieron una arcoiris de formas de resistencia y de estrategias de supervivencia frente al otro, y que estas se realizaron en una siempre presente disimetría de poder que ha veces estaba a favor de unos o de otros, creo que no podremos avanzar en el conocimiento de la historia misional de las Californias y en general de las fronteras de gentilidad del septentrión novohispano si seguimos tratando a los indios como víctimas y haciendo actos de indignación simbólica.

“Indian demographic collapse in the missions was not intended but was intentional, since Franciscan congregations continued despite the negative impact on Indians even through one civil official, governor Diego de Borica in the 1790s, identified the problem and suggested solutions never implemented by the Franciscans.” (p. 109)