Acerca de mí

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Mexicali, Baja California, Mexico
Historiador por la Universidad de Guadalajara y El Colegio de Michoacán, con un breve momento oscuro en El Colegio de la Frontera Norte. Nacido en Durango, criado y creado entre Ensenada, Ameca y Guadalajara, y ahora radico en Mexicali: es decir un jalisquillo fronterizo de origen duranguense, pero no bailo pasito duranguense (mucho menos tribal).

Lo que leo

Miguel León-Portilla, Independencia, Reforma, Revolución ¿y los indios qué?, ciudad de México, Conaculta / UNAM, 2011. [¿Me atreveré? Sigo sin atreverme, lo más probable que sea un mal rato...]

viernes, 28 de marzo de 2008

La disciplina histórica y la masa crítica.


"Ante la diminuta presencia de la discusión crítica de la producción histórica mexicana, comparada con la que practican los historiadores mexicanistas extranjeros debemos reconocer, siguiendo a Eric Van Young en su mea culpa, que los historiadores mexicanos no hemos alcanzado la masa crítica profesional para competir en términos cualitativos con nuestros colegas estadounidenses o europeos".
Enrique Florescano,
Nexos núm. 359, nov. de 2007, p.36

"En lugar de elevar los umbrales de la competencia a niveles internacionales, se bajan las exigencias en las pistas locales para que competidores de escasa calidad sean protegidos y exaltados. El resultado es la formación de coágulos meritocráticos en la red de vasos comunicantes que debería irrigar y nutrir el trabajo intelectual y académico. [...] Hay que escapar de los círculos viciosos en los que nos excedemos haciendo historiografía de la historiografía, sociología del recorte de periódico, reconstrucciones políticas de las ruinas étnicas, psicología de entidades abstractas o hermenéutica de textos económicos y jurídicos".
Roger Bartra,
Nexos, núm. 359, nov. de 2007, p. 40

viernes, 14 de marzo de 2008

Testimonios de la Frontera de la gentilidad.

Carta de fray Miguel Hidalgo y fray Pedro Gandiaga a fray Vicente de Mora, San Fernando, 20 de octubre de 1775.

“Nuestro venerado padre: el día seis del corriente nos concedió su divina majestad el gusto de ver llegar a nuestra presencia el número de setenta y dos gentiles; los que requeridos sobre el fin de su venida, contestaron en términos los más conformes a nuestro deseo; procedimos a la instrucción, según el método que consta a vuestra paternidad por propia experiencia, que observamos, y en el discurso de esta diligencia, ocurrieron diversas circunstancias que despertaron nuestra atención, para reflexionar sobre uno de bella disposición, y el más expectable, a la verdad, entre todos ellos, del que procurando con un breve interrogatorio la satisfacción de nuestro reparo, nos cercioró ser el capitán del arroyo de las Palmas, nombrado Vuilipacûai. Recibió el bautismo con otros sesenta y tres de la expresada partida.

En atención a lo que refieren estos capitanes neófitos, es muy factible que toda la gentilidad que habita al rumbo del norte, hasta tocar en la sierra, reconozca la misión dentro de poco tiempo, con el mismo intento, que los referidos. […]”

Fuente: Benson Latin American Collection. Rare Books and Manuscripts, fondo WBS, doc. 33.

miércoles, 5 de marzo de 2008

Rutas de la Nueva España

Carta-informe de José Manuel Ruiz a José Arguello, gobernador de la Baja California, San Vicente, 2 de enero de 1821, en AHPLM, fondo Colonia, leg. 8, doc. 760:


“Participo a usted el no haber mayor novedad en estas escoltas fronteras de mi cargo; la misión y escolta de Santa Catarina, sigue con tranquilidad, pero siempre estoy con algún temor respecto a que los indios del Colorado tienen comunicación con los presidios de Tierra Adentro, y es regular tengan noticias del levantamiento de los indios opatas, y puede suceder que ellos quieran hacer su tentativa con nosotros”.

Rutas de la Nueva España

“¿A dónde puede llevarnos la historia de los caminos de la Nueva España?” Reseña de Rutas de la Nueva España, Chantal Cramaussel, editora, Zamora, Michoacán, El Colegio de Michoacán, 2006, 436 págs.

“Los trazados de los caminos eran a menudo ilusorios”, Ruggiero Romano (p. 12)

Es indudable que realizar una reseña o una presentación de un libro siempre es un reto colosal, ya que los que han leído la obra ya tienen una opinión e incluso una postura sobre el contenido de la misma, y los que no lo han leído esperan que les demos pistas y sobre todo estímulos para su lectura, a lo que va incluido el interés de los impresores de que se venda ejemplares, preferentemente durante las presentaciones. Es así, que les señalo que la obra Rutas de la Nueva España, editada por Chantal Cramaussel e impresa por El Colegio de Michoacán se compone de 16 trabajos agrupados en cuatro secciones, las que ha su vez se han denominado “Hacia el altiplano central y el sureste” (cuatro estudios), “Hacia el sur” (tres estudios), “Hacia el occidente” (tres estudios), y “Hacia el norte” (seis estudios). Además se cuenta con un prólogo bajo la firma de Ruggiero Romano, y una introducción a cargo de la editora.

En el prólogo Ruggiero Romano se pregunta “¿A dónde puede llevarnos la historia de los caminos de la Nueva España?” (p. 9) En mi caso hacia mi área de estudio, el norte de la Baja California o si se quiere el área central de las Californias, desde dónde coincido con Romano cuando señala que “al recorrer las páginas de este libro, la curiosidad del lector se ve constantemente estimulada por el gran número de problemas presentados” (p. 10). Pero más bien que problemas, señalaría incógnitas que en mi caso han despertado el interés por ampliar el análisis histórico de las sociedades que poblaron las regiones de mis afanes, incorporando no sólo los caminos, o más bien “el itinerario o teórico camino”, esa aparente “simple sucesión discontinua de caminos” como señala Ramón María Serrera (p. 211), sino también todos aquellos aspectos que pudieran mejorar mi comprensión de la vida cotidiana de esos seres humanos en sociedad y en el tiempo. Y aunque también es cierto, cuando Romano señala que “la red de caminos que ligaba el conjunto de la Nueva España sigue siendo el principal problema de reflexión” (p. 10) de esta obra. Resulta que los autores, en conjunto, buscan discutir las formas y fondos de la investigación histórica, centrados en análisis más amplios, de ahí que los trabajos reunidos en Rutas de la Nueva España reflexionen sobre los vínculos entre los caminos y senderos coloniales con aspectos económicos, sociales y culturales de las sociedades que usaban, transitaban y mantenían esas rutas. Así por ejemplo, se señala que “Antes, por ejemplo, de hablar de mercados, de regiones o de áreas de influencia, los historiadores hubieran debido preguntarse primero acerca del estado real de las comunicaciones entre las diferentes zonas de la Nueva España” (p. 17).

Pero también se nos advierte por parte de la editora de que “El presente libro no incluye, desde luego, el estudio de todos los caminos por los que se circulaban antes de la Independencia mexicana. […] Se trató de dar prioridad también a los ejes más importantes y transitados, sin olvidar el cabotaje particularmente importante en el Atlántico; pero no se pudo, por desgracia, contemplar el mismo tema para el Pacífico. […] Salvo el trabajo de Miguel Vallebueno, el lector no encontrará tampoco en este libro estudios acerca de los caminos de herradura y sería necesario extender el estudio a caminos de ese tipo, en especial en el noroeste de México. […] Todos [los artículos] ligan, de manera más o menos destacada la existencia de caminos con un fenómeno aún mayor: el poblamiento del territorio” (p. 19).

Como les decía esta “una senda o itinerario de herradura” (p. 221) siempre me lleva al noroeste novohispano y especialmente al norte de la Baja California, y a pesar de las advertencias leí con mucho interés un conjunto de ensayos de la obra Rutas de la Nueva España, que creo un derecho y una ventaja del lector. Así, después del Prólogo de Romano, en ese énfasis en el uso del concepto de mercado, para el cual es necesario “la existencia de un tejido comercial denso y no de una “red” formada por algunas líneas importantes” [y] “Este tejido no puede existir sin caminos” (p. 12), y de la Introducción, me hundí en los estudios de Ramón María Serrera, “El camino de Asia. La ruta de México a Acapulco” (pp. 211-234), y los que integran la sección “Hacia el norte”, es decir de: Marie Arete Hers, “La cultura chalchihuiteña. Un antiguo camino de Tierra Adentro” (pp. 277-297); Chantal Cramaussel, “El camino real de Tierra Adentro. De México a Santa Fe” (pp. 299-327); María Rosa Avilés y Rosa Brambila Paz, “La puerta del camino a Tierra Adentro. En busca de evidencias materiales” (pp. 329-338); Aurelio de los Reyes, “El puente de la Hacienda de la Quemada, Guanajuato” (pp. 339-345); Clara Bargellini, “El puente de calicanto de San José del Parral” (pp. 347-354); y Miguel Vallebueno, “El camino de Topia y los caminos que atravesaban la sierra de Durango” (pp. 355-364).

Así me vuelvo a repetir la pregunta ¿A dónde puede llevarnos la historia de los caminos de la Nueva España?, yo espero que a ustedes, como a su servidor, a encontrarnos por las páginas de Rutas de la Nueva España, como el origen de un itinerario de investigaciones sobre la historia social del periodo colonial novohispano, que esperemos sea no sólo de herradura, sino un camino carril.