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Mexicali, Baja California, Mexico
Historiador por la Universidad de Guadalajara y El Colegio de Michoacán, con un breve momento oscuro en El Colegio de la Frontera Norte. Nacido en Durango, criado y creado entre Ensenada, Ameca y Guadalajara, y ahora radico en Mexicali: es decir un jalisquillo fronterizo de origen duranguense, pero no bailo pasito duranguense (mucho menos tribal).

Lo que leo

Miguel León-Portilla, Independencia, Reforma, Revolución ¿y los indios qué?, ciudad de México, Conaculta / UNAM, 2011. [¿Me atreveré? Sigo sin atreverme, lo más probable que sea un mal rato...]

lunes, 27 de noviembre de 2006

Retratos.

Susana Huante, Raúl Balbuena y su servidor momentos después de la inauguración de la exposición "Desierto, migración y frontera" (27 de octubre de 2006), en pleno éxtasis emotivo.

Fotografía: Mario Alberto Magaña.

viernes, 20 de octubre de 2006

Retratos.

Los ilustres antropólogos Abeyami Ortega, Rafaela Chedrasky y Everardo Garduño en un lugar very nice de Mexicali, celebrando la inauguración de la exposición Marcas de cultura / Símbolos y signos.


Fotografía: Mario Alberto Magaña.

Retratos.

Nuestro estimado Alberto Tapia Landeros, decano de los investigadores del CIC-Museo, piensa medita profundo en cierto lugar de Mexicali donde venden cerveza de su propia factura, o sea el Cucapá.


Fotografía: Mario Alberto Magaña.

martes, 12 de septiembre de 2006

¿Nueva historia misional? (2)


Comparto la intención académica que se podría generalizar en la llamada “nueva historia misional”, de que se debe realizar una búsqueda por ampliar las formas de aproximación científica sobre las misiones, especialmente del noroeste mexicano, tratando de romper con el discurso apologético de y sobre los misioneros y la evangelización de los indígenas como formas de “salvación” de un destino miserable en su barbarie. Sin embargo, llevar esta intención hacia el extremo opuesto de un discurso apologético de y sobre los indígenas y su resistencia, sin cuidar los mínimos requisitos metodológicos y apostarle a lo políticamente correcto, me parece un acercamiento peligroso, en cuanto a generación de conocimiento. Reconozco que también deben existir expresiones de indignación, incluso desde la disciplina histórica, sobre temas del devenir histórico que han tratado de ser maquillados o subvertidos, y en eso reconozco la valentía a esos autores como Robert H. Jackson, Edward Castillo, y a otros.

No obstante, me parece que el discurso de Jackson y Castillo termina minimizando la posibilidad de que los indios fueran sujetos activos de su historia, al someterlos a un proceso de victiminización, siendo que al realizar el análisis micro de la documentación misional sorprende la cantidad de testimonios de actitudes de los indios que muestran sus márgenes de maniobra frente a los agentes dominantes, sin dejar de reconocer que todas sus interacciones están inmersas en un sistema de dominación violento, ignorante del otro y en disimetrías de poder. Creo que debemos buscar al indio sujeto histórico interrelacionado con otros sujetos históricos (españoles y demás castas), en un momento y espacio históricamente determinados. Es decir buscar “la revaloración de los indígenas como actores activos de su historia”, y que son parte indisoluble de la historia. (Hernández, 1993: 293)

Debemos pasar de una visión que fue sintetizada de una manera magistral por Ernesto Lemoine Villicaña, cuando señaló que “los californios, verdaderamente necesitados, no pudieron, o no quisieron, o no los dejaron, sentarse al banquete de la prosperidad importada; no probaron, casi, las bondades de la cultura del trigo, pero en cambio perduraron hasta el fin con las de la suya, la del cacto, en la cual habían nacido y con la cual hubieron de perecer.” (Lemoine, 1959:621) Y que Rosa Elba Rodríguez Tomp considera que tiene una fuerte carga etnocéntrica, refiriéndose a lo que denomina la “tesis del avasallamiento cultural”.

Reitero que se debe pasar a una visión mucho más receptiva del fenómeno histórico de las misiones del noroeste mexicano y que creo se puede desarrollar a través de las resistencias, ya que como me pregunté hace algún tiempo ¿Los indígenas contribuyeron con estrategias para que su cultura perdurara? ¿Fueron agentes pasivos o actores del devenir histórico bajacaliforniano? ¿Acaso los grupos indígenas del norte de la Baja California no pudieron haber tenido mecanismos o estrategias que les permitieran sobrevivir, manteniendo un margen de la toma de decisión y en sí de toda la sociedad de su tiempo? (Magaña, 2003) Es decir, “como toda población asediada, los peninsulares no fueron elementos pasivos”, como bien señala Rodríguez Tomp. (2002:17)

Considero que una posible respuesta a estas preguntas está en el sustrato cultural y en las formas de adaptación y resistencia de los grupos indígenas peninsulares, pero también en los grupos no indígenas, principalmente los misioneros dominicos y los soldados misionales. Pero sobre todo, en el estudio de las formas de resistencia de los indios frente a la penetración dominante occidental, que pueden ir “desde las querellas por los símbolos y la moral hasta rebeliones de gran aliento y profundidad” (Falcón, 2002:19) Sintetizada esta hipótesis en la metáfora de un “arcoiris de la resistencia”.

Pero lo anterior, sin caer en el romanticismo de que todos los conflictos entre indios y no indios son formas de resistencia frente al opresor, como lo señalan Jackson y Castillo, sobre todo cuando dicen que “una forma final de resistencia violenta indígena fue el asesinato individual de misioneros” (Jackson y Castillo, 1995:80) Señalando los casos de asesinato colectivo de fray Andrés Quintana de la misión de Santa Cruz, en 1812; del envenenamiento por el personal de su cocina de fray Panto, en la misión de San Diego, en 1811, entre otros. No obstante, considero que estos casos no son formas de resistencia, es decir de reivindicación cultural hacia una vuelta a los antiguos tiempos, sino luchas por el poder al interior de las misiones, sobre todo relacionadas con la conformación del grupo de poder de los indios de casa.

martes, 5 de septiembre de 2006

¿Nueva historia misional? (1)


Indians, Franciscans, and Spanish Colonization. The Impact f the Mission System on California Indians, Robert H. Jackson and Edward Castillo, Albuquerque, University of New Mexico Press, 1995, 214 págs.


La obra de Robert H. Jackson y Edward Castillo resulta interesante ante la forma muy general de presentar el devenir histórico de la Alta California bajo la influencia de las misiones franciscanas, de manera general queda uno con la sensación de que es una síntesis muy apretada pero a la vez bajo el esquema de demasiadas generalizaciones, y que además no queda claro cuál es el objetivo de la obra, aunque por el título y la redacción de la Introducción parecería que el interés de los autores es el evaluar el impacto de lo que ellos denominan el programa misional de aculturación sobre la población indígena de la Alta California (pp. 4 o 107)

Sin embargo, parecería que existe otra motivación que sería la de postular una nueva forma o alternativa de realizar estudios sobre el periodo misional californiano, sobre todo cuando en la Introducción los autores hablan de que existen dos grandes escuelas de interpretación, una provisional y otra que cuestiona el supuesto aporte de los misioneros franciscanos. Aunque a grandes rasgos pudiéramos estar de acuerdo, los autores no dejan claro en ninguna parte de su texto una nueva postura, sino una reiteración de la postura que podemos definir de crítica ante el supuesto legado civilizatorio franciscano. Pero expresiones como los de Cynthia Radding (Wandering Peoples) que señalan que ante una tradición de una Historia misional demasiado centrada en los misioneros y su labor evangelizadora, se debe proponer una “nueva” Historia misional que incorpore al indio como un agente activo del devenir histórico. Jackson y Castillo no logran mostrar a los indígenas de la Alta California, salvo en algunos pasajes cuestionables por su interpretación en el capítulo cuatro titilado “Resistente and Social Control in the Alta California Missions” (pp. 73-86)

Como no es claro el objetivo académico del texto tenemos una serie de generalizaciones que se van articulando para dar un énfasis en las formas de resistencia indígenas, pero entonces por ejemplo es sólo hasta el capítulo cinco (“Mission Secularization and the Development of Alta California in the 1830s and 1840s”, pp. 87-106), especialmente en el apartado titulado “The Decline of the Mission Estates”, que los autores hacen alguna definición de lo que entienden por misión y que en realidad se refiere a los bienes raíces misionales: “The mission estates consisted of the buildings (including the church) at the main village and surrounding ranches and agricultural stations, church equipment, tools, looms, land, and livestock.” (p. 98) Todas las misiones fundadas por los franciscanos entre 1769 y 1823 quedaron comprendidas en una gran generalización sobre las “misiones franciscanas”, sin reconocer los diversos momentos del desarrollo de las mismas, de los momentos de la colonización no misional en las diferentes regiones de la Alta California, que también se refleja en el hecho que la obra no cuenta con ningún mapa de las fundaciones y pueblos de la Alta California, ni de los grupos indígenas que estuvieron en contacto directo o indirecto con la colonización colonial a finales del siglo XVIII y principios del XIX.

Existen ideas interesantes en la obra de Jackson y Castillo, principalmente la de rescatar las diversas formas de resistencia que pudieron haber presentado los indígenas frente a los misioneros, soldados y colonos. Que es importante rescatar, en esta “nueva” Historia misional, el que estos individuos tuvieron diversas estrategias de resistencia frente al otro que podría ir desde la rebelión que buscaba regresar al tiempo previo a la presencia colonial (como la rebelión pericúe de 1735, la de los yumas en 1781 o la de los chumash en 1824) hasta los actos aparentemente menores de resistirse a realizar labores o la de huir al “monte”. Sin embargo, no todos las acciones contra los misioneros, especialmente los dirigidos hacia los religiosos, podemos denominarlos resistencia, por ejemplo los casos de asesinatos por envenenamiento como el del franciscano Panto de la misión de San Diego, en 1811 (p. 80)

Esto resulta muy interesante, ya que en 1803 en la misión de Santo Tomás, en el norte de la Baja California, fue asesinado el dominico Eudaldo Surroca por estrangulamiento a manos de dos indígenas de la misión y personal adscrito al misionero (cocinero y huertero), pero en las averiguaciones se estableció la sospecha que el misionero anterior que había fallecido a inicios de 1803, hubiera sido asesinado por envenenamiento y no por muerte natural como se creía hasta entonces. Al revisar el amplio expediente se puede percibir que las motivaciones de los asesinos materiales y de la supuesta autora intelectual (Bárbara Gandiaga) no estaban propiciados por una reivindicación cultural ancestral, sino por una lucha por el control de las prerrogativas de los indios ayudantes y sirvientes del misionero (cocinero, ama de llaves, cantoras, paje, huerteros) En este caso con el asesinato del padre Surroca no se buscaba regresar a las antiguas tradiciones, sino propiciar la llegada de un nuevo misionero y tratar de recuperar los beneficios que estos indios del núcleo misional habían perdido (acceso a la comida del misionero, control y beneficio del tejido del algodón, entre otros)

Uno de los aspectos que más llaman la atención con la información que se puede rescatar del caso del asesinato del padre Surroca, es que durante la noche se realizaron una serie de excursiones dentro de la misión y hacia la ranchería adjunta, para y desde la habitación del misionero, sin que los dos soldados misionales y escoltas del misionero se percataran de nada. Lo que nos muestra que esta imagen de las comunidades misionales completamente bajo la vigilancia y control del misionero, es solo eso una idea de propaganda por parte de los propios religiosos. Es con esta idea que resulta interesante como los autores Jackson y Castillo parecería que buscan rescatar la contribución indígena a la historia de las misiones en la Alta California, pero se vuelve a caer en la idea de individuos sin voluntad que son manipulados por los agentes culturales occidentales, sin reconocerle capacidades de negociación o incluso estrategias de supervivencia frente a la penetración agresiva de occidente.

En este punto es de destacar el capítulo tres “Demographic Collapse in the Alta California Missions”, que se centra en reconocer que las epidemias y las enfermedades epidémicas (principalmente la sífilis) propiciaron el decaimiento demográfico indígena en las Californias, en algunas partes hasta la extinción total de los grupos indígenas y en otros la supervivencia de algunos hasta nuestros días. Sin embargo, resalta que siendo una amplia región el área de colonización de la Alta California, básicamente la costa al Pacífico del actual estado de California, y que se reconozca que durante el periodo misional se dieron continuos ingresos de indios gentiles de las zonas orientales (valles centrales y sierras), se siga estableciendo un discurso de población cerrada que fue disminuyendo hasta el exterminio o las escasa supervivencia. Este es un aspecto que considero que se debe tomar en cuenta para nuestra propia investigación, ya que contamos con una zona oriental también abierta hacia el continente, desde la cual muchos factores pudieron haber estado modificando el comportamiento demográfico y de resistencias indígenas de la zona occidental de nuestra región de estudio.

Ahora, si siempre existen elementos nuevos en nuestras poblaciones, el que se establezcan diferencias generacionales en las formas de resistencia, me parece que oscurecen, más de ayudar a entender el proceso de aculturación en la Alta California de fines del siglo XVIII hasta principios del XIX. Más bien tendríamos formas de resistencia con un objetivo de reivindicación como las rebeliones que buscaban impedir el establecimiento de misiones o pueblos, o que trataban de destruir hasta sus cimientos los existentes y que casi siempre se originaron en las zonas no controladas por los misioneros y soldados, y aquellos enfrentamientos que se daban a lo interno de las misiones, más por las luchas del control de los recursos que de proyectos de regreso a los tiempos ancestrales, tal vez esto es más diferenciado en el norte de la Baja California por la relativa escasez de soldados misionales o presidiales, frente a las amplias zonas no controladas como el delta y desierto del Colorado.

En general, es de resaltar que los cinco capítulos parecerían síntesis de trabajos mayores que tendrían otros objetivos explicativos y en esta obra fueron condensados, pero con cierto grado de inconexión entre ellos, no parecerían que nos llevaran hacia la demostración de cuál fue el impacto del proyecto misional de aculturación sobre los indígenas de la zona costera del actual estado de California, más bien parecería una estrategia de demostrar que los misioneros se quedaron con las ganancias de las tierras misionales que eran de los indígenas (habría que demostrar que ellos las reconocían como propias, en cuanto a terreno), que no los curaron intencionalmente o que los concentraron con la intención de causarle un daño (habría que demostrarlo), que no los alimentaban adecuadamente (lo mismo), y que al final “sus” tierras fueron repartidas entre los incipientes rancheros y colonos que los desposeyeron de esta propiedad.

Creo adecuado la búsqueda de una visión amplia de los diferentes factores que estuvieron condicionando el devenir histórico de las misiones de la Alta California entre 1769 y 1833 o 1846, pero creo que deben estar articulado hacia un objetivo, por ejemplo los análisis de los precios de los granos simplemente no me llevaron a ningún punto que fortaleciera alguna de las posturas sobre el estudio del impacto del sistema misional sobre los indios californianos. Con tan pocos datos, como se puede apreciar en la Tabla 1, simplemente no podemos más que realizar especulaciones con gran fragilidad. En general, los modelos matemáticos sobre todo las regresiones, suelen responder mal ante la falta de datos, ya que en principio estas se basan en el comportamiento de las “nubes” de datos, y si tenemos cinco u ocho, pues resulta un tanto superfluo aplicarlos. Hubiera sido mucho más enriquecedor vincular esta información con la economías de cada misión, sus gastos en alimentos, una estimación de los valores nutricionales comparativos (puede parecer “pobre” un pozole misional, pero primero debemos saber su valor nutricional sobre todo en comparación con alimentos tradicionales), los terrenos de explotación, entre otros. En realidad, los anexos parecen que su objetivo era dar volumen a la obra, ya que su utilización fue escasa y sólo referencial.

Por último, resulta preocupante que en la obra este siempre presente una especie de fantasma que es la beatificación de fray Junípero Serra, como un condicionante académico que motiva y dirige la reflexión de los investigadores. El primer paso para poder incorporar en una justa medida la participación de los indígenas en la Historia misional, es reconocerle su carácter de agentes activos del devenir histórico que tuvieron una arcoiris de formas de resistencia y de estrategias de supervivencia frente al otro, y que estas se realizaron en una siempre presente disimetría de poder que ha veces estaba a favor de unos o de otros, creo que no podremos avanzar en el conocimiento de la historia misional de las Californias y en general de las fronteras de gentilidad del septentrión novohispano si seguimos tratando a los indios como víctimas y haciendo actos de indignación simbólica.

“Indian demographic collapse in the missions was not intended but was intentional, since Franciscan congregations continued despite the negative impact on Indians even through one civil official, governor Diego de Borica in the 1790s, identified the problem and suggested solutions never implemented by the Franciscans.” (p. 109)


lunes, 7 de agosto de 2006

Gracias por las felicitaciones.


El pasado 14 de julio cumplí nuevamente años de vida, digamos más de treinta, pero no digo con exactitud, ya que cada vez es más dificil para mis tías quitarse los años. A todos aquellos que me felicitaron por correo, teléfono, en personas y en sus pensamientos, mil gracias por su cariño y amistad. A veces no es fácil estar en comunicación, bien lo se yo, pero siempre me acuerdo de mis seres queridos y estimados. Muchas gracias y sigo en espera de mis regalos, eso no se me olvida... Mario.

Recuerdos de familia (4)
















Mi sobrina Yamile, hija de Héctor y Arlette, en su tercer cumpleños, personificando a Alicia en el país de las maravillas, o sea Ensenada.

martes, 13 de junio de 2006

Muestras de la Egoteca (5)


Aunque no lo crean estoy montado sobre un brioso corcel, camino hacia el Paricutín, Michoacán. Nótese lo buena que es la cámara que no salió movida la foto, a pesar del movimiento del caballo y del temblor de mi mano por el pánico.

















Autorretrato en movimiento, 4 de junio de 2006.

martes, 30 de mayo de 2006

Muestras de la Egoteca (4)


Si, esa es otra parte de mi personalidad y qué...


Fotografía tomada por Rodrigo Martínez Meza

miércoles, 17 de mayo de 2006

Recuerdos de familia (3)



Una nueva miembra de la amplia e intensa familia Magaña Mancillas se ha incorporado a las huestes:
María Fernanda, hija de Karla Liliana, hija de Selma, hija de doña Chelo, hija de doña Consuelo.

jueves, 30 de marzo de 2006

Brokeback Mountain: la esperanza.


Estoy de acuerdo en que la película nos refleja una tierna y muy humana historia de amor, que en realidad cualquiera debería disfrutar, como podemos disfrutar todas esas viejas historias de amor “normal”, pero tampoco puedo negar que ese sentimiento de frustración es cada vez mayor, a pesar de la paradoja de que la denominada cultura gay cada vez esta ocupando mayores espacios públicos, pero siempre y cuando te mantengas en lo chistoso, recuérdese a Jack en William & Grace o el diseñador de aparadores de Mi novia es un maniquí. Si se puede caricaturizarlos, entonces es posible discriminarlos, golpearlos, asesinarlos, “ni los veo, ni los escucho”.

Pero si los “maricones” son dos vaqueros hoscos y rudos, pues la verdad ya es atentar contra las buenas costumbres. Algunos dicen que lo importante es que puedan existir Brokeback Mountain, pero recuerden que es una zona de refugio, no el paraíso lunamielero de cualquier heterosexual, sino un espacio no propio en el cual se busca expresar lo prohibido, ellos no escogieron su Brokeback Mountain, como muchos no lo hemos hecho, sino que es el único recurso que nos han dejado, y por tanto mi reflexión era que si realmente existe ese espacio de libertad o es sólo un recurso de la imaginación para evadir la realidad como en El hombre de La Mancha o en Brasil, Jack y Ennis no se ganaron su Brokeback Mountain, porque recuérdese que plantean la posibilidad de huir al México mítico, ni siquiera le permitieron a Jack que sus cenizas se esparcieran allí, el personaje del padre fue contundente, él tenía un espacio en su familia, la que lo controla y castra, hasta en la muerte.

¿Dónde está el Brokeback Mountain de cada uno de nosotros? Mi temor es que no existe ninguno, y eso fue lo que más me dolió de la película. Mucho se ha dicho de los derechos humanos, de los derechos a la diversidad sexual, pero en el fondo sólo hemos alfombrado el infierno.

Aldonza vs Dulcinea


Ayer por fin pude ver la película Brokeback Mountain, en versión pirata ya que el aparentemente “casual” retraso de proyectarla en los cines de Mexicali me había desesperado, y realmente estoy sorprendido de la reacción que he percibido en programas locales como el de la “estrella” de la supuesta revista televisiva Con V de Venegas, ¿dónde está la película gay?, yo lo que contemplé fue una simple historia de amor entre dos personas, que nadie recuerda aquella vieja película con Alan Alda y Ellen Burstyn en Same Time, Next Year (1978) ¿Dónde está el insulto a las “buenas” constumbres?, o más simple, ¿realmente estamos ante una historia gay?

Creo que ese ha sido su problema o impacto, esta narrada de tal manera que si se pone una pareja como Alda-Burstyn o si se quiere a una más contemporánea es creíble, ese es lo que a las gentes de bien les molesta o les incomoda, que saben que eso ocurre a diario incluso en esos espacios tan tradicionales y supuestamente permeables a los pecaminosos como los vaqueros, los altos ejecutivos, los futbolistas, los militares y demás espacios “duros”. Más de alguna buena conciencia se sintió reflejada en la señora Del Mar, que aunque lo ve no lo puede creer.

Pero lo que realmente me entristeció es que la realidad es esa, dos hombres que se aman simplemente tienen que vivir dos vidas, una en sus respectivas respetables comunidades y otra en Brokeback Mountain, siempre con el temor de ser “descubiertos” y por tanto asesinados, que es un punto que no debemos olvidar, o ¿alguien ha sabido algo del multihomicida homofóbico que capturaron al mismo tiempo que la “mataviejitas”? No sólo es la tragedia de no poder amar a tu ser querido con plenitud, pero tampoco poder llorarlo cuando mueres “accidentalmente” o asesinado por un ataque de odio (para Ennis ese fue el final de Jack), y mucho menos poder tener un espacio donde poder vivir en paz, para ellos era un México mítico, para nosotros es un San Francisco o Hill Creast mítico, pero lo que me pregunto es si realmente existe o va existir ese lugar donde podamos amar a quien deseamos y anhelamos.

No puedo negar que Brokeback Mountain es una película disfrutable, bien armada y contada, y con una espléndida fotografía, pero con una historia tan creíble que desgarra el solo pensar que tus alternativas son vivir dos vidas, morir de un “accidente”, o terminar en un remolque solo, abrazando una vieja camisa de tu más profundo amor, el cual solo compartió contigo breves fines de semana en una lugar solitario, bello pero profundamente solitario, tal como los ghettos. Ante el vacío que me provocó la película, yo buscaba entretener mi melancolía (¡paradojico!), decidí volver a ver por enésima vez El hombre de la Mancha con Peter O’toole y Sophia Loren (1972) y solo regresé a la vieja búsqueda de nuestros sueños, aquel lugar en La Mancha que no deseo recordar, pero llevo tatuado en el alma, donde se sueña ese sueño inimaginable, ese momento en que tienes la posibilidad de encontrar a tu pareja soñada y tienes que enfrentar que en realidad nunca podremos estar juntos, y l@ ves alejarse de tu vida, y todos tus éxitos, logros, reconocimientos, felicitaciones y remuneraciones solo sirven para desgarrar tu alma y hacer un hueco en tu alma que se refleja en tu rostro, y te preguntas si al menos tendrás tu Brokeback Mountain o solo morirás reprimido por una sociedad que ante la posibilidad de que alguien sea feliz, prefiere ahogarlo y asesinarlo.

lunes, 13 de marzo de 2006

Tras las huellas de una vida: Guy Rozat.


Mucho quiero agradecer a todos los que colaboraron y participaron en la realización del Taller sobre Historia cultural, impartido por el doctor Guy Rozat, en el marco de la 7a Feria Internacional del Libro de la UABC, el pasado sábado 11 y domingo 12 de marzo, en tres maratónicas sesiones. Sobre todo me entusiasmó el ver diferentes generaciones escuchando las diversas formas en que se ha ido conformando una obra como la del doctor Rozat, en sus propias palabras y describiendo parte de su biografía, que fue fundamental para comprender perspectivas, formas de ver las fuentes, las corrientes y las metodologías.


Sin discusiones entre los estudiosos de las sociedades humanas en el tiempo, no podremos hacer nada por nuestra disciplina, mientras vivamos el "síndrome del cubículo", nada avanzaremos en la construcción del conocimiento histórico, y vivo tengo el recuerdo de una anécdota de Rozat de sus tiempos en las comunas, de cómo mover una gran piedra en volumen y peso, y es "danzando" con ella y se podrá mover utilizando su propio peso.

Movamos el conocimiento de nuestra historia regional y de la región, movamos las telarañas del saber historiográfico, sacudamos esos mitos ridículos del pionerismo y la frontera estilo "boderpatrol". Bailemos con nuestra disciplina para poder danzar con el conocimiento científico, tal vez nos den un pisotón y más de uno dirá que no sabemos bailar, pero al menos estaremos construyendo nuestra interpretación y no rumiando el mismo pasto de otro.

Muchas gracias a mis alumnos y alumnas que son los que me mantienen en ésto, junto con mis maestros y maestras, en el amplio término, que me recuerdan que dando es la única manera de acumular vida y satisfacciones.

miércoles, 1 de marzo de 2006

Taller sobre Historia cultural: sesiones

Por cuestiones de organización de las muy diversas actividades de la 7a FIL-UABC, las sesiones del Taller sobre Historia cultural que impartirá el doctor Guy Rozat se concentraron en tres sesiones, pero siguen siendo 10 horas del taller. Las sesiones serán los días 11 y 12 de marzo de 2006. Se les recuerda que el cupo es limitado a 20 personas y por el espacio asignado seremos muy estrictos con este requerimiento.


Primera sesión: sábado 11 de marzo (15:00 a 19:00 horas)

Indios imaginarios e indios reales (Arqueología del discurso).

Se aborda un tema controversial: el de los relatos sobre la conquista de México y la construcción simbólica subyacente, que nos lleva a preguntas como ¿quiénes son realmente los “informantes”, en particular en el caso de los textos recogidos por Sahagún?, ¿a quiénes se dirigían tales relatos?, ¿qué pretendían explicar (o justificar)?
Obra: Indios imaginarios e indios reales en los relatos de la conquista de México, Ciudad de México, Universidad Veracruzana/Instituto Nacional de Antropología e Historia/Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2002, 337 p. [Existen nuevas ediciones]

Segunda sesión: domingo 12 de marzo (10:00 a 13:00 horas)

América, imperio del demonio (Análisis del intertexto).

Esta obra es el producto de las múltiples lecturas que el autor ha realizado de la crónica del misionero jesuita Andrés Pérez de Ribas. Es el resultado de una experimentación metodológica por medio de la cual se intentó reconstruir la naturaleza profunda de esa crónica, su funcionamiento y su interés para una historia cultural del septentrión novohispano.
Obra: América, imperio del demonio. Cuentos y recuentos, Ciudad de México, Universidad Iberoamericana, 1995, 190 p. [Existen nuevas ediciones]

Tercera sesión: domingo 12 de marzo (17:00 a 20:00 horas)

Los orígenes de la nación (Reconstrucción de construcción de imaginarios).

Mediante cuatro textos clásicos del siglo XIX, considerados como índices de un trabajo cultural colectivo, se muestra cómo, en ese siglo, frente a la imposibilidad de fundar la historia nacional sobre el pasado precolombino, la historiografía nacional emprendió paulatinamente la expulsión del indio, que se había vuelto “problema”, del relato de la historia nacional.
Obra: Los orígenes de la nación. Pasado indígena e historia nacional, Ciudad de México, Universidad Iberoamericana, 2001, 480 p.


El sitio de reunión es la Sala de Seminarios del Departamento de Información Académica (el edificio blanco a un lado de la Biblioteca Central), en el primer piso, entrando a mano derecha (la entrada está un poco escondida) Esto en el campus de la UABC en Mexicali, frente al Blvd. Benito Juárez.

martes, 24 de enero de 2006

Indians, Missionaries, and Merchants.

Es fundamental en la tarea continua de la investigación histórica, entendida como el estudio científico de las sociedades humanas en el tiempo, estar revisando las nuevas aportaciones que diferentes académicos realizan a la comprensión de un tema como el proceso de intercambios culturales en una disimetría de poder entre los agentes socioculturales de las tradiciones indígenas y de las tradiciones occidentales en el antiguo noroeste novohispano, que es un tema de especial significación para algunos investigadores como el que reseña.

La nueva obra de Kent G. Lightfoot, profesor de antropología en la Universidad de California en Berkeley, es un sugerente texto sobre el estudio de las transformaciones culturales de los indios de California en sus dos fronteras principales con occidente, tanto la denominada frontera misional franciscana, como la frontera comercial rusa, y que ambas coincidieron en el norte de la bahía de San Francisco a principios del siglo XIX, buscando comprender estos procesos y su impacto en el devenir histórico de las identidades indígenas. El texto se divide en nueve partes, ocho capítulos y unas conclusiones, destacando los capítulos: primero “Dimensions and Consequences of Colonial Encounters”; segundo y tercero “Franciscan Missions in Alta California” y “Native Agency in the Franciscan Missions”, y el séptimo “Missionary and Mercantile Colonies in California: The Implications”.

Indians, Missionaries, and Merchants, también destaca por dos aportaciones importantes a la discusión académica sobre los intercambios culturales entre indios y occidentales en el noroeste novohispano entre mediados del siglo XVIII y el XIX, que son la propuesta de una metodología de investigación basada en el análisis comparativo con una perspectiva holística, multidimensional y diacrónica, basado en la antropología histórica y con un amplio manejo documental de diversos orígenes disciplinarios, principalmente la antropología, la arqueología, la historia y la etnografía:

“Archaeology, archival documents, ethnographic observations, and native narratives together comprise the holistic study of historical anthropology, the most powerful approach for investigating the past, outside of a time machine. The integration of multiple lines of evidence from documentary, oral, and archaeological sources produces a broader and more inclusive view of history. […] They allow us to hear the muted voices of the colonial past.” (pág. 15)

Para un control de esta propuesta metodológica, Lightfoot propone que se deben estudiar las dos fronteras culturales con base en siete indicadores generales que denomina “Dimensions of Colonial Encounters”, y que serían: 1) “Enculturation Programs”; 2) “Native Relocation Programs”; 3) “Social Mobility”; 4) “Labor Practices”; 5) “Interethnic Unions”; 6) “Demographic Parameters of Colonial and Native Populations”, y 7) “Chronology of Colonial Encounters”. Es indudable la importancia de los estudios comparativos en parámetros mucho más cercanos, como serían las dos formas de colonización emprendidas al norte de la bahía de San Francisco, tanto por empresarios rusos como por los misioneros franciscanos, preferible a los estudios comparativos de regiones físicamente lejanas como California y Bolivia.

La propuesta es muy interesante, pero en el momento de poderla aplicar con los elementos documentales sobrevivientes de ambas fronteras culturales, resultan mucho más dudas que respuestas concretas, sobre todo cuando se establece que existe una diferencia sustancial entre las formas de colonización de los mercaderes rusos y los misioneros franciscanos, sobre todo en dos aspectos distinguibles: a) los programas o proyectos de cambio cultural, para los primeros inexistentes y para los segundos parte de su visión y misión, y b) que esto implicó un control mayor por los segundos que por los primeros, es decir, los mercaderes rusos prefirieron utilizar las estructuras de poder indígenas existentes antes que imponer nuevas y conforme a su tradición cultural occidental, como lo hicieron los misioneros.

Hasta aquí podríamos concordar con el desarrollo argumentativo de Lightfoot, donde empiezan las dudas es la ausencia total de otro de los elementos importantes en la frontera misional franciscana, todos los colonos hispanos y novohispanos que los acompañaron y condicionaron el trabajo misional, parecería que los franciscanos eran los únicos en toda esa región al este y sur de la bahía de San Francisco, y no hay referencias a los proyectos de colonización con “civiles” y los pueblos de Branciforte y San José, por nombrar a los más cercanos y que aparecen en el mapa 9 (pág. 120) Sin adentrarnos a la presencia militar, simbolizada por los presidios, y político-administrativa colonial, la cual representaba los intereses de la monarquía y del imperio, y que muchos conflictos generó entre sus representantes y los franciscanos, y no solo en la Alta California, sino también en otras regiones novohispanas a raíz de la implementación de las llamadas reformas borbónicas.

Pero también resalta que a pesar de llegar a una conclusión de que esos dos aspectos señalados son la diferencia sustancial entre la frontera mercantil rusa y la frontera misional franciscana, resulta que el autor debe reconocer que las dos misiones sureñas de la Alta California, San Luis Rey y San Diego de Alcalá, en realidad tendrían un comportamiento similar a la frontera mercantil rusa y no a la franciscana, y establece una serie de aportes de investigación académica anterior que refuerza esta propuesta, llegando en las conclusiones a establecer que existen tres procesos de cambios culturales: una referida a la frontera misional franciscana y los indígenas de las zonas centrales de California; uno con relación a las dos misiones sureñas y los indios de la zona, principalmente los diegueños, y uno referido a la frontera mercantil rusa y los indios principalmente Kashaya Pomo.

Lo que no se especifica es cómo una sección de la frontera misional franciscana, dentro de un proyecto de colonización novohispano para la Alta California, y en el marco de una estrategia geopolítica de defensa de las fronteras imperiales, pudiera haber tomado medidas diferenciadas respecto a las instrucciones generales tanto para misioneros, soldados, comandantes de presidio e incluso colonos “civiles”. Aunque no podemos negar lo provocador de la idea, ya que existen evidencias en el norte de la Baja California, en la frontera misional dominica, que son muy similares a lo que Lightfoot establece para estas dos misiones franciscanas de San Luis Rey y San Diego de Alcalá, y este segundo proceso de cambios culturales desarrollados en las fronteras de California.

Indudablemente existen muchas aportaciones por parte de la nueva obra de Lightfoot, pero lo más enriquecedor son las provocaciones metodológicas y académicas, entre las primeras la propuesta de un análisis holístico con un manejo multidimensional a través de diferentes fuentes de información y su complementariedad como los testimonios de tradición oral y los hallazgos de las investigaciones arqueológicas, que solo tienen el inconveniente del desarrollo disciplinario respectivo, que de cierta manera el autor pudo solucionar con una formación e investigación transdiciplinaria, pero en ciertos momentos de la obra se denota que no pudo conseguir las fuentes equiparables para llevar un nivel homogéneo en para los tres procesos de cambio cultural de las fronteras de California. Sin olvidar un aspecto que es importante destacar, la nula utilización de documentos en su idioma original para la frontera misional franciscana, que siempre tendrá el problema del manejo del lenguaje e idiosincrasia sobre todo para la reconstrucción de aspectos identitarios.

Por último, existe otro punto muy interesante en la obra Indians, Missionaries, and Merchants. The Legacy of Colonial Encounters on the California Frontiers, de Kent G. Lightfoot, y que se encuentra en el capítulo octavo “The Aftermath”, y que tiene que ver con el impacto de los académicos en la construcción del conocimiento sobre los grupos indígenas de California, sobre todo a través de los trabajos pioneros de antropólogos encabezados por Alfred Kroeber (“Anthropology and Tribal Recognition”, págs. 222-232), y que lo lleva a plantear que en la búsqueda del indio “verdadero”, los antropólogos privilegiaron a ciertos grupos e individuos que ellos consideraron como menos compenetrados en la tradición cultural occidental, y que de cierta manera fueron muy estudiados, en prejuicio de otros grupos e individuos que por tanto dejaron de ser “indios”, ya que los oficiales del gobierno estadounidense se basaron en los estudios de los antropólogos para las identificaciones y reconocimientos, vía las reservaciones, de los grupos debidamente acreditados para poder reclamar derechos sobre terrenos tradicionales.

El tema resulta muy provocador y lo que llega a demostrar Lightfoot es que debemos comprender en su momento histórico toda esa nomenclatura sobre los grupos indígenas de California y en si del noroeste novohispano que aceptamos como verdad inamovible:

“Although recognizing the important and pioneering contributions that Kroeber and other early ethnographers made to our understanding of Native Californians, we must rethink the legacy of viewing Indians as a static, traditional people. Native societies, both today and in the past, are dynamic and continually in transformation in relation to ever-changing social conditions. Constructing a more encompassing and inclusive historical perspective on California Indians means appreciating the many roads these people have traveled in getting to today” (pág. 239).

Indians, Missionaries, and Merchants. The Legacy of Colonial Encounters on the California Frontiers, Kent G. Lightfoot, Berkeley, University of California Press, 2005, 338 págs.