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Mexicali, Baja California, Mexico
Historiador por la Universidad de Guadalajara y El Colegio de Michoacán, con un breve momento oscuro en El Colegio de la Frontera Norte. Nacido en Durango, criado y creado entre Ensenada, Ameca y Guadalajara, y ahora radico en Mexicali: es decir un jalisquillo fronterizo de origen duranguense, pero no bailo pasito duranguense (mucho menos tribal).

Lo que leo

Miguel León-Portilla, Independencia, Reforma, Revolución ¿y los indios qué?, ciudad de México, Conaculta / UNAM, 2011. [¿Me atreveré? Sigo sin atreverme, lo más probable que sea un mal rato...]

miércoles, 13 de enero de 2010

Carta desde Ensenada


En las primeras horas del 2010 Jonathan fue asesinado por una banda de rufianes. Jonathan empezaba disfrutar del año nuevo después de una larga jornada de trabajo. Empleado por la casa Santo Tomás, fue chef de La Embotelladora Vieja, puesto al que llegó después de transitar por la jerarquía laboral restaurantera. No tenía relación alguna con la droga o con grupos criminales. Jonathan aun no cumplía 26 años, pero ya tenía una pequeña hija. Fue amigo, tutor y compañero de trabajo de mi hija Amanda, que en estos momentos asiste a su velorio. Dos años atrás Marco fue encontrado sólo y degollado en un departamento de la zona centro de Ensenada. Hijo de una familia de clase media, tristemente era adicto a las drogas. Marco tenía menos de 19 años cuando murió. Probablemente era un chiquillo de 15 años o menos cuando conoció la droga. Nunca tuvo un empleo formal. Marco hizo la preparatoria con Amanda, que asistió a su velorio.

Salvo su juventud, Jonathan y Marco tenían muy poco en común. A los dos les faltó la protección y preparación que la sociedad - nosotros- debe darle a todos sus ciudadanos, en particular a los más jóvenes. Estos dos muchachos, y quien sabe cuántos mas, murieron inútilmente, sin honor y sin razón. Lloro por su pérdida. Me desespera y me da una enorme rabia nuestra incapacidad e impotencia.

Amanda todavía no cumple 21 años y ya lleva dos amigos asesinados en una ciudad que hasta hace poco presumía ser segura. No puedo evitar preguntarme ¿cuándo será su próximo velorio?, ¿ será para un amigo, para un conocido o para ella (y aquí tiemblo)?, ¿o será el velorio para un amigo, un conocido o un familiar de algún amigo o conocido mío? Así como las víctimas, los asesinos también están entre nosotros; ¿los habré visto o escuchado? o, peor aún, ¿los conozco? Y si los conozco, ¿qué tan de cerca?

Hace once años masacraron a 19 personas de todas las edades casi a la vuelta de la esquina de nuestra casa, en la delegación de El Sauzal. Nos horrorizó su muerte, pero estando tan lejos de los asuntos del narco no nos sentimos directamente amenazados. Eso se acabó. Las familias de los amigos que veló Amanda y de tres personas cercanas secuestradas en los últimos cinco años, son como la mía. Quizá muchos de ustedes han tenido mejor suerte. Pero es solo suerte. En las actuales condiciones de descomposición social todos somos víctimas potenciales. Los jóvenes más que ningún otro grupo. Su mundo gira alrededor de la violencia, cada día con más intensidad. Las artes, la filosofía, la política, el deporte, la educación o la ciencia, les son cada vez más ajenos. ¿Qué les espera? ¿Qué será de sus hijos?

Algunos días después... tres chavos del COBACH, todos de 16 años, mueren ametrallados en Tijuana. Ese mismo día asesinan a otras 6 personas en Baja California y al menos 22 más en el resto del país. Dos días más tarde 69 personas son asesinadas en todo México. Casi todas jóvenes ejecutadas por jóvenes. Hoy me entero que Juárez es la ciudad más peligrosa del mundo por segundo año consecutivo, que México es el séptimo país más feliz del mundo y que la labor del presidente durante 2009 fue aprobada por el 62% de la población. ¿Qué nos pasa? ¿Cómo puede la mayoría considerarse feliz y aprobar la gestión del presidente cuando el país y sus comunidades se desploman? Y el 40% de los que no están felices ni aprueban la gestión de Calderón, ¿cómo es que apenas se escuchan sus voces y se oyen sus pasos? O a lo mejor no estamos tan jodidos como yo firmemente creo, como las noticias diarias parecen indicar o como todas las estadísticas muestran. Tal parece que son pocos, muy pocos, las y los mexicanos de los que hoy se puede esperar algo. El Estado ha sido tomado por un empresariado multimillonario mayormente rapaz y conservador, carente de un proyecto nacional viable y de la imaginación y creatividad necesaria para competir a nivel mundial. Una clase política en donde predomina la incompetencia y la corrupción maneja las instituciones estatales para beneficio propio y de estos grandes empresarios, encauzando el descontento ciudadano en procesos electorales que rara vez dan frutos. Y la mayor parte de los intelectuales - incluyendo a los científicos duros, blandos y suaves - optaron por el aislamiento, cobijados en sus relativamente (muy) buenos salarios y prestaciones.

Para llegar lejos hay que definir el rumbo y tener a quien guíe y marque el paso. Pero, sobre todo, hay que viajar acompañado. Para llegar rápido, a donde sea, mas te vale ir solo. No sé cómo voy a viajar en los próximos años, pero por ningún motivo quiero volver a ver a alguna de mis hijas en otro sanguinario velorio.

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