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Mexicali, Baja California, Mexico
Historiador por la Universidad de Guadalajara y El Colegio de Michoacán, con un breve momento oscuro en El Colegio de la Frontera Norte. Nacido en Durango, criado y creado entre Ensenada, Ameca y Guadalajara, y ahora radico en Mexicali: es decir un jalisquillo fronterizo de origen duranguense, pero no bailo pasito duranguense (mucho menos tribal).

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Miguel León-Portilla, Independencia, Reforma, Revolución ¿y los indios qué?, ciudad de México, Conaculta / UNAM, 2011. [¿Me atreveré? Sigo sin atreverme, lo más probable que sea un mal rato...]

miércoles, 8 de diciembre de 2004

Alexander’s closet

Recientemente vi la película de Oliver Stone, titulada "Alexander", que se refiere a la vida del muy conocido, por nombre, Alejandro Magno. Tiene la misma factura de otra película reciente y de aspiraciones de epopeya: "Troya", estelarizada por Brat Pitt. Ambas, aspiran a aquellas viejas épocas doradas de las superproducciones de Hollywood, como "Cleopatra" o "Los cañones de Navarone", solo por nombrar algunas.

No obstante los abundantes recursos de postproducción computarizada, que agregó los magníficos escenarios de la Babilionia dariana, el impacto visual es leve, acostumbrados a "El señor de los anillos", pero también las actuaciones son burdas, poco creíbles, salvo el excelente trabajo de Angelina Jolie, como Olimpia. El aferrarse a que el papel de Alejandro Magno lo hiciera Colin Farrell me pareció desastroso, ya que nunca pasó por un joven de 20 a 25 años (la mayoría de la película), hijo de Olimpia (Angelina Jolie), a pesar que a ésta la tuvieron que envejecer.

Algo que me parece rescatable es haber abordado el tema de la homosexualidad en el mundo helenístico (que no de la Grecia clásica, que es otra época), pero lo que es patético es que le transfieran a Alejandro Magno el sentimiento de closet del siglo XX, que resulta desconcertante entre escenas de personajes secundarios tomando con total naturalidad sus preferencias sexuales, como en las culturas helenísticas ocurrió. Además, que las escenas entre Alejandro y Hefestión, son de un ridículo meloso impensable en este momento histórico: Alejandro puede matar a uno de sus generales frente a todos (que momentos antes le celebraron besar a un bailarín andrógino), pero se tenía que esconder, incluso de su servidumbre, para estar con Hefestión.

Creo que otro aspecto que contribuyó a las desastrosas actuaciones de Farell, es que no se creyó el enamoramiento de Alejandro y de Hefestión, a pesar de largas escenas de miraditas de corderos a medio morir, sólo se atreven a un beso, pero en cambio la escena de la noche de bodas de Alejandro y Roxana, me recordaron las malas películas de softporn, que pasan en las televisoras “liberales”: mucho movimiento de las tetas de las mujeres, mucho jadeo de los hombres y nada más, y para colmo como metáfora del orgasmo un paisaje “artístico”.

Una de las partes más rescatables, junto con la actuación y personaje de Angelina Jolie/Olimpia, fue la de Anthony Hopkins/Ptolomeo, ya que el Egipto ptoloméico fue una de las fuentes de la cultura helenística y desde donde se conservó gran parte del legado helénico y helenístico (y por tanto de la leyenda alejandrina), pasando esa herencia a la cultura árabe y de ahí de regreso a la cultura europea medieval. Me pareció muy acertado hacer de Ptolomeo el supuesto narrador de la “verdadera historia” de Alejandro Magno, y creo que su última expresión es una síntesis de la postmodernidad: “es preferible matar a los soñadores, que seguirles el paso”.

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