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Mexicali, Baja California, Mexico
Historiador por la Universidad de Guadalajara y El Colegio de Michoacán, con un breve momento oscuro en El Colegio de la Frontera Norte. Nacido en Durango, criado y creado entre Ensenada, Ameca y Guadalajara, y ahora radico en Mexicali: es decir un jalisquillo fronterizo de origen duranguense, pero no bailo pasito duranguense (mucho menos tribal).

Lo que leo

Miguel León-Portilla, Independencia, Reforma, Revolución ¿y los indios qué?, ciudad de México, Conaculta / UNAM, 2011. [¿Me atreveré? Sigo sin atreverme, lo más probable que sea un mal rato...]

viernes, 9 de octubre de 2009

De la aspiración al SNI al suspiro del SNIff

El actual estado de indefensión que padecemos muchísimos investigadores y profesores ante la burocracia del Sistema Nacional de Investigadores, nos debe llevar a plantear una fuerte y seria discusión por este proceso de una meritocracia artificial a que nos han conducido. Hace más de 20 años inició el SNI y recuerdo que saliendo de la licencitura (1990) empecé a buscar hacer un postgrado para aspirar al SNI, el cual lo realicé en El Colegio de la Frontera Norte de 1992 a 1994, y un semestre antes de terminar el coordinador (Alejandro Canales) nos reunió para platicar sobre nuestros futuros inmediatos, ya que con la maestría no era suficiente para aspirar al SNI. Muchos de mi generación hemos pasado de aspirar a suspirar por el SNI, ahora SNIff. Pero al mismo tiempo es cada vez mayor la burocracia académica doctorizada que reparte y controla los cada vez más escasos recursos de apoyos para la investigación. Son ellos los que han creado esas mafias de suedo-investigadores o "vacas sagradas" que como administradores de haciendas se adjudican los poderes de los amos, siempre ausentes.
Son los que se aferran a los indicadores propuestos por ellos, son los que nos exigen publicaciones con dictaminaciones de alto rigor, mientras ellos se publican o son coautores por cuatro o cinco personas de artículos de 15 cuartillas, en plena simulación. Nos exigen dedicación completa a los posgrados, mientras ellos "obtienen" sus doctorados mientras son funcionarios y entregando "avances" cada que se les ocurre. Nos piden congruencia entre investigación, docencia, gestión y difusión y ellos se llenan de "tortibonos" autoevaluados. Ellos proclaman el compromiso institucional con chofer, celular, compensaciones, sobresueldo, gastos, mientras los demás debemos pagar nuestros viajes a congresos, atender docenas de alumnos en tutorías, clases a grupos de 40 alumnos, comprar las tintas de las impresoras, gestionar recursos para equipos de cómputo, robar tiempo familiar para redactar, hacer malabares, en fin...
No debemos aspirar o suspirar al SNIff, las universidades deberían tener sueldo dignos a nuestras funciones, y que el SNI fuera un estímulo extra para proyectos extraordinarios como postdoctorados, estancias, redacción de libros complejos, y no esa zanahoria del sobresueldo, porque lo que nos pagan en las universidades no te da para mantener a tu familia, y entonces ante esas prioridades prefieres ceder ante la burocracia académica y universitaria, pero habemos los solteros que por fortuna podemos decir no es justo, es indigno, es una trampa y una simulación pedestre y desvergonzada.
  • "Con todo, quizá el drama mayor que enfrenta la institución académica mexicana es su envejecimiento, su obsolescencia. [...] Y aun cuando esta situación era prevesible hace dos décadas, ni sus directores ni las secretarías correspondientes del Estado formularon programas de jubilación dignos para sus profesores e investigadores, seguidos de un programa de contratación para las nuevas generaciones. El resultado es ominoso: nuestras instituciones científicas más importantes y prestigiosas están amenazadas de muerte fatal a corto plazo porque el mal que las corroe está volviendo obsolescente a su personal y sus conocimientos. La generación que podía y debería sustituir a nuestros antiguos profesores e investigadores está presente, pero fuera de las aulas y los laboratorios de la universidad pública, en el desempleo, o trabajando en destinos que no había ni imaginado" (Enrique Florescano, Historia de las historias de la nación mexicana, Taurus, 2002, p. 451).

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